Así crece un rascacielos en Bilbao

Fernando, Ander, Janire y Jose posan para DEIA en la planta once cuya solera se hormigonaba el jueves mientras detrás el núcleo de ascensores está en la planta 14. Fotos: J. M. Martínez
Así crece un rascacielos en Bilbao. Fotos: J.M.M.
Así crece un rascacielos en Bilbao. Fotos: J.M.M.
Así crece un rascacielos en Bilbao. Fotos: J.M.M.
Así crece un rascacielos en Bilbao. Fotos: J.M.M.
Así crece un rascacielos en Bilbao. Fotos: J.M.M.

La cuarta torre de Garellano alcanza la planta undécima de las 33 que albergará
La obra es compleja por su escaso solar y por estar rodeada de vecinos y viajeros de Termibus

Alberto G. Alonso - Lunes, 25 de Junio de 2018 - Actualizado a las 07:26h.

Bilbao - Bizkaia Dorrea, el rascacielos de viviendas más alto que se construye en Euskadi, ha alcanzado en Bilbao la planta 11 de las 33 que tiene previsto levantar hasta alcanzar los 103 metros de altura. Una labor de enjundia sobre todo teniendo en cuenta el poco espacio disponible y los condicionantes de trabajar rodeados por la excavación de la futura Termibus, del servicio que presta la terminal de autobuses provisional a miles de viajeros diarios y de los vecinos que viven en las torres colindantes de Garellano. DEIA ha tenido la oportunidad de descubrir los entresijos que implica levantar una edificación en altura. Una aventura iniciada en formato cooperativa de propietarios y auspiciada por el Grupo Arrasate cuando compró la exigua parcela de poco más de 1.300 metros cuadrados en 2015 para construir 152 viviendas y tres plantas comerciales.

“Esta es una obra de pensar mucho antes de dar cada paso”, resume la jefe de obra de Urrutia Construcciones, Janire Ibarrondo. Ella es la encargada de ver elevarse ahora cada semana y media una planta de la cuarta torre de Garellano. Un ritmo de obra que se ha tomado ya de forma regular después de mucho tiempo de complicaciones, retos y soluciones.

La primera labor compleja no se hizo esperar. “La excavación de los cimientos fue complicada, teníamos cinco sótanos y para dar base al edificio hubo que crear una losa de hormigón con un canto de 1,80 metros cuando en un edificio normal es de 40 centímetros”. Además, esta gran base no se pudo hacer de una tacada, estuvieron echando hormigón tres días seguidos con sus noches, “y eso fue imposible para mantener el sueño de los vecinos”, apostilla Ibarrondo.

Así que se tuvo que generar en cinco fases igual que el resto de la estructura por debajo del nivel de la calle. Un año tardó este proceso oscuro e invisible de muros pantalla, pilares y soleras que “supuso que más de un propietario nos dijera si la obra estaba parada”, recuerda Fernando Elosua, director comercial del Grupo Arrasate.

El despunte de la estructura por encima de la cota cero tampoco fue fácil. La ubicación de la torre en una esquina de manzana a diferentes alturas de las calles Gurtubay y Pérez Galdós, más la construcción los tres primeros niveles comerciales y de oficinas, con muros de hasta cinco metros de altura, implicó superar muchas vicisitudes técnicas. “Cuando llegamos a la planta primera de las vivienda se pudo respirar”, describe aliviada la jefa de obra. Hasta la altura octava el rascacielos creció uniforme pero a partir de entonces empezó a despuntar la estructura del chaflán del edificio que albergará los dos ascensores panorámicos, otra seña de identidad única de Bizkaia Dorrea.

Encofrados trepantes “El núcleo de los elevadores se está ejecutando con encofrados trepantes, es decir, suben de manera hidráulica para agilizar el trabajo y no usar tanto las grúas”, detalla Ibarrondo. Son tres grúas las que se usan, dos para la torre y la tercera para el edificio anexo de diez alturas, llamado la pata cariñosamente por los empleados, que va pegado al bloque que ahora alberga las oficinas de la Termibus. Unos ingenios que también crecen con la estructura y que tienen muy limitada su pluma y radio de carga para evitar problemas con las torres colindantes y el tranvía que pasa por debajo.

El pasado jueves, el núcleo de los ascensores había alcanzado ya la planta 14 de viviendas mientras se echaba la solera tres niveles por debajo. De ello se encargaba una decena de operarios al mando de Jose Sousa Silva, jefe del grupo de encofradores. Antes de esparcir el hormigón esa tarde, ultimaban la colocación de los mallazos y varillas que armarán el suelo de esa planta.

“Es un trabajo muy complicado porque llevamos mucho hierro en la solera, se está construyendo muy seguro el rascacielos”, describía el portugués. La actividad era incesante y sin ningún riesgo ni sensación de vértigo gracias a los paneles de dos metros de altura colocados en el perímetro de la estructura, que además, sirven de publicidad exterior a la constructora.

Mientras, abajo, a nivel de calle, dos hormigoneras esperaban en el estrecho espacio que les queda dentro del solar a que una bomba recoja su carga para conformar la primera planta de la pata. Janire Ibarrondo describe que “tenemos todo muy acotado, porque convivimos con el paso continuado de peatones que van a Termibus, los coches de los vecinos que entran y salen al garaje comunitario de más de 800 plazas y el paso del tranvía”.

Empezando los interiores Pero Bizkaia Dorrea no solo crece en altura. Desde hace un mes ya se han comenzado a colocar las piezas exteriores que conformarán la fachada, un hormigón especial de color blanco y negro denominado CRG y de poco espesor pero que esconde por detrás 34 centímetros más de tabiquería y materiales aislantes que “aportarán gran eficiencia energética al edificio”, indica Ibarrondo.

En la primera planta ya están apilados los premarcos de las puertas y ventanas, un grupo de técnicos analizaba la colocación de las barandillas de las terrazas de la fachada sur y este mes entrarán los primeros gremios, hasta un total de treinta, para desarrollar los interiores.

También se ha colocado ya la primera ventana con persiana incluida a modo de prueba piloto. “Según se crece se van acondicionando los pisos de abajo. Tenemos que actuar de forma escalonada porque sino no llegamos a los 30 meses de plazo de la obra”, indica Fernando Elosua. Un periodo que se cumple el próximo abril con el fin de que durante los tres meses posteriores se escriture y entregue la propiedad a partir de septiembre. Una guinda al pastel que va a ser también compleja porque los cambios introducidos por los cooperativistas en el diseño interior supondrá un servicio posventa complejo para confirmar que los planos se han convertido en su sueño residencial.

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