rincones perdidos en la memoria

Palacio Seberetxe y la chica humilde

¿Ha brotado un caserío en un patio de luces? El Bilbao inmortal mantiene estampas inéditas. (Foto: Oskar M. Bernal)

Tierra arriba en Buia se sitúa un barrio semiolvidado, Seberetxe, donde se levanta un palacio con ese mimo nombre muy cerca del caserío más antiguo de Bilbao (siglo XVI), todo ello tierra natal de Casilda Iturrizar

Un reportaje de Jon Mujika - Domingo, 24 de Junio de 2018 - Actualizado a las 08:38h.

LA ruta hacia el Palacio Seberetxe, el fabuloso edificio del siglo XVII y uno de los tres únicos palacios barrocos que actualmente se conservan en Bilbao, es asombrosa. Cisnes y ocas escoltan el paseo hasta superar el caserío Asua, uno de los más antiguos de Bilbao, con 500 años de antigüedad, nacido en el siglo XVI, aunque en sus carnes se hayan realizado diversas modificaciones. En sus orígenes, esta casa solariega se alzó junto al Camino Real que unía la villa de Bilbao con la Ciudad de Orduña, camino recorrido por viajeros y comerciantes del Reino de Castilla que buscaban una salida al mar. El paso del tiempo le ha ido arrinconando en el álbum de las fotografías sepia aunque el edificio fuese catalogado como monumento en 1980 por el Gobierno Vasco y está calificado de protección especial debido a su interés cultural y arquitectónico. En las inmediaciones, en el mismo barrio de Seberetxe, también es posible visitar el lavadero comunal de interés cultural.

¿Existen otras historias a destacar además de la bella anatomía de este edificio, alguna otra noticia destacable? Sí. El edificio era punto de atracción, para Casilda Iturrizar, que nació en el Caserío Iturrizarra de Seberetxe, en la zona de Beteluri, Bilbao, el 20 de julio de 1818. La mujer iba a coser al domicilio del acaudalado Tomás José Joaquín Epalza Zurbaran, con quien contrajo matrimonio el 1 de mayo de 1859, en la Parroquia de San Nicolás de Bari, viudo de María Concepción Cándida de Lequerica y Bergareche. Hizo negocios en La Habana donde aumentó su fortuna, volviendo para trabajar en la fundación de la Bolsa de Bilbao. Casilda al casarse con Tomás pasa de criada a señora,Tomás Epalza fue cofundador junto con sus parientes, Domingo y Pablo Epalza, en 1855 del Banco de Bilbao y un poco más tarde, 1877, junto con Romualdo Arellano, de la Siderurgia Santa Ana de Bolueta. Hizo negocios en La Habana donde aumentó su fortuna, volviendo para trabajar en la fundación de la Bolsa de Bilbao.

Al casarse con Tomás, Casilda pasó de criada a señora, de trabajadora manual a esposa de uno de los hombres más ricos de Bizkaia. A la muerte de Tomás, el 22 de abril de 1873, se convirtió en una de las tres mayores fortunas de Bilbao, ya que de los dos matrimonios no tuvo Tomás descendencia. En vida donó a la Santa Casa de Misericordia y al Santo Hospital Civil más de un millón de pesetas. En 1883 se constituye la sociedad anónima “La Enseñanza Católica” de la que fue la principal accionista. En terrenos propios, construye en 1884 el grupo escolar de la calle Tiboli. También fue la mayor accionista del “Nuevo Teatro de Bilbao” (en realidad hablamos del que hoy se conoce como el teatro Arriaga...) constituida en 1885. En el testamento otorgado en Bilbao a 27 de febrero de 1899, hizo numerosas donaciones. También donó al Ayuntamiento las Escuelas del Tiboli y 550.000 para su mantenimiento. Falleció en su casa, el nº 9 hoy número 8, de la calle de la Estufa, que hoy lleva su nombre (calle Viuda de Epalza), el 22 de febrero del año 1900 y fue enterrada en el cementerio de Mallona. La calle antes citada adquirió gran popularidad por arrancar de la misma el primer tranvía de tracción animal que empezó a funcionar a lo largo de la Ría entre Bilbao y Zorrotzaurre. Con este motivo, se realizó en la calle una gran obra para colocar los carriles en un suelo que era de arena. Recorrida la historia en un flash, habrá que recordar que Casilda Iturrizar es la única persona que tiene dos calles a su nombre en Bilbao, la propia del afamado parque de los patos, y la ya citada antigua calle de la Estufa, hoy en día Viuda de Epalza.

El arquitecto del parque de Doña Casilda fue Ricardo Bastida y el ingeniero Juan de Eguiraun. Se trata de un jardín de estilo inglés cuya construcción comenzó en 1907. Antiguamente se le conocía como Parque del Ensanche. Durante unos pocos años se denominó Parque de las Tres Naciones (las aliadas en la guerra civil española: Alemania, Italia y Portugal). Y en 1945 pasó a conocerse como Parque de Doña Casilda, aprovechando el traslado del monumento que tenía esta señora en la Plaza de Moyúa, desde este lugar a su primer emplazamiento en este Parque, allá en el centro de la Pérgola, en donde se encontraba la Musa de Arriaga, que se llevó a una de las plazas situadas junto al Museo de Bellas Artes.

Doña Casilda siempre apoyó en vida al mundo de la cultura, a la educación de los más jóvenes y a la atención de los desvalidos. Así, colaboró generosamente con la Sociedad Coral de Bilbao;construyó, a sus expensas, las escuelas del Tíboli, luego llamadas en su honor “Viuda de Epalza”;creó un fondo de becas para que ampliasen sus estudios los mejores alumnos de las escuelas públicas de Bilbao. La cuna, reseñada ya en el barrio rescatado para la memoria con el palacio del mismo nombre que también fue conocido como torre Larrinaga, le había negado un destino que varió cuando contrajo matrimonio. Quizás fuese viento cambiante el que le llevó a compartir sus riquezas.

Volvamos al Palacio de Seberetxe, tan cercano a los primeros años de vida de Casilda Iturrizar. Su característica entrada cuenta con tres arcos de medio punto sobre columnas dóricas. En la fachada destacan los escudos de armas esquineros. Se dice que si el escudo mira a la izquierda se trata de un hijo bastardo reconocido y si el escudo mira a la derecha se trata de un hijo legítimo. Además, junto a uno de estos escudos aparece un reloj de sol.

Desde Seberetxe existe la oportunidad de realizar un paseo circular que lleva hasta el río Bolintxu, de cuya agua se abasteció Bilbao en aquellas terribles inundaciones de 1983, por el camino Zumadi que nos conduce a unas canteras abandonadas. De ahí se desciende por una pista que nace a la derecha de la cantera que aproxima al bosque de ribera. Más adelante, al llegar a una bifurcación a la izquierda se sitúa el desvío a Pagasarri, con lo que se redondea una ascensión singular al monte propiedad de la villa.

Es curioso el nombre que adquiere este entorno en el ecosistema de Bilbao, si es que se puede llamar así. Es conocido, entre los montañeros, como la selva del Bolintxu.

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