Mesa de Redacción

Intolerantes

Por Igor Santamaría - Jueves, 28 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

L OS jóvenes que asistan a la representación del musical Billy Elliot “corren el riesgo de convertirse a la homosexualidad”. Es el último capítulo de la autoritaria deriva de Hungría en otro ataque contra los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGTBI+), y que no es un hecho aislado en esta Europa de la ultraderecha populista que amenaza a lo que llaman minorías. En Holanda se repartieron panfletos para reclamar la unión de las religiones contra este colectivo, acepción marginal, y en España el número de agresiones se ha disparado en un porcentaje imposible de cuantificar por sesgado, erigiéndose en el principal delito de odio. No son pocas las mentes a lo Botella que aún hoy piensan que “una manzana y una pera nunca pueden dar dos manzanas” y que no harían ascos a prohibir que sonase Mujer contra mujer;a que Batman y Robin, el tebeo de sus hijos, no pudieran pasar por el altar;o a impedir a sus adolescentes ver una reposición de Queer as folk. Basta recordar el pasmo de algunos periodistas de cabecera que elevaron a titular de impacto que Sánchez designase de primeras a dos ministros gais, o los insultos a Carmena por pedir a 100.000 madrileños que tejieran la bandera arco iris que colgaría del Ayuntamiento. Parece lejano el día, como pasa con otras reivindicaciones, en que no haya que subirse a una carroza para airear el orgullo de la diversidad, o no ver que alguien gira la cabeza en el metro si dos chic@s van de la mano. Si Harvey Milk levantara la suya...

isantamaria@deia.com

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