Argentina 0-3 Croacia

El rey pasea desnudo

El delantero argentino Lionel Messi y el centrocampista croata Luka Modric durante el partido Argentina-Croacia (EFE)

Croacia golea con autoridad y buen estilo a Argentina, un cúmulo de despropósitos gestionados por la mente de Sampaoli que consiguen sumir a Messi en un estado depresivo

José L. Artetxe - Viernes, 22 de Junio de 2018 - Actualizado a las 07:57h.

Argentina 0

Croacia 3

ARGENTINA: Caballero;Mercado, Otamendi, Tagliafico;Salvio (Min. 56, Pavón) , Mascherano, Enzo Pérez (Min. 68, Dybala), Acuña;Messi, Maxi Meza y Agüero (Min. 54, Higuaín).

CROACIA: Subasic;Vrsaljko, Lovren, Vida, Strinic;Rakitic, Brozovic;Rebic (Min. 57, Kramaric), Modric, Perisic (Min. 82, Kovasic);y Mandzukic.

Goles: 0-1: Min. 53;Rebic. 0-2: Min. 81;Modric. 0-3: Min. 92;Rakitic.

Árbitro: Ravshan Irmatov (Uzbekistán). Mostró cartulina amarilla a Rebic, Mandzukic, Vrasljko y Brozovic por Croacia y a Mercado, Acuña y Otamendi por Argentina.

Incidencias: Partido correspondiente a la segunda jornada del grupo D disputado en el Nizhny Nóvgorod Stadium ante cerca de 55.000 espectadores.

Bilbao - Croacia desnudó a Argentina ante el mundo. Dejó en cueros a una de las supuestas favoritas, por aquello de que está capitaneada por el mejor futbolista de la actualidad, aunque la cruda realidad diga que no es sino una selección ruinosa, básicamente por hallarse en manos de un tal Jorge Sampaoli, que ayer, en un día clave, levantó un monumento, otro más, a la ineptitud en la dirección técnica. El resultado por sí solo ahorra cualquier apreciación que se quiera realizar sobre lo que fue un despropósito desde el planteamiento y el once, hasta los cambios y la nula capacidad de rectificación. Un juguete para Croacia, que representa la antítesis porque cuenta con un grupo perfectamente consciente de su potencial y se ciñe a una idea donde prima la calidad y el sentido común.

Argentina no está fuera del Mundial, pero corre serio riesgo de ser eliminada. No depende de sí misma y, visto lo visto, acumula un carro de boletos para certificar el fracaso absoluto. De confirmarse, entrenador y futbolistas ya pueden ir pensando dónde ir cuando dejen Rusia. Desde luego, se antoja poco recomendable que regresen a su tierra. Quizá les prohiban aterrizar en Buenos Aires;en caso contrario, asistirán al episodio más desagradable de su existencia. Sabiendo cómo se las gastan sus compatriotas, el grado de apasionamiento que allá despiertan el fútbol y la selección, la acritud en que deriva esa fidelidad de no cumplirse las expectativas, más les vale perderse en una isla ignota.

Sampaoli demostró que el cargo le viene tan o más ancho que los musculados y coloridos antebrazos que luce. La cita se celebraba condicionada por la amenaza de la derrota. El miedo, la urgencia y Messi eran los tres factores que debía manejar el mister. Y no dio pie con bolo. El miedo, atroz, se detectó desde la propia alineación. Tres centrales y al lado dos medios para taponar. Cinco piezas por detrás del balón y ninguna hábil para darle salida. Dos laterales muy avanzados y nadie por dentro, con Agüero aislado arriba y Messi abandonado a su suerte, sin nadie con quien relacionarse.

El rostro y la expresión corporal del astro describían con nitidez su estado depresivo, que fue in crescendo con el correr del cronómetro ante la manifiesta imposibilidad de participar y, menos aún, dirigir las operaciones. Un alma en pena que además tuvo que aguantar la vigilancia, discreta y eficiente, a que le sometió su amigo Rakitic, un portento físico, además de la inteligencia táctica personificada. Desactivado Messi, que la verdad no dio apenas síntomas de rebeldía y pareció resignarse a ser engullido por la mediocridad del colectivo, Croacia se limitó a tirar de paciencia y orden.

Era cuestión de tiempo que la ansiedad provocase el error en Argentina, cuyos argumentos se redujeron a la agresividad en cada disputa y una presión baldía, pues el grave problema estribaba en que su iniciativa era exasperante, por lenta, imprecisa, reiterativa. Pases en horizontal, con el personal estático y enfrente un bloque que jamás cedió. Ni siquiera en la contención funcionó el guión de Sampaoli, los desajustes, los espacios para que Croacia se desplegase fueron una invitación constante a visitar a Caballero.

LA DEBACLE Mirar al banquillo argentino y clamar al cielo era inevitable: todos los elementos creativos allí sentados. En cambio, Croacia exhibía sus mejores galas, tipos curtidos, aptos para manejarse sin balón y especialistas en emplearlo con las peores intenciones. Una media equilibrada para apoyar a la zaga y dar suministro a tipos duros como Mandzukic, siempre un incordio, y Rebic o el cañón Perisic, que gozó de la primera ocasión clara, bien resuelta por Caballero. Este, seguro que se exilia de por vida. El grosero error que cometió para que Rebic estrenase el marcador le supuso una pitada en cada intervención posterior.

El 0-1 llegó recién abierto el segundo acto. Previamente, Argentina aparte de voluntad solo expuso sus miserias. A raíz de esta acción concreta, pese a que quedaban muchísimos minutos para responder, todo fue a peor. Sampaoli recurrió a dos puntas y retiró a Agüero, pero persistió en despreciar la creación, de modo que el equipo siguió partido en dos, atascado en su terreno y expuesto a que Croacia se aprovechase de su desesperación. Rakitic y Modric, con la espalda cubierta por el sobrio Brozovic, entendieron que era hora de darse una alegría y fueron creciendo entre líneas, esa zona que para Argentina no existe y donde Messi permaneció flotando. Paseaba aguardando a que alguien le saludase, pero los demás solo veían enemigos inquietantes a los que derribar a la primera de cambio. Sin duda, el gran enemigo de Argentina fue el balón, maltratado sin recato.

Higuain trató de animar el cotarro, pero enseguida quedó fuera de onda. Sirvió un pase de la muerte que Meza conectó mal y repelió Subasic. En la media hora final no se registró más peligro en el área balcánica, sí en la opuesta. Mandzukic, que ya la tuvo en el primer tiempo, remató al lateral de la red. El segundo se iba anunciando y corrió a cargo de Modric, en uno de sus típicos chuts desde la frontal. Sampaoli hacía kilómetros en la banda mientras sus muchachos morían sumidos en una desorientación lacerante, humillante. Rakitic, el mejor de la noche, rubricó en el añadido.

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