HISTORIAS DE... enfermeras

“Hasta nos tocaban el culo”

A nadie ingresado en una UCI se le ocurriría fantasear con su enfermera. ¿Por qué existe, entonces, esa imagen estereotipada e hipersexualizada de estas profesionales?

Por Concha Lago Fotografía Oskar González - Miércoles, 27 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

LAS fantasías erótico-festivas con enfermeras han sido el pan nuestro de cada día. Su imagen representada por una atractiva mujer con cofia, minifalda, abultados senos y jeringuilla en ristre no solo es una figura del imaginario colectivo, también hoy se perpetúa. Y hasta los disfraces infantiles de enfermeras arrastran connotaciones sexuales. En un año teñido de morado, con mujeres de todos los ámbitos movilizadas para reclamar derechos e igualdad, las más de 8.000 profesionales de enfermería vascas quieren derribar mitos y gritar que basta ya de sexualizarlas. El detonante fue aquel degradante sketch de TVE de Telepasión. “Fueron patéticos aquellos bailables con señores médicos uniformados y con las enfermeras con minibata enseñando escote, piernas y casi las bragas en una imagen sexista, estereotipada y retrógrada del personal femenino sanitario”, protesta Encarna Sáenz de la Maza, secretaria de organización de Satse Euskadi.

Pero si hablamos de machismo casposo, las enfermeras también sufren acoso sexual. “Todas sabemos de algún superior que llegaba al hospital y decía: Pero qué guapa estás hoy y hasta te tocaban el culo. O médicos que entraban a la sala y su saludo era: ¿Cómo están mis palomitas blancas?”. Tampoco se libran del acoso sexista. “Como ese cirujano que tiene un mal día o no le están saliendo bien las cosas y le tira algo a la enfermera, una cosa que jamás haría con un hombre”.

La indumentaria no es un tema baladí. Sáenz de la Maza evoca cómo estuvo a pie de enfermo con falda, medias y zapatitos durante muchos años y Amaia Mayor o Marta Ferrero recuerdan sus primeros trabajos con faldas y medias bien entrados los 90. “Hubo que luchar mucho para conseguir ponernos unos pantalones, una prenda mucho más cómoda para poder trabajar”. “El gran problema es que la enfermera parece siempre supeditada a otro profesional, que ha sido eminentemente masculino. Les pasaba lo mismo a las médicas que les preguntaban cuándo iba a venir el médico varón. Y otro problema es que es un oficio visto con un componente servicial que siempre ha llevado aparejado el cuidado que nos atribuyen a las mujeres”, protesta Amaia Mayor. “Nos pasa lo mismo que al resto de mujeres de la sociedad. Por ejemplo, los disfraces femeninos se presentan con ropa sexy y eso no ocurre con los hombres”, matiza Ferrero.

Ya están muy hartas de soportar eternas leyendas urbanas como la de la relación sentimental del médico con la enfermera o “que un paciente masculino te diga si has hecho esa carrera para ver si encuentras novio”. “La profesión enfermera se ha visto tradicionalmente como un colectivo subordinado. Se ha considerado un trabajo invisible por estar supeditada al médico y parecía que era él quien hacía todas las labores. Y es triste pero incluso hoy, las responsabilidades que ejercemos siguen siendo invisibles”. “Porque somos profesionales autónomos y competentes que nos encontramos con grandes barreras para poder avanzar”, critican.

Hasta en las series médicas de la tele, esos dramas yanquis tan populares, los enfermeros quedan relegados a papeles secundarios o son siempre el blanco de todas las bromas. “Y ojo que no estamos para poner solo inyecciones. No solo cuidamos en la enfermedad, sino también cuidamos para que no enfermes a lo largo de toda la vida”, precisa Ferrero. “Ejercemos la docencia, la investigación... pero todo eso es desconocido para la ciudadanía”, matiza Mayor.