Mesa de Redacción

Crimen y castigo

Asier Diez Mon - Lunes, 25 de Junio de 2018 - Actualizado a las 07:26h.

SE sabe desde siempre que la justicia no es una ciencia exacta, pero la española está alcanzando un grado de imperfección alarmante. Parece que el mismísimo Murphy está incrustado como agente doble en la sala de máquinas judicial para que todas las sentencias rasquen como una lija en el sentir mayoritario de la sociedad o incluso más abajo. Utilizando el argumento con el que han soltado a La Manada los jueces, es más que improbable que los jóvenes de Altsasu vuelvan a pelarse con guardias civiles. Es más, la próxima vez que vean un uniforme verde por la calle seguramente cambiarán de acera o girarán en dirección contraria. Sin embargo, en su caso toca despliegue policial en la detención y quedarse en el mako. No ocurre lo mismo con los narcos que atacaron a nueve guardias civiles en Algeciras durante un bautizo, al que acudieron por cierto con bates de béisbol y palos. Los agresores gaditanos siguen en la calle, porque están a mil kilómetros de donde, a brocha gorda, todo puede catalogarse o juzgarse con el plus del terrorismo, figure o no la palabra en la sentencia. De modo que los imputados narcotraficantes pueden seguir con sus actividades ilícitas, aunque nunca vuelvan a ir de bautizo con bates. En ese contexto les dejo con una frase de un personaje de Crimen y castigo: “Lo más indignante de este asunto no son los errores de esa gente: uno puede equivocarse;las equivocaciones conducen a la verdad. Lo que me saca de mis casillas es que, aún equivocándose, se creen infalibles.”

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