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Reforma laboral: ¿tumbarla o retocarla?

Expertos y agentes sociales valoran cómo cambiar la ley para mejorar la calidad del empleo: regular y pactar la flexibilidad y reducir la temporalidad, los retos

Adrián Legasa - Domingo, 24 de Junio de 2018 - Actualizado a las 08:38h.

bilbao - La llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa abre la puerta a cambios en la regulación laboral, aunque está por ver de qué envergadura. La beligerancia del PSOE con la reforma de 2012 cuando estaba en la oposición le compromete, pero el nuevo Gobierno solo buscará mayorías parlamentarias para hacer “retoques”. ¿Qué puntos son los que habría que cambiar? ¿Ha servido realmente la reforma laboral para crear empleo?

La patronal vizcaina, el sindicato ELA y dos expertos analizan el impacto que han tenido las últimas reformas y los cambios necesarios para mejorar la calidad del empleo. Tienen visiones distintas sobre las modificaciones aprobadas en 2012, pero coinciden en que, para bien o para mal, la reforma de Mariano Rajoy ha dado un vuelco al mercado de trabajo.

La catedrática de Economía por la UPV/EHU, Sara de la Rica, entiende que la reforma del PP ha dejado luces y sombras. Entre los efectos positivos, remarca las posibilidades de flexibilidad que tienen las empresas, “beneficiosas para destruir mucho menos empleo en las crisis”, modificando el número de horas de trabajo o el salario. De la Rica se refiere al cambio sustancial de condiciones, permitido a la empresa con “probadas razones económicas, técnicas, organizativas o de producción”, uno de los puntos más criticados por los sindicatos.

La propia catedrática apuesta por poner coto a posibles abusos. “Es necesario regular más esta flexibilidad. Se permite una modificación que implica en muchas ocasiones enormes descensos de salario sin contrapartida en horas trabajadas, y que deja al trabajador en una situación de enorme indefensión”, señala coincidiendo con las tesis de los sindicatos, de los que reconoce que “han perdido mucho poder de negociación”.

Entre las sombras, De la Rica añade que la reducción de la ultractividad a un año “no ha tenido el efecto deseado, pues, lejos de acelerar la firma de convenios, ha dejado a muchos trabajadores sin marco de referencia”, y destaca también el fracaso de la reforma como herramienta contra la temporalidad. “Hay que modificar la norma para que el coste del despido de los indefinidos y los temporales sea muy similar, y otorgar más seguridad al despido objetivo”, propone.

El problema de la temporalidad es el hilo conductor de los cuatro análisis. Francisco Javier Arrieta, profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad de Deusto, cree que, más allá de las últimas reformas, hace falta una revisión general del derecho “que desemboque en un Código de Trabajo que ponga orden”. Coincide en que entre los males del mundo laboral están la temporalidad y “los esquemas demasiado rígidos y complejos de las relaciones colectivas”. “Hay que compaginar la competitividad de las empresas con el empleo digno como caras de la misma moneda”, señala.

¿Qué falla en la legislación? Arrieta propone replantearse los actuales incentivos a la contratación pero premiar la calidad del empleo. También introducir cambios en los contratos, en especial los formativos, para fomentar el empleo juvenil. Sobre la negociación colectiva, aboga por “fomentar la libertad de pacto”. “Parece conveniente mantener la prevalencia de los convenios de empresa y flexibilizar la relación entre los convenios de ámbito estatal y los sectoriales”, dice sobre dos de los cambios sustanciales. Añade también que, cuando decae un convenio, hacen falta mecanismos “para impedir los desfases entre las condiciones laborales y la realidad imperante”.

“Las reformas en sí no están encaminadas a empeorar las condiciones laborales. Ningún gobierno echa piedras sobre su tejado. Es la aplicación que se hace y el contexto de la sociedad lo que hace que las condiciones empeoren”, concluye Arrieta.

crisis y falta de actividad Empresarios y sindicatos ven las cosas desde su óptica. Fran Azpiazu, secretario general de Cebek, cree que la mala fama que acompaña a la reforma de 2012 tiene poco que ver con sus efectos reales. “No es verdad que haya potenciado la temporalidad ni que deje desprotegido al trabajador. Esto tiene más que ver con la crisis y la caída de la actividad empresarial. Decir que la reforma fue catastrófica y que hay que volver a la situación anterior no es un argumento sostenible”, dice.

Azpiazu cree que la reforma ha ayudado a crear empleo y entre sus virtudes resalta, como De la Rica, la flexibilidad para modificar condiciones de trabajo ante un bache económico. “Se sitúa la empresa y su viabilidad en el centro, ese ha sido un aspecto nuclear”, remarca. La tasa de temporalidad, que en Euskadi ha superado el 25%, es una de las debilidades del mercado. “En 30 años ha habido 25 reformas laborales y ninguna ha solucionado ese problema. La temporalidad es mala también para la empresa y sigue siendo un reto”, explica.

Para la patronal, el problema es la configuración de los contratos. “Los costes de ajuste de los indefinidos son mucho más caros que en los temporales. Mientras no toquemos esos costes no tendremos una solución”, incide Azpiazu. En cuanto al número de contratos, pide reducirlos a tres. “El indefinido, el temporal solo para actividades temporales con una indemnización progresiva, y un tercero de prácticas y formación”, propone.

Las reformas han embarrado la negociación colectiva y cada parte ofrece su solución. “Necesitamos una negociación moderna que dé respuesta a las necesidades de las empresas”, reclama la patronal. Un mensaje que, a la hora de redactar el convenio, rompe los esquemas de los sindicatos.

“Las reformas dificultan un modelo de negociación pactado porque no hay mecanismos de protección como la ultractividad indefinida. Nos obligan a recurrir al conflicto”, expone Pello Igeregi, de ELA. Cuestionado por la pérdida de capacidad de maniobra de los sindicatos, dice que “nos han dificultado el terreno de juego, pero con organización se le puede hacer frente”. En esa batalla por movilizar a los trabajadores ha cobrado protagonismo el problema de la estatalización. “No podemos hablar solo de la reforma de Rajoy. Una de las cosas que está pasando desapercibida es la prioridad que se ha dado a la negociación estatal sobre la provincial. La estatalización es fuente de precariedad”, incide Igeregi. Sobre la reforma de 2012, ELA pide la derogación total, es decir, sacar de la ley la prioridad del convenio de empresa, recuperar la ultractividad indefinida o retirar las posibilidades que se da al empresario para rebajar las condiciones, incluido el sistema de arbitraje obligatorio.

“También la rebaja del coste del despido o los contratos precarios influyen en las condiciones laborales. Que la gente tenga miedo a ser despedida afecta a la negociación”, dice el sindicalista de ELA, escéptico sobre los cambios que pueda impulsar el PSOE. “Hablan de retoques acordados entre sindicatos y patronal. La CEOE va a vetar todo lo que le suponga perder el poder que ha ganado”, advierte.

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