INGLATERRA 0-1 BÉLGICA

Más que especular, aburren

Fellaini y Thorgan Hazard felicitan a Januzaj, autor del gol. (AFP)

En un partido infumable con dos formaciones plagadas de suplentes, Bélgica marca para acabar líder y se cruzará con Japón en octavos, mientras que Inglaterra lo hará con colombia.

José L. Artetxe - Viernes, 29 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

BILBAO - Un estupendo zurdazo a cargo de Januzaj desatascó el partido que enfrentaba a los claros dominadores del Grupo G. Fue suficiente para determinar las posiciones, el meollo de una cita donde paradójicamente el triunfo se antoja más un castigo que un premio. Bélgica que partía con una leve desventaja respecto a Inglaterra a cuenta del factor fair-play (el número de amonestaciones), volteó la clasificación gracias a ese solitario acierto, lo que le emparejará a Japón en octavos y, presumiblemente, a Brasil en cuartos. De ahí que de antemano no estuviesen claras las intenciones de belgas e ingleses, que a su vez tras caer ayer se medirán a Colombia y luego, si vencen, jugarían contra el vencedor del cruce Suecia-Suiza.

Eludir a Brasil, así como a Uruguay, Portugal, Francia o Argentina, que coinciden en el mismo lado del cuadro, parecía un argumento de peso para especular con el resultado de anoche. Desde luego, esta vía no es plato de gusto si se pretende alcanzar la final del torneo;bastante más asequible debería resultar la escalada por el lado opuesto, donde Croacia y España asoman como los combinados más potentes. En fin, que se trataba de un partido propicio para recrearse en las cábalas, práctica que no siempre garantiza el éxito. Ya se ha comprobado, con el adiós de Alemania a modo de demoledor exponente, así que faltaba por descubrir si las declaraciones previas de Gareth Southgate y Roberto Martínez eran o no una pose. Ambos aseguraron que irían en pos de la victoria, sin pensar en lo que les pudiera deparar el futuro.

Saldrían a ganar y punto, dijeron los técnicos y la primera medida que adoptaron para tal fin fue transformar por completo sus alineaciones. Solo dos titulares por bando, un portero y un central: Pickford y Stones, Courtois y Boyata. El grueso del protagonismo recayó en los suplentes. Se entiende que asegurada la presencia en la siguiente fase no quisieran correr riesgo alguno, aunque la disposición no auguraba un espectáculo gratificante. Y desde un inicio se comprobó que no existía ánimo de alterar el orden establecido. Al menos, si de verdad pretendían terminar liderando el grupo, lo disimularon muy bien, unos y otros.

La ausencia de tensión y agresividad fue patente. Inglaterra dio la sensación de que ponía algo más de empeño, pese a que enseguida Bélgica acarició el gol en un par de acciones. Pickford repelió un duro disparo lejano de Tielemans y Stones evitó sobre la línea que el balón entrase tras un lío generado por Batshuayi a la salida de un córner. Menos pimienta hubo en el área opuesta, sin embargo Inglaterra mostraba una pizca de ambición a base de desplazamientos largos y no bromeaba a la hora de fajarse en las disputas. Su problema radicó en la absoluta inoperancia en la zona de creación, donde Dier no dio un solo pase hacia adelante y sus acompañantes hicieron gala de una espesura alarmante.

Si se exceptúa el rigor de los centrales, la brega incesante de Vardy y las arrancadas de Rose por el ala izquierda fueron los únicos síntomas reconocibles de que los ingleses aspiraban a los puntos o a preservar el empate. La aportación de Rashford, Loftus-Cheek, Delph y demás fue paupérrima, un chollo para que Bélgica, pivotando sobre el inalterable Dembelé en el círculo central, acumulase pases y más pases sin ningún afán por profundizar.

SIN AÑADIDO El desolador panorama de la primera mitad se refleja en los siete segundos de añadido que otorgó el esloveno Skomina antes de mandar a los equipos al vestuario. Es que prácticamente no sucedió nada reseñable, por no haber no hubo ni una sola polémica o contratiempo que justificase compensar con más tiempo. La expectativa de un segundo acto que discurriese por derroteros similares invitaba a la deserción. Pero entonces se produjo lo inesperado. Tras un horrible chut de Rashford facilitado por un robo de Vardy, Januzaj decidió desmarcarse la monotonía reinante. No había podido burlar a Rose previamente, así que amagó con recortar y soltó un tiro con rosca imposible para Pickford. A más de uno le pillaría mirando al móvil.

El gol espoleó levemente a Inglaterra. Acaso recordaría entonces las palabras de Southgate o le molestase el simple hecho de verse retrasado en el marcador. El choque adquirió un ritmo superior, que no era nada difícil, y Cortouis pudo por fin estrenar sus manoplas para cortar un pase de la muerte de Loftus-Cheek, que había apurado hasta línea de fondo. Poco después, Vardy, que seguía a lo suyo, a incomodar todo lo posible, realizó una magnífica maniobra y cedió a Rashford el honor del empate, pero este continuaba en Babia.

Pudo equilibrar Welbeck al final, pero también Bélgica estuvo en disposición de doblar su cuenta con Fellaini como punta de lanza. Nada. Ni lo uno ni lo otro. Con mucha pena y ninguna gloria, Bélgica e Inglaterra enfilaron la ducha. Será la semana que viene cuando haya oportunidad de disfrutar de la buena versión de dos selecciones que lo han tenido demasiado fácil hasta la fecha y anoche brindaron una estomagante sesión de aburrimiento.

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