Un desencanto generacional

‘Casi 40’, Llega a los cines el último largometraje de David Trueba

Un desencanto generacional, cuya historia evoca ideas de su novela ‘Tierra de Caminos’

Una modesta gira de conciertos reúne a dos amigos de la juventud, que pondrán en común sus deseos y expectativas frustradas veinte años después de separarse

Un reportaje de Frank Martín - Viernes, 29 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

EN 1996 David Trueba buscaba dos actores jóvenes y no profesionales para rodar La buena vida, su primera película como director. Tras un proceso de casting, encontró a Lucía Jiménez y Fernando Ramallo, dos jóvenes estudiantes de instituto. Y ellos, veinte años después, son los protagonistas de Casi 40, el último proyecto del cineasta madrileño.

“El reencuentro de ambos para rodar esta película funcionaba casi como una trama paralela a la trama real de la película”, presenta Trueba, y avanza que el guion “habla del primer amor y sobre qué significa”. Porque Casi 40 habla de cómo una modesta gira de conciertos vuelve a reunir a dos amigos de la juventud. Ella, cantante de éxito, ya retirada de escena. Y él, que sobrevive como vendedor de productos cosméticos, pretende relanzar la carrera musical de quien fue su amor de la adolescencia. Todo ello a bordo de una furgoneta que recorrerá la España interior mientras dos amigos se debaten entre sus deseos, ambiciones y expectativas frustradas.

La historia recoge tintes de Tierra de Campos, la última obra del director, ya que de hecho el proyecto surgió porque quería “prolongar algunas ideas que estaban evocadas en la novela”. David Trueba -La buena vida, Soldados de Salamina, Vivir es fácil con los ojos cerrados- presenta una road movie empapada de canciones y un humor muy particular. Trueba señala que, para él, el paso del tiempo es “un gran asunto de la ficción” y precisamente esto aborda su último filme. “Pretendíamos hablar de algo difícil de retratar en el cine, cómo la experiencia de vida, el avanzar profesional y personal, te obliga a enfrentarte con las ilusiones y vocaciones de adolescencia”, comenta Trueba. En ese sentido, señala que es inevitable “enfrentarse al recuerdo” y también “salir tocado de él”.

Como si se tratase de un martillo, la película avanzará así por las intimidades de los dos protagonistas, cuyo desencanto, señala Trueba, “es el desencanto de una generación, los que ahora cumplen cuarenta, y que han visto cómo en España se han pulverizado sus ideales de vida y profesión”. De hecho, el madrileño señala que “la precariedad laboral ha alterado la crisis de los 40 tradicional que implicaba cambiar de vida o trabajo, ya que ahora ese trabajo no existe o es precario”. Y cita su anterior largometraje, Vivir es fácil con los ojos cerrados, para ejemplificar que “esta es también una película de un viaje, pero que va más allá de lo geográfico y se convierte en un viaje interior”. En palabras suyas, “a medida que uno avanza en la vida el pasado cobra un peso cada vez mayor y hay que lidiar con eso, algo que de joven ni te planteas”.

Estructura musical La música es uno de los puntos claves de la película, hasta el punto de que Trueba señala que “tiene una estructura de musical, donde las canciones completan esa visión del pasado”. El personaje de Lucía Jiménez interpreta esos temas a lo largo de la película y el viaje. Entre los temas que recoge la película, el director apunta que las ha elegido mirando “que fueran distintas y de distinto color emocional”. Y para ello, continúa, han utilizado tres canciones que gustan mucho a Trueba: Miedo, de Jorge Marazu;Despertarme contigo, de Rebeca Jiménez, y Todo me recuerda a ti, de Señor Mostaza.