un coro vasco con proyección

Voces blancas en el museo

Los integrantes de Leioa Kantika Korala posan con sus premios en el concurso de la ciudad italiana de Rímini (Foto: Leioa Kantika Korala)

Leioa Kantika Korala, uno de los coros vascos de mayor proyección internacional, ha realizado junto al
Guggenheim Bilbao un proyecto educativo en formato videoclip donde la música viste los espacios de la pinacoteca

Un reportaje de Andrea Valle - Miércoles, 27 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

CANTAN como los ángeles. Esa es la frase que no deja de rondar tu cabeza cuando escuchas a Leioa Kantika Korala. No hace falta que entonen un Nessun Dorma, solo con que Basilio Astúlez, el director del coro, les anime a calentar la voz, ya hacen magia. Esa misma magia fue la que hizo que en el certamen internacional de Rímini conquistaran, en octubre de 2017, los dos primeros premios en las categorías de folclore y coros infantiles-juveniles, además del gran premio especial del certamen. Aquel éxito se sumaba a su mapa triunfal en el que destacan destinos como Neerpelt en Bélgica, Normandía en Francia y sobre todo, en Seúl, la capital de Corea del Sur.

Ahora ha sido el museo Guggenheim quien se ha rendido ante las angelicales voces del coro. En 2016 Kantika fue invitado al festival Fair Saturday, el evento cultural que se celebra después del Black Friday con el fin de promover, después del gran día de compras, el consumo de cultura. La participación de Kantika en el festival desembocó en un concierto en el atrio del Guggenheim. “Fue algo único. El espacio es muy especial. Fue estupendo para los cantantes, para los amigos del museo y para el público en general”, apunta Astúlez. Entre el público estaba parte del personal del museo, entre el que se despertó curiosidad por el coro. Esto permitió que Kantika y la pinacoteca fueran estrechando lazos permitiendo que este último año también, tanto en la jornada de puertas abiertas que organiza la galería para sus amigos del museo en diciembre, como en diferentes actos, la presencia del coro en la sala haya sido repetida.

A raíz de estos encuentros, se entabló, entre Kantika y el museo Guggenheim una inmejorable relación. Entre el equipo de la pinacoteca, el grupo de educación vio la posibilidad de una colaboración entre el coro y el museo para la elaboración del material pedagógico. Dicho y hecho. Tras varias reuniones para concretar el proyecto, el coro grabó un videoclip en las instalaciones del mismísimo Museo Guggenheim Bilbao. “Utilizamos el edificio como lugar en el que vestir la música que hacemos habitualmente. Ha sido un lujo para nosotros, pudimos grabar en diferentes exteriores e interiores;pedimos permiso para meter al coro en el estanque de la parte trasera y grabar teniendo la niebla encendida. Fue toda una aventura”, explica Astúlez.

Fueron 50 los niños, de entre 11 y 18 años, los que disfrutaron de la experiencia de rodar un videoclip en el Guggenheim. Sin embargo, esa no ha sido la única aventura que han vivido este curso que está a punto de acabar. Los cantantes de Kantika no son fijos, es un coro vivo, ya que cada curso se suman nuevos alumnos y se van otros.

Basilio Astúlez escucha a unos 25 niños al año de los que tiene que elegir seis. Según apunta el director, busca en ellos “algo más que una voz excepcional”. “Busco una especie de predisposición natural, gente que quiera venir a cantar, que disfruten haciéndolo, que quieran salir a los escenarios y formar parte de esta aventura”, explica. “También es necesario un entorno familiar favorable, ya que es una aventura de ocio común que condiciona de una manera u otra la vida en familia”, continúa.

las voces Entre las mayores del coro está Enola Arruebarrena, que con 18 años y estando en primero de carrera estudiando Pedagogía Musical en Donostia, siempre encuentra un momento para ensayar con Kantika. “Es difícil, pero siempre se saca tiempo para lo que nos gusta. Vengo a un ensayo y nos apañamos como podemos, pero siempre lo hago con muchas ganas. Siempre estoy deseando tener algún rato libre para volver a cantar en el coro”, confiesa. Respecto a la experiencia de este curso y sobre los viajes realizados, asegura que “todos tienen su encanto”.

Maitane González es otra de las voces de Kantika y asegura que “el viaje a Italia fue muy duro”. “Estábamos muy cansados, pero fue superemocionante. Fuimos todo el grupo junto y nos ayudamos los unos a los otros”, cuenta.

Haizea González también forma parte del grupo y por su parte explica que es “apasionante ver que tras haber trabajado mucho a la gente le gustan las canciones”. Cuando habla con DEIA, se muestra tímida, sin embargo asegura que en el escenario “todo es mucho más fácil”.

Quien también se viene arriba cuando canta ante la gente es Unai Llorente, uno de los cinco chicos que forman parte de Kantika. “Cantar en el coro me hace sentir vivo”, explica el joven. En el futuro quiere estudiar programación informática, pero confiesa que no desea desligarse nunca de mundo coral ya que le hace “ser mucho más feliz”.

Enola, Maitane, Haizea y Unai son cuatro de los 50 niños que han grabado el videoclip en el Museo Guggenheim de Bilbao, dirigidos por Basilio Astúlez. El proyecto se encuentra ahora en la fase de maquetación y de edición de todo el material gráfico que grabaron. “Esperamos que llegue muy prontito y que podamos difundirlo en redes y también en los programas específicos para los que está destinado”, cuenta Astúlez. Asimismo, asegura que se sienten “honrados” de que gente de la pinacoteca se haya fijado en ellos. Confiesa que es posible que todo este camino derive en futuras colaboraciones con la galería, “lo que para el coro es un aliado fantástico al máximo nivel”.

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