octavos de final

Reciclaje con la anfitriona

Diego Costa y Sergio Ramos bromean con Marco Asensio ayer en el estadio Luzhniki, escenario del España-Rusia. (EFE)

España se examina en octavos de final, donde busca ofrecer la imagen de juego esperada y cercar su área frente a una rusia que encuentra en su mundial su gran oportunidad

Roberto Morales - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

moscú - España busca regresar a la brillantez perdida en el Mundial 2018, una vez alejada la presión del grupo con planteamientos defensivos rivales que la impulsaron a una pérdida de identidad pero no del liderato, que le sitúa en un camino sin grandes hasta la final, pero con la anfitriona como primer examen. Encara la selección española el momento de demostrar el gen competitivo que le impulsó a dominar el mundo en cuatro años recientes de gloria. Con un recambio generacional pero con supervivientes de la Generación de Oro para asesorar ante la exigencia. En la llegada del todo o nada, asoma Rusia como primer rival de un camino liberada de selecciones campeonas del mundo.

No compite en un escenario similar España desde la final de Johannesburgo, cuando un Iniesta que da sus últimas entregas de magia sobre el césped en Rusia 2018 sin librarse del debate, marcó el tanto para la eternidad. Casi ocho años después regresa a los cruces de un Mundial con la necesidad de rememorar la imagen de una inmaculada fase de clasificación y la mostrada en los amistosos de enjundia que disputó.

Es uno de los puntos a mejorar en ese traspaso de poderes traumático que representó el adiós inesperado de Lopetegui y la solución de urgencia en Hierro. España sigue tocando (líder del Mundial con 2.294 pases y segunda con un 66% de posesión), pero corre más que nunca cuando no tiene la pelota (la quinta que más kilómetros recorre). Su mal repliegue defensivo y la falta de intensidad, con menos de diez faltas por partido, son aspectos a corregir con urgencia.

Es el momento de Hierro. Los focos apuntan al director deportivo que pasó a ser entrenador inesperado. La hora de demostrar si tiene madera de buen técnico con los retoques que se piden a gritos. Tácticos y de nombres. No afectarán a la portería, donde ha vuelto a confirmar a un De Gea que está sufriendo. Los cinco goles en seis disparos que plasman la endeblez defensiva de España no son lo peor. Su imagen, abstracta y sin transmitir seguridad, la debe enterrar para mostrar que es más de lo que ofrece.

Tampoco se presumen modificaciones defensivas en una zaga con aspecto de intocable. Su coartada al sufrimiento fueron los espacios que se generan por la soledad de Busquets. Es donde aparece el nombre de Koke como novedad para reencontrar el equilibrio. Desde ahí Hierro debe decidir como atacar. Con un punta fijo, Costa, o dos nueves, añadiendo a Aspas. Si con los bajitos que se asocian en un palmo -Isco, Iniesta y Silva- o la entrada de extremos que añadan variantes -Lucas Vázquez y Asensio-. La coctelera se ha movido y el resultado solo lo sabe Hierro.

El foco de la crítica apunta a un Silva intrascendente, víctima de otro Mundial sin estrella. Ni un pase al delantero, un solo intento de regate, ocho intentos de disparos y solo uno a puerta y de balón parado. Lejos de su influencia puede dejar paso a Asensio para ver si se convierte en una de las sensaciones. España necesita alegría y su fútbol encaja en el perfil.

Un duelo sin precedentes en un Mundial pero con recuerdos que trasladan al inicio de la etapa dorada del fútbol español. Hace diez años hasta en dos ocasiones derrotó España a Rusia en la Eurocopa de Austria y Suiza. La última con goleada en semifinales cuando había saltado todas las barreras a sus miedos de cuartos en los penaltis ante Italia. Tiempo después, la anfitriona aparece como un equipo de pegada y verticalidad.

Rusia recuperó a tiempo a todos sus jugadores para los octavos de final. Todo apunta a que el seleccionador ruso, Stanislav Cherchésov, repetirá el equipo de la segunda jornada, tras dar descansos ante Uruguay, cuando cayó 0-3. Fue el partido que frenó la euforia en la que se instaló la anfitriona tras golear en sus primeras citas, 5-0 a Arabia Saudí y 3-1 a Egipto.

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