PORTERO DE ARGENTINA

Armani, más mono de trabajo que alta costura

La trayectoria del portero, que debutó con Argentina ante Nigeria, ha transcurrido por sendas muy secundarias

Un reportaje de Jon Larrauri - Sábado, 30 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

EN junio de 2010, cuando aterrizó en el aeropuerto de Medellín para incorporarse al Atlético Nacional, nadie fue a recibir a Franco Armani (Santa Fe, 16-X-1986). Ni medios de comunicación a la caza de una frase ni aficionados deseosos de añadir su autógrafo a su colección. Nadie. Y tampoco era de extrañar. El que llegaba a Colombia era un anónimo portero de 23 años procedente del Deportivo Merlo, con el que había jugado en la Primera B -equivalente a Segunda B- y Primera B Nacional -Segunda- de su país. Siete cursos después, hasta 30.000 personas se dieron cita en el estadio Anastasio Girardot de Medellín para despedir con honores de héroe al mismo Franco Armani que había mutado de quinto guardameta de los Verdolagasa gran ídolo de una afición que lloró amargamente cuando el pasado 1 de enero River Plate anunció su fichaje. Por el camino, una brutal metamorfosis que ha convertido al arquero argentino en el jugador con más títulos de la historia de la escuadra colombiana, con un total de trece, y mención especial a la Copa Libertadores de 2016, donde además tuvo una actuación destacadísima.

En la vida profesional de Armani ha habido mucho más mono de trabajo que oportunidades para lucir traje de alta costura. Como muestra de ello, basta con recordar que su debut con la albiceleste no le ha llegado hasta los 31 años, aunque ha acabado produciéndose en un escenario de relumbrón, un Mundial, y con Argentina al borde del precipicio.

Si en su país eran legión los que pedían su titularidad antes incluso de que arrancara el evento de Rusia, el flagrante error de Willy Caballero en el segundo encuentro de la fase de grupos ante Croacia le abrió definitivamente el camino para colocarse bajo palos en la contienda decisiva ante Nigeria. Y tras una primera parte relativamente tranquila, Armani actuó con solvencia en las ocasiones en las que la selección africana rondó su portería tras el descanso. Nada pudo hacer para detener el penalti de Victor Moses, pero su partido le servirá para volver a figurar hoy en el once inicial de la albiceleste en su duelo de octavos de final ante Francia. No esta nada mal para alguien que se llegó a plantear buscar su sueño mundialista por la ruta colombiana, el país de su esposa. De hecho, hace escasos tres meses los medios de comunicación de este país todavía especulaban con esta posibilidad ante la ausencia de seguridad sobre su convocatoria por parte de Jorge Sampaoli, algo que finalmente acabó produciéndose.

La trayectoria profesional de Armani siempre ha transitado por sendas secundarias, lejos de los principales focos del fútbol de su país. Formado en las categorías inferiores de Central Córdoba y Estudiantes de La Plata, no sería hasta los 21 años cuando debutó en la segunda división argentina de la mano de Ferro Carril Oeste. Y de ahí tuvo que bajar incluso un escalón, que recuperó el curso siguiente al ascender con el Deportivo Merlo. En el verano de 2010, la fortuna quiso que el Atlético Nacional estuviera de gira por Argentina y concertara un amistoso contra el conjunto en el que militaba Armani y que este cuajara una brillante actuación. La entidad colombiana le fichó de inmediato.

Aquella incorporación pasó desapercibida en primera instancia. De hecho, el de Santa Fe arrancó como quinto portero su andadura en su nuevo club. En una entrevista en El Gráfico, recordaba que aquel año solo jugó un partido, que además su equipo perdió en los penaltis, y que se veía obligado a trabajar a diario en una esquinita de los campos de entrenamiento, ajeno a la acción principal. “Por la mañana hacía turismo y luego me pasaba las noches llorando”, recordaba. El curso siguiente comenzó a jugar en Copa;en 2012, más de lo mismo, y justo cuando tuvo la tentación de regresar a Merlo se destrozó una rodilla. Regresó a la actividad en 2013, como suplente, pero poco a poco comenzó a asentarse hasta acabar convertido en un ídolo deportivo y social para el club.

Títulos de Liga, de Copa, de Supercopa... y así hasta trece, con brillo especial para el título de la Libertadores en 2016 y una actuación portentosa en cuartos contra Rosario Central que recordó a Argentina que allí había un portero muy a tener en cuenta. Finalmente fue River Plate el que le acabó reclutando. A la albiceleste también le costó empezar a contar con él. Así ha sido siempre para Armani: más mono de trabajo que alta costura.