El personaje

El niño que fumaba tabaco

Milik, en el pasado entrenamiento con Polonia en Rusia. (EFE)

El polaco Arkardiusz Milik, con una complicada infancia de abandonos y delitos, se gana la titularidad en rusia

Arkardiusz Milik, futbolista del Nápoles, es el protagonista de la página mejor escrita del libro de la selección de Polonia. Fue hace cuatro años cuando el joven atacante deslumbró al mundo con un partidazo que supuso el primer triunfo polaco de la historia sobre Alemania. En ese encuentro, Milik compartió delantera con Robert Lewandowski, la gran estrella del país;pero, con gran sorpresa, acabó ensombreciendo al ídolo internacional.

Un reportaje de N. Marcos - Jueves, 28 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Marcó el primer tanto del duelo y fue la pesadilla de toda la defensa germana. De hecho, puede que Jérôme Boateng todavía se despierte al soñar con él, entre sudores fríos. El jugador del Nápoles se convirtió en el héroe de Polonia y, gracias a ello, pasó a ser titular habitual en las alineaciones de Adam Nawalka. Incluso en su debut en el Mundial de Rusia. Sin embargo, aquel encuentro que le cambió la vida tuvo lugar el 11 de octubre de 2014 y la historia de Milik comenzó muchísimo antes.

El internacional nació en el invierno de 1994 en la pequeña localidad de Tychy y casi al instante se enteró de que su vida no iba a ser precisamente fácil. Demasiado pronto le abandonó su padre, así que prácticamente todos sus recuerdos se generaron sin progenitor. Su infancia quedó muy marcada por la desatención que le dio una familia desestructurada, así que a los seis años comenzó a consolarse con los vicios adultos. Le dio por el tabaco y no tardó en acostumbrarse al mal hábito de fumar. Robaba en pequeñas tiendas para acumular unos ahorrillos con los que pagar el deterioro de su jovencísimo cuerpo. Así que apenas había llegado a la década de vida y Milik ya había entrado en un mal camino del que no podía -ni quería- salir.

Con estos antecedentes mucho sorprende verle ahora en el Mundial de Rusia, donde la eliminada Polonia jugará esta tarde (16:00 horas) su último partido. Sin embargo, el devenir de Milik cambió totalmente gracias al fútbol. O, mejor dicho, gracias a su habilidad con la pelota. Con el sueño, más que ambición, de convertirse en jugador profesional, a los 16 años comenzó a destacar en el Rozwój Katowice, club de la Tercera División polaca. Su entrenador de por aquel entonces, Slawek Mogilan, se convirtió en su ángel. Descubrió su potencial y ejerció de padre. Le obligó a dejar de fumar y el joven delantero dejó a un lado su afición por robar. Se centró en el fútbol y enseguida empezó a destacar. Los ojeadores de la Premier se amontonaban en las gradas para verle jugar y regresaban a sus casa con informes más que positivos. Así que Milik no tardó en recibir ofertas para hacer las maletas y viajar a una mejor liga, pero el polaco las rechazó todas. Se sentía muy joven para abandonar todavía su casa. Por muy desestructurada que fuera.

De esta forma, el atacante aterrizó en el Górnik Zabrze polaco, precisamente a las órdenes de Nawalka. El actual seleccionador de Polonia vio su talento. Milik era un brillante en bruto, por lo que le sometió a la presión necesaria para que explotara y, gracias a eso, el joven delantero llegó al Bayern Leverkusen. La Bundesliga era la oportunidad que estaba esperando, pero no cuajó su aventura. Apenas contó para su nuevo técnico y se marchó cedido al Augsburg en busca de unos minutos que allí tampoco le llegaron. Acabó en el Ajax holandés y en su primera temporada se convirtió en su máximo goleador. Milik sonreía. Por fin la vida le regalaba algo bonito: un pasaporte para Italia y una de las mejores ligas de Europa. Dos temporadas lleva ya en las filas del Nápoles y el polaco ha conseguido algo muy complicado en ese club: convertir la sombra de Higuaín en algo muy pequeño. A base de goles, Milik se ha coronado como nuevo rey de San Paolo y ya es indiscutible en las listas de Polonia. Y todo diez años después de apagar su último cigarro.

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