Nigeria 1, Argentina 2

Con sangre y lágrimas

Argentina elude la eliminación al límite en su mejor actuación, con un once bien diseñado que tuvo que exprimirse por culpa de un penalti injusto que daba la clasificación a Nigeria

José L. Artetxe - Miércoles, 27 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

NIGERIA: Uzoho;Moses, Balogun, Ekong, Omeruo (Min. 89, Iwobi), Idowu;Ndidi, Etebo, Obi Mikel;Iheanacho (Min. 46, Ighalo) y Musa.

ARGENTINA: Armani;Mercado, Otamendi, Rojo, Tagliafico (Min. 79, Agüero);Enzo Pérez (Min. 60, Pavón), Mascherano, Banega, Di María (Min. 71, Meza);Messi e Higuaín.

Goles: Nigeria 1, Argentina 2. 0-1: Min. 14;Messi. 1-1: Min. 51;Moses, de penalti. 1-2: Min. 86;Rojo.

Árbitro: Cuneyt Cakir (Turquía). Amonestó a Balogun, Mascherano, Banega, Obi Mikel y Messi.

Incidencias: Saint Petersburg Stadium, ante 64.468 espectadores.

Bilbao. Argentina necesitó aferrarse a la épica para sellar su supervivencia en el Mundial. La sangre que manaba del rostro del orgulloso Mascherano se mezcló con las lágrimas de los aficionados a cuatro del noventa, en el decisivo gol de Marcos Rojo, un intruso en el área de Nigeria. La impotencia afloraba, empujaba el corazón, Messi boqueaba, Sampaoli ponía un segundo ariete, se escurrían las opciones de modo cruel, justo el día en que más méritos acumulaba Argentina y todo debido a una ocurrencia del árbitro, que se inventó un penalti que clasificaba a Nigeria. Pero templó con gusto Mercado y Rojo enganchó una formidable volea. Ni Agüero, ni Higuaín, ni Messi, un central acaparó la gloria de un triunfo agónico, otro más en un torneo donde los favoritos sufren como perros ante rivales ajenos a los pronósticos.

Maradona se tapaba el rostro, acaso le vino a la memoria que se despidió de la selección precisamente ante Nigeria, fue en el Mundial 94 tras brindar su enésima exhibición. No pudo emularle Messi en rendimiento, pero él seguirá compitiendo por su país, al menos un encuentro más, frente a Francia. La aportación de Messi, un gol magnífico al cuarto de hora, no bastó para resolver. Chutó luego un golpe franco con marchamo de sentencia, al palo, pero acabó aflorando su impotencia ante la pujanza física del combinado africano, siempre muy armado en la zaga.

El 1-0 surgió de la conexión Banega-Messi en una jornada donde Sampaoli efectuó una revisión a fondo en la pizarra. Estaba obligado. Retiró un central, le dio la batuta a Banega y escogió a Higuaín y Di María para componer un equipo que generase juego y arropase a su estrella. Y todo le fue bien a Argentina hasta el descanso. Nigeria no supo cortocircuitar la distribución, no tuvo posesión, no pudo siquiera probar la velocidad de sus delanteros, aislados.

A la tercera, tras los fiascos contra Islandia y Croacia, Argentina ejercía de Argentina. Sin brillar, carcomido por las urgencias, sí desarrolló una idea acorde a su estilo y potencial. No obstante, la ventaja mínima exigía mantener el ritmo, la concentración y no perder de vista el área de Uzoho, un crío con guantes de mantequilla. El plan saltó en mil pedazos a la salida del primer córner de la reanudación. Mascherano encimó a Balogun y el turco Cakir, uno de los favoritos de la UEFA en las grandes citas, señaló penalti sin dudarlo. Erró, pero ni siquiera consultó el VAR y Moses estableció el empate con serenidad.

angustioso  Quedaba un mundo, pero Argentina interpretó que el Mundial se le esfumaba, precisaba marcar mientras a Nigeria le valían las tablas. La clave estribaba en recuperar la propuesta inicial, sin embargo el escenario había cambiado. Aparte de que, como no podía ser menos, el exceso de responsabilidad empezó a dejarse sentir, faltaba frescura, había cargado con el mayor gasto previamente y enfrente tenía un muro, muchos centímetros y kilos dispuestos a aguantar el marcador.

La ansiedad propició que Nigeria acariciase la puntilla en tres acciones, especialmente un mano a mano ganado por el debutante Armani a Ighalo. Messi no podía y el resto percutía con el alma para crear una única oportunidad, malgastada a diez de la conclusión por Higuaín. Sampaoli le emparejó con Agüero y restó un defensor. Era el todo por el todo y, la verdad, no se intuía el gol liberador. Se produjo de la manera más increíble, con los protagonistas a los que nadie esperaba, dos rudos marcadores que ejecutaron con la precisión de los mejores atacantes. Argentina no se va. Y vaya a usted a saber hasta dónde llega ahora que se ha salvado por los pelos de arder en el fuego del infierno.