organizada por CEAR-Euskadi

Marcha al asilo de la solidaridad

Carmen Torrealba y Mohamed Kone, en medio, colaboraron ayer en la carrera organizada por CEAR junto al Guggenheim ( Jose Mari Martínez)

Más de 400 personas participan con el objetivo de recaudar fondos en la II carrera La Bilbao Refugio organizada por CEAR-Euskadi en Bilbao

Un reportaje de Ane Araluzea - Domingo, 24 de Junio de 2018 - Actualizado a las 08:38h.

Con una precisión apabullante y un castellano sorprendente, el marfileño Mohamed Kone relata cómo fue la travesía que le trajo a Bilbao a través de un testimonio sobrecogedor. Hasta en diez ocasiones intentó saltar la valla en la frontera de Ceuta sin éxito, tras verse obligado a salir de su país debido a las constantes amenazas de muerte. La capital vizcaina le ha ofrecido un nuevo inicio que está exprimiendo al máximo a través de su implicación en numerosas asociaciones. “No he venido a descansar”, aseveraba ayer mientras colaboraba en la organización de la II edición de la carrera La Bilbao Refugio, organizada por CEAR-Euskadi en Bilbao.

La cita tuvo lugar en la explanada del Museo Guggenheim con la participación de más de 400 personas que se sumaron a la iniciativa de carácter benéfico. Todo lo recaudado en la carrera de cinco kilómetros de recorrido -los corredores aportaron 10 euros por cada dorsal- se destinará íntegramente a atender las necesidades de las personas refugiadas. Según afirmaron ayer desde la organización, los trámites para conseguir el estatus de refugiado no son fáciles. “Solo se aceptan un tercio de las solicitudes, y aunque la ley señala que se debe resolver entre seis y 18 meses, suelen tardar hasta cinco años”, expusieron.

En ese impasse está actualmente Mohamed Kone, quien sabe lo que es correr no por solidaridad sino por temor. “Después de la crisis electoral de 2010, en Costa de Marfil surgió un fenómeno social que se hace llamar los microbios. Son jóvenes sin recursos -menores la mayoría- que roban a la gente valiéndose de armas”, relata Mohamed, que se dedicaba a la actividad comercial en Abiyán, donde vivía con su familia. Todo cambió cuando le propinaron una brutal paliza. “Decidí denunciarlos y me amenazaron de muerte. Tuvo miedo por mi vida y por eso salí de mi país”, explica este exiliado que posteriormente recaló en Marruecos. Tras una temporada en Rabat y Tanger, donde tuvo varios empleos, Mohamed se atrevió a dar el salto.

A través de un bosque, hasta en diez ocasiones intentó saltar la valle de la frontera en Ceuta sin lograrlo. En la última ocasión, recuerda que eran más de 2.000 los africanos agolpados junto a la cerca. “La policía marroquí nos esperaba y llevábamos tres días sin comer. Nos rendimos”, señala Mohamed, a quien mandaron a la frontera de Argelia y Mauritania. Tras recaudar dinero suficiente para volver a Tanger, conoció a varios españoles que le asesoraron. Puso rumbo a Nador, junto a Melilla, donde volvió a intentarlo. “En la segunda ocasión lo conseguí”, señala.

Tras una breve estancia en Tarifa y Algeciras, Mohamed llegó a Bilbao, donde fue recibido por Ongi Etorri Errefuxiatuak. Actualmente coordina uno de los pisos donde convive con más exiliados en su situación, además de colaborar con Koopera de Cáritas y Bestalde de la Fundación Adsis, además de las redes de antirumores. Acaba de terminar un curso de carpintería y sus esfuerzos se centran en mejorar el castellano mientras trata de devolver todo los que ha recibido.

Con el mismo propósito, Carmen Torrealba repartió ayer los dorsales durante la carrera. Esta venezolana apenas lleva 18 días en Bilbao, suficiente para haber decidido que quiere ser voluntaria de CEAR. “Hace ocho meses que mi marido y yo salimos de nuestro país por la inseguridad y la falta de alimento”, explicó esta ex empleada pública. Tras la aparición del nombre de su esposo en la Lista Tascón, donde figuran todos aquellos que estaban en contra del gobierno de Chávez, la persecución fue insoportable. “Los que aún siguen ahí me dicen que cobran 800 en una quincena, y un kilo de espaguetis vale 1.600 bolívares”, revela con pesar Carmen.

Asistentes Antes de que la carrera comenzara, el portavoz y consejero de Gobernanza pública y Autogibierno, Josu Erkoreka, subrayó la “solidaridad” que muestra Euskadi con “el problema de los refugiados”, así como la “importancia” de que las instituciones respalden a los colectivos sociales que velan por sus derechos. Erkoreka lamentó que la situación de las personas que se han visto “obligadas a abandonar su casa por motivos de guerra, persecución y represión y que han tenido la desgracia de nacer a unos kilómetros más al sur”.

También asistieron Iñigo Pombo, concejal bilbaino de Acción Social, y Javier Calparsoro, presidente de CEAR Euskadi. Este último, declaró que son más de 68 millones los refugiados que hay en el mundo y apostó por poner rostro a las personas que tienen una historia irrepetible. “En ese momento en que Europa está decadente, se cierran las fronteras en base a concertinas y limitaciones y un primer ministro italiano se siente orgulloso por no acoger refugiados, me da alegría que podamos correr por estas personas”, valoró.

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