Con los signos también se aprueba

Los alumnos del colegio Zubileta aprenden a comunicarse con los niños sordos para facilitar su integración escolar

Un reportaje de José Basurto - Lunes, 25 de Junio de 2018 - Actualizado a las 07:26h.

LOS 260 alumnos del colegio público Zubileta de Getxo saben que en caso de incendio, además de seguir las instrucciones de los profesores, no deben olvidarse de Xabier, un niño totalmente sordo que, si estuviera en el baño solo en el momento de producirse el fuego, no escucharía la sirena de alarma. También saben que si está en el patio distraído o algo alejado de donde está el resto de los niños, le tienen que avisar cuando suena el timbre. Y se lo harán saber a través de la lengua de signos. Porque todos tienen unas nociones básicas como para poder comunicarse con los siete alumnos sordos que este año están integrados en el colegio getxotarra.

Zubileta es uno de los cuatro centros escolares de agrupamiento de sordos que dispone el Departamento de Educación en Bizkaia. Los otros tres están en Bermeo, Durango y en Bilbao. En la escuela de Getxo saben lo que es tener niñas y niños sordos en sus aulas, ya que comenzaron con esta experiencia hace 18 años. Los resultados hablan por sí mismos. Los niños se sienten muy a gusto, los padres están encantados y los cuatro profesores especialistas que realizan las labores de apoyo, cada día están más comprometidos para que los alumnos sordos progresen y lleguen a la Universidad.

Xabier, que tiene nueve años, es sordo de nacimiento. El problema es que su cuerpo ha rechazado los implantes cocleares, con lo cual no oye absolutamente nada. Su única herramienta de comunicación es la lengua de signos. Su compañeros de clase lo saben, así que no les ha quedado otro remedio que aprender su lengua si quieren jugar o hablar con él. “Hay alumnos y alumnas que ponen más interés que otros”, señala Idurre, una de las cuatro profesoras de apoyo, “pero todos tiene unas enseñanzas básicas para comunicarse con los niños sordos, lo mismo que el conserje o las cuidadoras del comedor, aquí todo el mundo está implicado”. Una de esas alumnas que está más implicada es Iraia, que desde que entró en el colegio, cuando tenía dos añitos, aprendió la lengua de signos. “Lo hago porque me gusta”, dice tímidamente. Aunque este año no tiene en su clase ningún compañero sordo, Iraia siempre está dispuesta a ayudar a las profesoras de apoyo, bien en la elaboración de un vídeo como en el acompañamiento en alguna otra actividad escolar. Lo mismo que Ixone, que aunque empezó más tarde que Iraia en la comprensión de la lengua de signos, siempre está dispuesta. La colaboración de Iraia e Ixone siempre es bien recibida por profesores y alumnos. “Los niños sordos agradecen mucho que el resto de compañeros puedan comunicarse con ellos, aunque sea en lo más básico”, comenta Mireia, que ha desarrollado toda su vida profesional como profesora de apoyo.

El aprendizaje y progreso escolar de las niñas y niños sordos es cuestión de las profesoras de apoyo. Idurre explica que “a los niños se les integra en un aula normal, donde les toca por edad, y luego nosotras trabajamos individualmente con ellos”. Aclara que “todos los alumnos sordos siguen el currículo ordinario en euskera, igual que los demás”. Mireia apunta que “les ayudamos a que sigan las clases lo más parecido a los demás, ya que los contenidos son los mismos, pero la forma de acceder a ellos es a través de la lengua de signos”. En este punto quiere dejar claro Idurre que “en lengua de signos apenas hay nada en euskera”. De ahí que sean ellas, con la ayuda de los alumnos, quienes elaboren el material escolar que utilizan, entre ellos, unos vídeos muy útiles para alumnos y familiares de los niños.

Alumnado Este año en el colegio Zubileta hay siete alumnos sordos, cuatro en Infantil y tres en Primaria. En el instituto Julio Caro Baroja, centro en el que siguen los estudios quienes terminan en Zubileta, también hay dos alumnos sordos en Bachillerato. Mireia comenta con orgullo que a veces se encuentra con antiguos alumnos sordos que “están estudiando ingeniería o arquitectura, y eso es muy bonito para nosotras porque nos preguntamos ¿algo habremos hecho, no?”. De todas formas, aclaran que entre los niños sordos “hay de todo, como entre los otros, que unos son más espabilados o más vagos que otros”. Con quienes a veces tienen que luchar un poco es con el resto de profesores del colegio. “Hay gente a quien le cuesta entender”, comentan, “sobre todo cuando le toca un niño sordo en su clase, pero ya les solemos decir que este es un trabajo de todos los profesores, no solo de los que estamos de apoyo”.

Quienes sí se quedan encantados son los padres de los niños sordos. “Cuando los padres se enfrentan a la escolarización de sus hijos sordos son un mar de dudas y miedos”, señala Mireia. “¿Qué va a ser mi hijo? Esa la pregunta que se hacen los padres”, comenta esta profesora. Pero cuando acuden al colegio Zubileta, o alguno de los otros tres que hay en Bizkaia, “se les abre un mundo”. Idurre, la profesora de apoyo que más tiempo lleva involucrada en esta experiencia, recuerda que los padres con niños sordos “pueden elegir entre un centro de este tipo, de agrupamiento de sordos, o un centro ordinario;se les explican las alternativas y ellos deciden”. Por eso, entre los alumnos sordos que este curso acuden a Zubileta hay de Muskiz o de Sestao. Transcurrido un tiempo, los padres se liberan “porque ven que el niño viene contento a la escuela, se comunica y aprenden”, apunta Mireia. E insiste en que para la mayor parte de los padres “es un alivio que su hijo no esté aislado”. Es el riesgo que corren los padres si deciden enviar a su hijo sordo a un colegio ordinario, que por proximidad de casa, les pueda interesar más.

En el colegio Zubileta, ver niños con implantes cocleares no es nada extraordinario. Todos los alumnos sordos que actualmente cursan estudios en el colegio getxotarra los llevan, excepto Xabier. “Para el resto de compañeros es normal”, dice Zuriñe, otra de las profesoras de apoyo, “porque están juntos desde que eran pequeños”. También expresarse mediante la lengua de signos, “aunque lo hagan de aquella manera”, señale Mireia. Porque no todos ponen el mismo interés. “Aun así, lo básico, como por ejemplo, quieres ir al baño o quieres más tortilla, lo aprenden todos”, dice Idurre. Una lengua de signos que también sirve “para niños que no tienen ni idea del lenguaje porque han venido de otros países”.

En las aulas donde hay alumnado sordo, el resto de niños y niñas interactúa más con la lengua de signos haciendo teatro o cualquier otra actividad escolar, aunque dicen las profesoras de apoyo que “incluso en las clases sin alumnado sordo también se canta en lengua de signos”. Todo este trabajo no sería posible sin gente como Idurre, Mireia o Zuriñe, que disfrutan con su profesión. Idurre, que se inició en la lengua de signos hace 15 años, lo hace “por motivación personal”. Mireia cuenta que estudió Magisterio en la rama de Educación Especial y que cuando acabó se preguntó qué podría hacer para estar más formada y eligió la lengua de signos. Algo de lo que no se ha arrepentido. Y Zuriñe, la más joven dice que cuando estaba en la Universidad, “nos dieron un minicursillo de lengua de signos, me gusto y seguí aprendiendo”.