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“La obra de Guezala es como un icono de un tiempo muy interesante para el arte vasco”

El consejero Bingen Zupiria posa delante de la obra de Guezala en la exposición ‘110 años, 110 obras’. (Oskar González)

El consejero de Cultura, Bingen Zupiria, elige ‘La puerta giratoria’ en la muestra ‘110 años, 110 obras’ del Bellas Artes

Maite Redondo - Domingo, 24 de Junio de 2018 - Actualizado a las 08:38h.

bilbao - Antonio de Guezala, un artista en contacto con las vanguardias europeas, representó en el Bilbao de los años 20 la modernidad más absoluta. La puerta giratoria, también conocida como el Retrato de Begoña de la Sota,recoge el momento en que la mujer retratada hace su entrada en el Hotel Carlton de Bilbao dispuesta a actuar en una función de baile, en 1927. Seguramente, Guezala la vería entrar desde el hall del hotel, inspirando este lienzo inusual, casi abstracto, dentro de la pintura vasca del periodo de entreguerras.

Para el consejero de Cultura y Política Lingüística, Bingen Zupiria, este cuadro, considerado la obra cumbre del artista, siempre ha sido muy especial. Así que cuando DEIA le pide que elija su obra preferida de la exposición 110 años, 110 obras, que la pinacoteca presenta con motivo de la celebración de sus once décadas, ni se lo piensa y va directamente hacia ella. “Mi elección tiene algo de nostálgico, de reivindicación y de reconocimiento. Esta obra es como un icono de un tiempo que fue muy interesante para el arte vasco. Además, representa una generación que vio truncada todas sus aspiraciones y posibilidades con la Guerra Civil. Todo lo que surgió y había antes quedó destrozado con el alzamiento y con la dictadura. Recoge Miguel Zugaza muy bien en el prólogo del catálogo de la colección y Javier Viar, en su Historia del arte vasco, cómo todos los que participaron en aquel movimiento de antes de la guerra fueron capaces de observar las corrientes que estaban proliferando en Europa y traerlas al arte vasco, pero vieron cómo la guerra acabó con todo esto, al margen de que estuvieran en un bando u otro”.

Su elección tiene también algo que ver con el reconocimiento a la nueva generación de artistas vascos, “que tenemos destacados en todos los ámbitos, como es el caso de Kirmen Uribe, que eligió esta obra como portada de su libro Elkarrekin esnatzeko ordua (La hora de despertarnos juntos)”. Otro de los cuadros de Guezala, Noche de artistas en Ibaigane, que forma también parte de la colección del Bellas Artes de Bilbao, aunque no se muestra en esta exposición, sirvió como punto de arranque de la historia del escritor, un retrato histórico que comienza de la mano de una familia en el País Vasco y se vuelve universal. “Uribe arranca su libro hablando de ese tiempo, de los personajes que están en este cuadro. Me parece un historia fascinante y tiene para mí todos esos complementos, habla de arte, cultura, de lo que pasó y de lo que fuimos y de lo que hemos vuelto a ser”, explica el consejero.

Relación de lejos La relación del consejero de Cultura con el Bellas Artes viene de lejos. Zupiria rememora que llegó a Bilbao con 18 años, para estudiar Filología vasca en la Universidad de Deusto, y trabajar en la ciudad. “Recuerdo con mucha ilusión, que estando en segundo de carrera, el Bellas Artes organizó una antológica, la primera que se hacía en Euskadi, de Eduardo Chillida. Entonces, era un desconocido para casi todo el país. En aquella época éramos jóvenes e inquietos, teníamos un profesor, Juan Felipe Villar Dégano, que nos hablaba de la relación entre arte y literatura. Recuerdo que vine con algunos compañeros de clase para ver la exposición, que nos impresionó, pero que no éramos capaces de entender”. Explica que “cuando nos encontramos con nuestro profesor, le preguntamos qué significaban aquellas esculturas. ‘Eso lo tenéis que interpretar vosotros, os tiene que decir algo. Y ese es el valor que tiene el arte’, nos contestó. Fue una gran lección. Fue el primer contacto que tuve con la obra de Chillida y me encandiló”.

Al consejero, siempre le ha fascinado la colección de arte vasco que tiene el museo, que pudo conocer y descubrir más a fondo cuando estaba trabajando con el lehendakari Ardanza. “Mi jefe era Iñaki Azkuna y por una serie de reportajes que hicimos con el lehendakari tuve la oportunidad de conocerla de la mano de Azkuna y Jorge Barandiarán. Recuerdo con mucha nostalgia cómo nos llevaron a ver el cuadro de Juan de Barroeta,Vista de El Abra de Bilbao desde Algorta,de 1886. Conocí además la colección de arte medieval que tiene este museo, una auténtica joya”.

A Zupiria le gusta visitar como un ciudadano más la colección permanente, al igual que las exposiciones temporales. “Entre las más recientes, la que más me ha gustado es la que se dedicó a Ortiz de Elgea, que me permitió conocer al pintor vasco y su trayectoria. Además, realicé una visita guiada el domingo a la mañana, con una guía estupenda. Recomiendo vivamente esos recorridos, que mucha gente no sabe que existen, y que además son gratuitos”.

Aquel joven que estudiaba Filología vasca en la Universidad de Deusto y que visitaba el Bellas Artes, no se imaginaba que años más tarde presidiría durante un tiempo el Patronato de la Fundación de la pinacoteca como consejero de Cultura. “Fue un auténtico honor poder vivir la institución de forma tan cercana. Bilbao es una ciudad emergente, que está incorporando nuevos valores, una ciudad que tiene un gran interés por la cultura y que tiene una oferta gastronómica muy importante. En este ámbito cultural, el Bellas Artes es una parte fundamental;al calor de la capacidad de atracción que ha tenido el Museo Guggenheim, tenemos la oportunidad de dar un impulso a este museo, de aprovechar esa gran afluencia de público que llega a Bilbao y atraerla al Bellas Artes”.

Para Bingen Zupiria, lo que es ahora un museo de referencia “es el resultado de la colaboración de instituciones públicas y privadas. Una simbiosis que ha permitido realizar durante años, de forma constante, adquisiciones de obras muy importantes, que es lo que da cuerpo a su colección. Pero tan importante como estas han sido las donaciones que ha recibido de instituciones y particulares, que le permiten contar con una colección que es envidiable. Esta historia del museo nos marca los retos también de cara al futuro, la importancia que tiene la implicación de las instituciones vascas para seguir impulsándolo, para seguir haciéndolo atractivo para que entidades privadas y coleccionistas sigan acercándose y colaborando”.

“Las instituciones públicas tenemos un ámbito en el que colaborar como es la compra de obras, que enriquezcan la colección como demuestra esta exposición, que al final es lo que le da razón de ser, aliento y vida al museo”, asegura Zupiria.

obra de mujeres Y, entre estas adquisiciones, se quiere poner especial hincapié en el arte hecho por mujeres. Cuando se entra en un museo, no se es consciente de que faltan partes claves de la historia. Las mujeres artistas no están apenas en los discursos museográficos, su presencia es muy inferior a la de los creadores. “La historia está marcada por los hombres. El Bellas Artes se ha planteado dar pasos adelante, investigar sobre esta parte de la historia e ir enriqueciendo la colección con obras creadas por mujeres”, anuncia Zupiria.

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