Serbia 0, Brasil 2

Con diferencia, el peor rival posible

Neymar, Paulinho, William y Coutinho (EFE)

Brasil exhibe su gran equilibrio defensa-ataque y no deja un solo resquicio para la sorpresa ante Serbia

José L. Artetxe - Jueves, 28 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

SERBIA: Stojkovic;Rukavina, Milenkovic, Veljkovic, Kolarov;Milinkovic-Savic, Matic;Tadic, Kostic (Min. 82, Radonjic), Ljajic (Min. 75, Zivkovic);y Mitrovic (Min. 90, Jovic).

BRASIL: Allison;Fagner, Miranda, Thiago Silva, Marcelo (Min. 10, Filipe Luis);Casemiro;William, Paulinho (Min. 66, Fernandinho), Coutinho (Min. 80, Renato Augusto);Gabriel Jesús y Neymar Jr.

Goles: Serbia 0, Brasil 2.  0-1: Min. 36;Paulinho. 0-2: Min. 68;Thiago Silva.

Árbitro: Alireza Faghani (Irán). Amonestó a los serbios Ljajic, Matic y Mitrovic.

Incidencias: Spartak Stadium, ante 44.190 espectadores.

bilbao - Brasil se planta en octavos -se medirá a México- transmitiendo certezas. Por encima de todo, fiabilidad o, dicho de otro modo, un dominio de la situación que le permite variar registros durante cada partido sin perder la sensación de superioridad. Anoche anuló por completo a Serbia, una piedra de toque interesante que necesitaba ganar y que solo pudo agitar el choque durante cuatro minutos. Fue la única fase en que Brasil tuvo que emplearse a fondo en defensa, faceta que por cierto tiene muy trabajada, lo que le procura un equilibrio formidable, pues arriba sigue luciendo una pegada espectacular. Cuanto obtuvo de recompensa el fugaz despertar serbio fue el gol de Thiago Silva, que mató el duelo.

Sin ánimo de exagerar, casi la única pega que cabe apuntarle al bloque de Tite radica en el descontrolado individualismo de Neymar, cuyo egoísmo volvió a frustrar demasiadas situaciones propicias para ampliar la ventaja. Los demás observan un proceder muy disciplinado que no les impide ejecutar un amplísimo repertorio, pero Neymar es como es y así todo no deja de ser muy intimidante. Mientras carburan a pleno rendimiento otros, en especial la impecable pareja de centrales o Coutinho y Willian, capaces de alternar pausa y aceleración con absoluta naturalidad, Brasil se antoja el enemigo más indeseable del torneo, varios cuerpos por delante de otros combinados ilustres.

No tiene prisa Brasil, contemporiza sin rubor, pero de repente saca las zarpas y hace auténticos destrozos. Su juego posicional resulta engañoso. Basta que, por ejemplo, Paulinho tire un desmarque por el carril central para que alguien se la ponga en bandeja y la supuesta solidez del rival quede en evidencia. Pasó cerca del intermedio, antes hubo dos avisos de similar factura. En el segundo acto, el guión no experimentó cambios. Posesión y de vez en cuando un latigazo, pero Serbia tenía que reaccionar y a la hora de juego firmó varias aproximaciones.

ANTICIPACIÓN Mitrovic cazó dos servicios de Rukavina en el área chica, no pudo rematar bien y todo quedó en un quiero y no puedo. El siguiente despliegue amarillo desembocó en un córner que Thiago remató con poderío, anticipándose. Es la anticipación una de las armas de Brasil, su fórmula favorita para robar en cualquier zona, virtud que denota una concentración y una lectura del fútbol privilegiadas.

Lo que ocurrió hasta la conclusión fue un encadenado de acciones profundas que mantuvo a Stojkovic en permanente estado de alerta. Gustándose y con un Neymar ansioso por marcar, se asistió a un rondo eterno, un martirio que anuló el carácter combativo de Serbia, que cogió el avión resignada a su suerte. Es muy mal negocio cruzarse con esta Brasil que ha interiorizado la seriedad sin renegar del arte.

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