Con la venia

Ir a Madrid

Pablo Muñoz - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 12:08h.

El que Pedro Sánchez hubiera convocado el primero al lehendakari, Iñigo Urkullu, para sus encuentros con los presidentes autonómicos no es ningún tratamiento especial, ya que el vasco fue el primero de los estatutos en entrar en vigor en la etapa de las autonomías. Era un encuentro correcto y por su orden. Lo que sí llamó la atención fue la premura con la que Sánchez convocó al lehendakari, casi como un acto ininterrumpido de su investidura y después de proclamar el carácter de socio preferente para el PNV.Lo que no era normal y estaba fuera de todos los criterios de esa tarea que ahora denominan gobernanza es que Mariano Rajoy hubiera ignorado al lehendakari durante los últimos cinco años y no se reuniera con él ni siquiera tras acontecimientos tan relevantes como el nuevo tiempo sin ETA y las iniciativas institucionales para la reconciliación. Rajoy, el ectoplasma, se refugió en su fortaleza de La Moncloa e ignoró las reiteradas demandas del lehendakari sobre las transferencias pendientes y la revisión de la política penitenciaria. Solo a iniciativa de Urkullu han tenido lugar esporádicos contactos telefónicos como los efectuados para evitar que el presidente español hiciera el ridículo internacional y se le ocurriera interferir en el desarme de ETA.El lehendakari Urkullu fue a Madrid, por supuesto, donde en realidad pueden gestionarse de manera realista los asuntos bilaterales. Y no volvió de vacío. Con la que ha caído y está cayendo, no podían ser más productivas dos horas y media de reunión. Tras un paréntesis casi de décadas, no es despreciable acordar la creación de sendas comisiones para negociar las trasferencias pendientes y para modificar positivamente la política penitenciaria. En principio, además, no parece que se hayan impuesto limitaciones y se abre un camino en el que será clave la habilidad de los negociadores y la interpretación realista de la coyuntura política.No es bueno echar las campanas al vuelo y enardecer las expectativas, pero el encuentro entre Sánchez y Urkullu ha supuesto una reorientación de las relaciones bilaterales que con el Gobierno del PP eran puro monólogo, desdén y distancia. Quienes todavía sostienen que no hay nada que hacer en Madrid y blanden este principio como consigna en la dialéctica parlamentaria, tendrán que proponer otra fórmula válida para acrecentar el autogobierno frente a una feroz recentralización y para enmendar una política penitenciaria basada en la venganza. La experiencia autista que desde la unilateralidad ha hecho fracasar estrepitosamente el procés catalán contrasta con la reivindicación del diálogo que ha venido demandándose desde el independentismo catalán a Madrid. Guste o no, es absolutamente irreal prescindir de los acuerdos con el Gobierno central para asentar las bases del autogobierno y, como demanda social apremiante, resolver la situación injusta provocada por la política penitenciaria que el PP ha mantenido hasta la crueldad.Por supuesto, será necesario un seguimiento vigilante de los compromisos que se han derivado de la reunión bilateral entre Sánchez y Urkullu, pero está claro que este ámbito de diálogo es ineludible y que la ocasión es francamente propicia para que Euskadi saque partido de las circunstancias favorables que se presentan ante esta nueva etapa. Hay un dicho popular que se escucha bastante por estas tierras: “A Madrid, ni a heredar”. Una reflexión quizá basada en el escarmiento y en el ninguneo de la metrópoli a la periferia. Sin embargo, a Madrid conviene ir cuando las circunstancias fortalecen al periférico y el centro se ve necesitado de apoyo. Así es la política y así se ha venido avanzando, a impulsos, pero con inteligencia y realismo.En este momento, el discurso político incluye transferencias nunca toleradas como la Seguridad Social o las prisiones. Añádase a ello el reconocimiento sin subterfugios del fin escalonado de la dispersión, y podrá llegarse a la conclusión de que un viaje a Madrid en el momento oportuno vale más que todo un calendario de manifestaciones a fecha fija.

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