El sacacorchos

Triste pluriempleo

Por Jon Mujika - Viernes, 22 de Junio de 2018 - Actualizado a las 07:57h.

SILENCIO: se roba”, aseguran. Como si fuese un rodaje en exteriores, como si fichasen a las ocho de la mañana en la fábrica para levantar unas vigas con el palé o un cartera con dedos ágiles para el trile, o a las nueve en la oficina, colgados del teléfono móvil o llevándoselos de un bolso o una cartera que cuelgan. Son currelas del mangoneo, albañiles del saqueo e ingenieros del escaqueo. Y claro, les molestan las delaciones;desde la voz que les chista “¡eh, tú! ¿Qué haces?” a esa otra que grita “¡Al ladrón, al ladrón!”. Pierden concentración. La escena se repite en diversos teatros. Lo mismo en Ametzola (lo digo porque fui víctima y testigo...) que en la Gran Vía;igual, qué sé yo, en los portales pares de Iparragirre que, como ahora, en la Plaza Nueva. Se ve que las pájaros de rapiña son aves de paso. Cambian de clima y de humedales. Es algo que lleva años repitiéndose, no caigamos en el error de vender esta historia como una noticia fresca. El problema es que el personal, dicho así, en general, y dicho también en el tono específico de la hostelería, está hasta el gorro de sus apariciones, de esa imperio oculto que traen consigo donde el miedo manda. Han decidido aplicarse en el triste pluriempleo de la vigilancia y hacer rehenes entre los zarrapastrosos ejércitos del hampa hasta que venga la Policía. Un día de estos tomarán la justicia por su mano y diremos que eso está mal. Así somos.