Tribuna abierta

Ridículo ‘cum laude’

Koldo Mediavilla - Sábado, 30 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

ALFONSO Alonso, jefe de los populares vascos, había acudido la pasada semana al Parlamento de Gasteiz para escenificar su ruptura con el PNV. El dirigente alavés aprovechó una pregunta dirigida al lehendakari para que la hiel de su discurso aflorara sin tapujos;“No me quedan razones para confiar ni en el PNV y en el Gobierno vasco”. El Partido Popular del País Vasco rompía cualquier posibilidad de acuerdo con los nacionalistas y dirigía sus pasos hacia una feroz campaña de oposición contra el Gobierno vasco, aunque en su itinerario parlamentario tuvieran que sumar sus votos a los de EH Bildu o Elkarrekin Podemos. Cuando la represalia dirige el timón de la acción política, ni la coherencia ni la responsabilidad o el sentido común hacen variar el rumbo de una catástrofe anunciada. Porque en esa trayectoria de visceralidad ciega, el resultado siempre conduce al fracaso y al desastre. Un destino al que el PP vasco se dirige a toda velocidad según aseguran todas las encuestas de carácter electoral. En tal sentido, veremos las consecuencias de lo anunciado por Alonso. Lo percibiremos en el Parlamento Vasco donde el PP se ha alineado en el frente del No y allí instalado será implacable en su rechazo a todo lo que la mayoría gubernamental pueda plantear. Aunque en el castigo cometan incoherencias difíciles de argumentar. Cuando eso ocurre, que termina pasando, se traspasa el límite de lo irresponsable a un terreno aún más pernicioso;el ridículo.

En ese campo de lo estrafalario, hay populares que tienen un pedigrí acentuado. Son los ridículos esféricos. Sin aristas. Los tomes por donde los tomes, siempre ridículos. Un ejemplo palmario;los dirigentes del PP en Getxo.

En su mejor momento, disputaron y pugnaron por el liderazgo en el segundo municipio vizcaino. Sin embargo, hoy su deriva hacia el esperpento les sitúa en pleno declive. Cuesta abajo y, sin frenos. Y aunque pretendieron corregir tal decadencia volviendo a la senda del acuerdo y la oposición constructiva, su irreductible altanería les devolvió a la pérdida del equilibrio. Y ya se sabe, cuesta abajo, lo esférico rueda sin parar.

Ellos, como el Abundio del chiste, rompieron en el consistorio getxoztarra “porque sí” lo que acababan de calificar de un “buenísimo acuerdo presupuestario”. Lo hicieron para “fastidiar al PNV”. Al PNV que pretendía “una raza aria” en Euskadi. Los damnificados por su rabieta no fueron los jeltzales, sino ellos mismos, presentados una vez más ante la ciudadanía como auténticos chiquilicuatres.

En junio de hace dos años, los mismos concejales populares de Getxo tuvieron la ingeniosa ocurrencia de solicitar al ayuntamiento vizcaino la instalación de pantallas gigantes en las plazas y calles de la localidad para poder ver los partidos de fútbol de la Eurocopa y “animar a la Roja” teniendo en cuenta, además, que “en las próximas fechas la Selección Española de Fútbol disputará la semifinal y muy probablemente la final”.

La moción ni tan siquiera tuvo que sustanciarse. Italia se encargó, con dos goles, de disipar cualquier duda de la predicción populareliminando a la escuadra que por entonces entrenaba Del Bosque en octavos de final. Y el PP de Getxo volvió a hacer el más estruendoso ridículo.

Pero, por lo visto, no escarmentó. El pasado martes, el mismo protagonista -el Partido Popular de Getxo- anunciaba la presentación de otra moción en el pleno municipal en la que solicitaba, nuevamente, la instalación de pantallas gigantes en diversas plazas y parques del municipio “para poder disfrutar de los partidos de fútbol del Mundial” y para “animar a la Roja”. No habían escarmentado de la experiencia pasada y la moción fue presentada y defendida por el PP. Enmendada por el edil de Ciudadanos y, finalmente, derrotada por la mayoría política en el último pleno.

¿Pantallas gigantes para seguir el mundial? ¿Para animar a la roja? Si acaso hubieran anunciado para conocer en directo y a todo detalle el próximo congreso del Partido Popular quizá su iniciativa hubiera tenido mejor fortuna. Porque el cónclave del PP comienza a presentarse interesantísimo. Como un serial de Los Soprano o de Granjero busca esposa.

Vaya por delante mi respeto absoluto al procedimiento interno del Partido Popular. Ojalá esta aventura democrática les salga bien.

Pero, dicho esto, creo que hay datos que llaman la atención. El primero tiene que ver con el hecho de que el procedimiento de elección tiene una primera parte abierta directamente a la afiliación. Y aquí es donde surge la curiosidad. Si el PP se vanagloriaba de tener 865.000 militantes en todo el Estado, ¿cómo es posible que para votar por primera vez a quien pueda ser su presidente solo se hayan apuntado 64.523 militantes? ¿Estaba “hinchado el globo” de la afiliación o acaso el proceso electoral no resulta atractivo para las bases populares? Resulta especialmente llamativo que en la Comunidad Autónoma Vasca tan solo haya 618 afiliados del PP con derecho a voto (306 en Bizkaia, 224 en Araba y 88 en Gipuzkoa). Suena como a broma. Es como hacer un congreso en un portal.

Una segunda lectura sugerente. De ser un partido que determinaba quiénes iban a ser sus líderes por cooptación -el dedazo-, el PP ha pasado a tener, ni más ni menos, que seis candidaturas para la presidencia en disputa. Esa amplia lista de elegibles y el hecho inédito de ser la primera consulta general a la militancia, hace que cualquier previsión de futuro resulte imprevisible. Hay algunas candidaturas que suenan más que otras, pero nada en este proceso resulta definitorio de una certidumbre última. Es más, en los entornos del Partido Popular se señala que, frente a todo pronóstico, quien más simpatías y apoyos parece haber concitado entre la militancia es Pablo Casado. Casado representaría en la pugna interna a la alternativa avalada por FAES -la fundación que preside y maneja Jose María Aznar-. Una propuesta cuya pretensión sería, como ya lo advirtiera el expresidente, “recomponer el centroderecha español”. De ahí cobran sentido las palabras de Casado de querer reconquistar el electorado que huyendo del PP se afincó en Ciudadanos y en Vox.

Militantes activos del PP no descartan sorpresas en esta carrera interna que comenzará a decantarse a partir del día 5 de julio, fecha en la que la militancia inscrita podrá optar entre los seis candidatos presentados. Los dos que más apoyos cosechen pasarán a una segunda vuelta en la que solamente participarán los compromisarios del congreso a celebrar los días 20 y 21 del próximo mes.

La sorpresa que desde sectores conservadores se apunta, vuelve a citar a Casado. El más joven de los presidenciables parece haber entrado fuerte en la ruta electoral interna. No solo por su número de avales sino porque, según se comenta sottovoce, pudiera tener un acuerdo tácito con Núñez Feijóo, el presidente de la Xunta que todo el mundo alababa como presidente in pectore pero que, en el último extremo, dio la espantada renunciando a su nominación mientras durase su mandato en Galicia.

Tras su renuncia, Núñez Feijóo dejó abierta la posibilidad de optar a la presidencia del PP el año 2020 por lo que no es descartable que entre él y Pablo Casado pudiera haber una agenda oculta. Señalar que Galicia dispone de 4.222 posibles votantes populares, una de las comunidades junto a Valencia, Andalucía y Castilla-León que más sufragios internos concentra.

La alternativa de Pablo Casado tendría, además, un factor indiscutible a su favor. El discurso utilizado por el joven que “tiene más futuro que pasado” según sus propias palabras, es el que mejor entiende el afiliado del PP. Un discurso duro, dogmático, implacable. Para los de dentro y los de fuera. El militante de base popular, escocido por la situación que vive su partido, quiere argumentos de rompe y rasga, no pasteleos ni cambalaches internos. Y Pablo Casado, también aquí parece el más listo de su clase.

Lo que ocurre es que cuando se utiliza la brocha gorda para perfilar, cuando se matan moscas a cañonazos, se corre el riesgo de hacer el bobo.

Como diría Forrest Gump, bobo es el que hace bobadas. Y una bobada, y muy grande, fue afirmar -lo hizo en un incendiario discurso en Altsasu- que “el euskera no es el idioma de Navarra”. Casado, máster en muchas cosas y licenciado exprés en otras, debería conocer que ya en el año 1167, en el pergamino de Aralar aparecía la expresión linguae navarrorum, la lengua de los navarros, en referencia a euskera. Pero, seguro que el día que lo explicaron, Casado no fue a clase. Estaría con sus compañeros de Getxo convalidando un curso de “ridículo cum laude”.