Biribilketa

Inmigrantes de primera

Por Iñaki González - Lunes, 25 de Junio de 2018 - Actualizado a las 07:26h.

AHORA que el debate sobre cuántos inmigrantes -refugiados o por motivos económicos- y cuándo estamos en disposición de acoger en Europa, precisamente ahora, no hay país europeo que no aplauda la aportación de sus inmigrantes en la Copa del Mundo de fútbol.

Un repaso a las alineaciones de las principales selecciones del continente nos deja muy claro que los europeos, que transformamos siglos atrás la fisonomía poblacional de un continente por la vía de la mixtura y, lamentablemente, de la aniquilación, somos ahora deportivo-dependientes. Futbolistas de origen asiático, africano y americano nutren las filas de esos equipos que pretenden ser, en opinión de algunos, representativos de algo más que un colectivo de deportistas. Y lo consiguen, a juzgar por las reacciones y seguimiento que obtienen de sus seguidores.

Inmigrantes de segunda o primera generación o directamente nacionalizados en los últimos años para poder disputar la competición. Representativos de minorías muchas veces señaladas en sus países de acogida, pero que obtienen el visado de representatividad por sus habilidades balompédicas.

El turco de ascendencia Mesut Özil o Sammi Khedira, hijo de tunecino, en Alemania;el brasileño Diego Costa, en España;el congoleño de origen Romelu Lukaku o el descendiente de marroquíes Marouane Fellaini, en Bélgica;el brasileño Pepe, en Portugal;otro brasileño, Fernandes, en Rusia;los albaneses Saqiri y Xhaka, en Suiza,...

Esta Europa que se deja enamorar por el mejor goleador que pueda importar se tienta las ropas a la hora de impedir la posiblidad de que el próximo Einstein se ahogue en el mar.

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