José Luis Ibarra Pagaldai Fundador de Forjas Oguena

Un niño de la guerra del 36 que dio la vuelta al mundo

Iban Gorriti - Domingo, 24 de Junio de 2018 - Actualizado a las 08:38h.

bilbao - El pasado martes, día 19, falleció un niño de aquella guerra internacional de 1936, un vizcaino que acabó surcando los mares. Sumaba 86 años. El mundo fue su hogar. José Luis Ibarra Pagaldai fue un hombre que con muy pocos años sufrió aquel episodio bélico que comenzó con un maldito golpe de Estado militar. “Su familia quedó profundamente marcada por ello”, enfatizan desde la asociación memorialista Durango 1936.

Ya su llegada al mundo fue un día de efeméride marcada en el calendario: el 14 de abril de 1932, es decir, la jornada en la que se cumplía un año de la proclamación de la Segunda República, régimen democrático legítimo que existió entre el 14 de abril de 1931, en sustitución de la monarquía de Alfonso XIII, y el 1 de abril de 1939, fecha del final de la guerra del 36 que dio paso a la dictadura totalitarista de Franco.

José Luis Ibarra Pagaldai nació en Durango y casi a continuación la familia se muda a vivir en Martzaa, barrio de Axpe, hoy Atxondo. A continuación, residirían también en Abadiño y Amorebieta-Etxano, donde acabó haciendo su vida mientras iba y venía de navegar, ya que siendo mecánico y tras fundar Forjas Oguena, acabó siendo operario de petroleros, cargueros... desde el Golfo Pérsico a todo el globo terráqueo.

“Nos dijeron que en el taller le habían dado infartos, y en casa sin saberlo hasta que le dio uno en casa. Pero luego, comenzó a navegar y los médicos dijeron que al estar por debajo del nivel del mar le iba mejor. Salir de aquella empresa le salvó la vida”, agradece hoy su hijo.

Casado con Miren Cruz Landa, dieron a Euskal Herria dos hijos: Iñaki y Elisabeth. El primero le recuerda con cariño, admiración y reconocimiento. “Yo no podría decir nada malo de mi padre. Eso sí, era de mala hostia, la misma que tengo yo. Somos los dos de pronto. Él tenía un pronto que rompía el hierro. Con su mirada, de niños ya nos decía todo. Y luego era una muy buena persona”, subraya quien le agradece que estuviera a su lado durante los 15 días que el hijo estuvo preso en al menos una decena de cárceles españolas. “Tengo que agradecérselo, siempre vino a visitarme, a estar a mi lado. Incluso cuando volvía a casa le decía a nuestra madre que la semana próxima tenía que ir otra vez, que se lo había pedido yo...”, corresponde.

José Luis tuvo una vida llena de sobresaltos. Ya de niño, con cuatro años, conoció con su familia el exilio. Primero en Barcelona y luego en Toulouse, donde su madre fallecería. Su padre, Juan Ibarra Arantzeta, luchador anarquista, fue capturado y fusilado por los fascistas el 8 de agosto de 1939 en Burgos. La familia estima que los huesos de su padre están en el Valle de los caídos de Madrid.

Su tío, Antonio Ibarra Arantzeta, del Batallón Fulgencio Mateos de la UGT, también fue fusilado el 18 de enero de 1938 en Derio. El abuelo paterno, José Luis Ibarra Garate, fue cruelmente asesinado en Bitaño (Izurtza) por los fascistas sin juicio alguno.

Un sobrino de José Luis es componente de Durango 1936 Kultur Elkartea. “Yo destacaría de él su fuerza, entereza, ante todo lo que ha vivido desde niño. Y lo bien que ha afrontado todo”, le reconoce Iñaki Garaita.

En un vídeo de testimonio registrado por Durango 1936, José Luis Ibarra junto a su hermana Mari Tere -quien realmente se llamaba Libertad- dieron a conocer lo que sufrieron en la guerra. Tras tener que escapar del caserío de Martzaa, regresó a aquel mismo hogar con sarna y “mi abuelo me cortaba con tijeras las postillas”. Fue precisamente él quien al no reconocerle le miró una marca que tenía de nacimiento en la pierna. “Mi padre quería llamarme a mí Progreso y a mi hermana Libertad, como realmente se llamó, por lo republicano que era. Y mira, no me dejaron salir de casa hasta que aprendiera a llamar a mi hermana Mari Tere, no Libertad como le llamaba… ¡Ya me costó aprender Mari Tere!”, daba testimonio.

El miércoles se ofició su funeral en la parroquia zornotzarra de Andra Mari y al día siguiente, la familia depositó sus cenizas junto a las de su esposa. “Vuelven a estar juntos desde que ama falleciera hace dieciséis años. Ha sido duro, pero nos sentimos bien”, concluye Iñaki agradecido a sus progenitores.