Historias de los vascos

Navarra ¿Por qué no es un Estado?

El general carlista Tomás de Zumalakarregi

El convulso periodo histórico que va desde la Constitución de Cádiz a la del 78 explica el estatus actual de Navarra

Un reportaje de Josean Beloqui - Sábado, 23 de Junio de 2018 - Actualizado a las 16:50h.

Cuando la Editorial Mintzoa me encargó escribir un libro sobre la historia de Navarra lo primero que sentí fue una sensación de vértigo ante el reto de tener que contar con mis propias palabras una parte lo ocurrido en mi tierra. Y eso es una responsabilidad muy grande, no solo por la labor de relatar nuestro pasado sino hacerlo con el rigor que una obra como ésta debe tener. Una vez aceptado el encargo tocaba situar el marco de acción de lo que quería contar y para ello elegí una de las fechas clave en la historia reciente del viejo reino, 1841. En ese año Navarra perdió, tras la Primera Guerra Carlista, su condición de reino y arrastró con ello la casi totalidad de las instituciones que poseía y que eran los elementos sobre los que cualquier Estado de la época se asentaba;unas Cortes, aduanas, Tribunales de Justicia propios y hasta la capacidad de emitir moneda propia.Todo esto ocurrió en el marco del siglo XIX en el que se vivieron profundos cambios socio-políticos fruto de la Revolución Industrial. Desde el punto de vista político se vio la caída definitiva del Antiguo Régimen y su sustitución por un nuevo régimen liberal del que surgirán los Estados-Nación que hoy conocemos. La actual arquitectura institucional procede directamente de los cambios acaecidos en aquella época. Debido a esto último decidí que no solo quería contar únicamente los hechos de la Primera Guerra Carlista sino los antecedentes de esta y la trayectoria histórica hasta justo después de la Transición tratando, el lector verá si lo consigo, de explicar la pregunta que titula el libro.Entrando ya en materia, lo primero que nos vamos a encontrar en Navarra ¿Por qué no es un Estado? es una provocativa portada con un juego de banderas que viene a simbolizar los diferentes sentimientos identitarios que actualmente existen en la Comunidad Foral. Unos pueden elegir la identidad navarro-española, otros la vasco-navarra, otros únicamente la navarra y otros creer que tanto la vasca como la navarra son exactamente lo mismo. En definitiva, unos sentimientos identitarios que pueden combinarse perfectamente entre ellos, lo que es una llamada a la aceptación del contrario y a respetar lo que cada uno elija.Puestos ya todos los elementos sobre el tablero tras el prólogo y la introducción, comienzo con la parte histórica propiamente dicha. Una parte en la que me voy a centrar más en aquellas épocas en la que tocaron procesos constituyentes puesto que entiendo que son los que más jugo político tienen. Esto es debido a que es en estos momentos donde el pueblo, dentro de la realidad de cada momento, podía expresar con mayor claridad sus anhelos políticos. Un relato histórico cuyo eje narrativo son centenares de citas históricas, documentos y leyes creadas y vividas por los protagonistas de aquella época, y que dan un relato fidedigno de lo ocurrido a lo largo de todo este proceso.De esta forma comienzo entre los años 1800-1841 donde se va a definir en buena manera la realidad institucional que hoy día rige tanto en Navarra como en el resto de Territorios Forales. Durante esta época se promulgó la Constitución de Cádiz en la que estableció una soberanía única para todo el Estado cambiando radicalmente la organización territorial que hasta entonces había y creando el origen de todos los conflictos territoriales del Estado español.La Constitución de Cádiz, de inspiración liberal, chocó frontalmente con los numerosos partidarios del Antiguo Régimen y fue fuente de conflictos bélicos durante todo el siglo XIX. El primero de ellos fue la Primera Guerra Carlista que, aunque su origen fue un conflicto dinástico, de fondo estaba la lucha anteriormente mencionada. Tras la derrota carlista el panorama político cambió no tanto en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa pero sí radicalmente en Navarra. Esto fue debido a dos hechos fundamentalmente: la toma del poder por parte de la burguesía liberal en Navarra, y la creación de una ley en 1841 que adaptaba el régimen foral navarro a las reglas constitucionales aboliendo prácticamente cualquier rastro de soberanía. No obstante, con la Ley de 1841 se seguía manteniendo el control de los recursos económico-financieros del ya exreino. Este hecho fue fundamental para entender las futuras posiciones políticas de las élites gobernantes navarras que no tuvieron que dar explicaciones a nadie hasta 1977.Laminación Llegado a este punto podríamos pensar que una vez abolidas las soberanías forales, el Estado iba a parar en su intento de uniformización. Pues no, y entre 1841 y 1894 vamos a ver dos intentos para terminar de laminar lo que a duras penas se mantuvo en el periodo anterior. Al finalizar la Tercera Guerra Carlista, cuyo origen fue fundamentalmente religioso en 1876, el presidente español Cánovas del Castillo aprovechó la ocasión para hacer cumplir en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa la Ley de 1839 que no se pudo abordar en su momento, imponiendo una herramienta fiscal que ha perdurado hasta nuestros días;el Concierto Económico. De paso también modificó las condiciones del Convenio económico navarro cuyas metodologías van a ir parejas desde esa fecha hasta la actualidad. Sin embargo, el Estado no tuvo suficiente y volvió a la carga en 1893 con el intento del ministro Gamazo de eliminar la autonomía fiscal de Navarra, último vestigio foral de relevancia que quedaba. La reacción popular fue absolutamente masiva quedando en el imaginario navarro aquella época conocida como la Gamazada en la que el pueblo navarro, como un solo cuerpo, defendió lo poco que le quedaba venciendo a las aviesas intenciones del ministro de Hacienda. Los navarros y navarras no estuvieron solos en aquella pelea ya que junto a ellos se situaron personalidades relevantes tanto de Catalunya como del resto de Territorios Forales, entre los que destacó Sabino Arana, que sacó una conclusión muy valiosa de aquellos días: cuando los vascos hemos ido por separado hemos perdido, y cuando lo hemos hecho juntos hemos ganado. La consecuencia política más importante de la Gamazada es el nacimiento del nacionalismo vasco.De esta forma tan convulsa entramos en el siglo XX, cuya primera parte estuvo marcada por dos intentos de recuperación de la autonomía perdida en el siglo anterior: el movimiento municipalista por la Reintegración Foral Plena y el proceso estatutario de la II República. Respecto al primero, los años 1917 y 1918 se vivieron de una manera muy intensa en Navarra y en el resto de Territorios Forales con la masiva movilización a nivel municipal exigiendo la Reintegración Foral Plena. Esto provocó encendidos debates en la sociedad navarra manifestándose en prensa, plenos y el propio Congreso de los Diputados. Con el peso y el empuje municipal, Navarra acordó en una Asamblea, y al margen de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, los términos para negociar con el Gobierno del Estado la recuperación del poder foral perdido. Por desgracia, la inestabilidad política dio al traste con esta intentona y el proceso acabó abruptamente. Sin embargo, quedó nuevamente clara la voluntad del pueblo vasco en general y el navarro en particular de recuperar en toda su extensión los derechos y libertades perdidos en el pasado.El sueño de recuperar la autonomía habría de esperar trece años hasta la llegada de la II República y con ello del primer proceso constituyente sin injerencias que hemos tenido los vascos. Un proceso constituyente propio que dio como resultado el Estatuto de Estella para los cuatro Territorios Forales y que fue aprobado en todo Hegoalde, Navarra incluida. El famoso Estatuto de Estella tenía dos elementos que a la postre no encajarían en la futura Constitución republicana: establecía como fuente de la soberanía el propio pueblo vasco, y fruto de ello establecía relaciones directas con el Vaticano. Como he dicho, esto no fue aceptado al aprobarse la Constitución volviendo a tener que empezar de cero y con las derechas navarras conspirando ya para derrocar la República. El final de todo esto es sobradamente conocido: golpe de Estado, Guerra Civil y 40 años de una terrible dictadura tras la cual volvió a abrirse la posibilidad de un nuevo encaje foral dentro del Estado español.Los mínimos del 78 Ese nuevo encaje se negoció en la Constitución del 78 cuya creación fue tutelada por las élites gobernantes españolas que venían de la dictadura. Un encaje de mínimos que con el tiempo, sobre todo últimamente, ha entrado en crisis debido al proceso de recentralización que está rompiendo las costuras constitucionales y cuyo ejemplo más claro es la crisis catalana. La Transición tuvo evidentes éxitos en materia de autogobierno pero también grandes oscuros;una Transición en la que en el minuto uno la unión entre los cuatro Territorios Forales era un hecho indiscutible, pero que terminó con la separación institucional entre los vascos del sur del Pirineo. Sin embargo, la Constitución reconoció, parcialmente, eso sí, el hecho foral a través de la Disposición Adicional Primera. Una disposición que introdujo EAJ-PNV, a través de un acuerdo entre Xabier Arzalluz y Herrero de Miñón pero que sufrió una transformación basada en las tesis cuarentaiunistas del navarro Jaime Ignacio del Burgo (UCD) que fue el vencedor final en los debates constitucionales al imponerse su visión foral. Finalmente, y tras un breve recorrido histórico sobre la actual bandera de la Comunidad Foral, termino con una visión a futuro proponiendo una solución política para la Navarra multiidentitaria del siglo XXI. Un siglo que estará marcado por la Revolución Digital que, tal y como hizo la Revolución Industrial del Siglo XIX, cambiará nuestra sociedad de arriba a abajo y cuyo efecto en nuestra arquitectura institucional no tardará en verse afectada.

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