España 2, Marruecos 2

El VAR obra milagros

El último suspiro quita a Portugal y pone a España primera de grupo, con Rusia como rival

Julián Goikotxeta - Martes, 26 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

ESPAÑA: De Gea;Carvajal, Sergio Ramos, Piqué, Jordi Alba;Sergio Busquets, Thiago (Min. 74, Asensio);Silva (Min. 84, Rodrigo), Iniesta, Isco;y Diego Costa (Min. 74, Iago Aspas).

MARRUECOS: Munir;Dirar, Saiss, Da Costa, Achraf;Al Ahmadi, Boussoufa;Ziyach (Min. 85, Bouhaddouz), Belhanda, Nourredine Amrabat;y Boutaïeb (Min. 70, En Nesriy).

Goles: España 2, Marruecos 2. 0-1: Min. 14;Boutaieb bate por raso a De Gea tras un error de entendimiento de Sergio Ramos con Iniesta en el medio campo. 1-1: Min. 19;Isco culmina una jugada individual de Iniesta con el apoyo de Costa. 1-2: Min. 81: En Nesiry, de cabeza, tras un saque de esquina. 2-2: Min. 91;Iago Aspas, de espuela, dentro del área.

Árbitro: Ravshan Irmatov (Uzbekistán). Amonestó a los marroquíes El Ahmadi, Amrabat, Da Costa y Boussoufa.

Incidencias: Partido de la tercera jornada del grupo B del Mundial de Rusia 2018 disputado en el estadio de Kaliningrado ante unos 33.973 espectadores.

bilbao. La selección española es una ruina de equipo, pero ha terminado primera la fase de grupos, lo cual implica que se medirá en octavos de final a Rusia, el próximo domingo, evitando así a Uruguay, y en el siguiente cruce, en cuartos, a potencias como Brasil o Alemania.

El sortilegio fue posible por un golpe de fortuna brutal, una especie de conjunción astral ocurrida hacia el minuto 91, cuando el partido frente a Marruecos parecía tener su destino sellado y lo mismo ocurría en el otro encuentro, en el Mordovia Arena de Saransk, donde Portugal administraba con tiento y suficiencia su ventaja sobre Irán por un gol de Quaresma. La afición marroquí, en número de 13.000 frente a los 2.000 mal contados de los españoles, estaba encantada de la vida. Jaleaba a su equipo, y gritaban ¡olés! con un entusiasmo descomunal, no en vano estaban asistiendo a un hito histórico: la modesta selección magrebí sojuzgando con todo merecimiento a una potencia futbolística, y además en el solemne marco de un Mundial.

Y de repente, ocurrió: Iago Aspas se las ingenia para meter de espuela el balón en la portería marroquí, y aunque el ayudante del colegiado uzbeko Ravshan Irmatov levantó el banderín señalando el fuera de juego, el VAR impuso su ley, revisando la jugada y mandando subir el gol del empate al marcador. Y justo en ese momento, en el otro plató de la película, también irrumpía el VAR para sancionar un penalti por mano de Cedric que transformó Ansarifard, poniendo puente de plata a España justo cuando empezaba a caminar por una senda de brasas.

A Marruecos tampoco le sentó demasiado mal el empate, al fin y al cabo ya estaba eliminada antes de afrontar el encuentro, y su único objetivo pasaba por despedirse con dignidad del torneo. Y a fe que lo consiguió. Otro tanto pueden argumentar los iraníes, que se van con cuatro puntos, después de meterle el miedo en el cuerpo a los españoles en el partido anterior, y de empatar ante el equipo de Cristiano Ronaldo, que se permitió el lujo de fallar un penalti que luego lamentó con profusión.

la parálisis de hierro En coincidencias tan intensas como la que se dieron simultáneamente en Kaliningrado y Saransk surgió eso que se llama la suerte de los campeones, porque si recurrimos al frío análisis de los hechos se barrunta un porvenir entre gris y negro al equipo de Fernando Hierro, un técnico que sufrió de parálisis, incapaz de tomar decisiones para corregir sobre la marcha la deriva de su equipo. Hierro realizó los primeros cambios hacia el minuto 74, cuando la selección española simplemente deambulaba por el campo con un ritmo cansino, pidiendo la pelota cortita y al pie.

En la actitud de uno y otro equipo se delataba dos formas de concebir el fútbol. Marruecos sí lo tenía claro: había que despedirse a lo grande, demostrar que pese a su prematura eliminación (cuestión de mala suerte) pertenecían a un grupo bien trabajado, con espíritu y ganas, virtudes que brillaron pos su ausencia en el bando de los reputados futbolistas españoles.

La situación de excepcionalidad que vive Hierro tuvo como consecuencia la falta de estímulos, poniendo a los de siempre, a pesar de sus lagunas, con el retoque de Thiago por Lucas Vázquez con respecto al infame partido contra Irán. De Gea pide a gritos su destierro al banquillo, Carvajal está fuera de forma y todo el sistema defensivo, comenzando por los zagueros, ni Ramos, Piqué o Jordi Alba, y siguiendo por un errático Sergio Busquets, están para nada bueno. Pero tampoco se contrarresta esta deriva con la inspiración de los creadores, porque de Silva tampoco está, Iniesta va a cuentagotas y tan solo Isco se ofrece para crear juego.

El festival de pases sin riesgo, pues en eso quedó el otrora juego imaginativo español, se fue al garete hacia el minuto 14 cuando sobre el círculo del medio campo Sergio Ramos sacó una falta en corto hacia Iniesta, éste se la devolvió y ambos se quedaron mirándose a ver quién tomaba el balón, y en esas estaban cuando Boutaieb salió pitando toda velocidad y metió el balón por entre las piernas de David de Gea.

El golpe apenas alteró el panorama, pero sí activó la mala conciencia de Iniesta, que desencadenó una jugada bellísima junto a Isco y Diego Costa y el gol del empate.

El sosiego consiguiente se alteró enseguida, cuando de nuevo Boutaieb se aprovechó de otra jugada absurda, surgida de un saque de banda a la altura del medio campo, con Carvajal a su aire y los centrales absolutamente en la inopia, una jugada de la que salió bien parado De Gea, que salió diligente al encuentro y realizó la primera (y única) parada que tiene registrada en los tres encuentros disputados.

Con todo, al descanso se llegó con dos ocasiones de Busquets, que remató alto un córner, y de Diego Costa, que no alcanzó en la boca del gol un magnífico pase de Iniesta.

Parecía que España le había tomado el pulso al partido cuando un error de Carvajal pasándole el balón a la altura del área a la mano de Piqué resituó el escenario, la empanada física y mental de un grupo que estaba considerado entre los favoritos para ganar el Mundial. El bullicioso Amrabat estrelló el balón contra la cruceta, Saiss sacó un balón en línea de gol, y cuando parecía que la suerte estaba echada con el tanto de En Nesriy, ocurrió el prodigio, ese minuto 91 que planta, por su cara bonita, a España en octavos como primera de grupo.