Psiquiatra de Osakidetza y psiquiatra evolucionista

Pablo Malo Ocejo: “El acoso no se puede erradicar, pero sí reducir a su mínima expresión”

Pablo Malo Ocejo.

Según los expertos, el acoso es una conducta innata en animales jerárquicos como los humanos, pero dependiendo del ambiente podría lograrse que no se llegara a activar

Una entrevista de Rubén Olveira Araujo Fotografía de Oskar González - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Bilbao - En todas las especies donde existe una jerarquía social, desde los primates hasta los leones, hay acosadores. Con este hecho como premisa, Pablo Malo Ocejo, psiquiatra de Osakidetza especializado en psiquiatría evolucionista, hizo un recorrido de la historia del acoso desde una perspectiva evolucionista en el segundo simposio de la Asociación para el Progreso de la Salud Mental (APS), un encuentro en el que se profundizó en este tipo de agresiones que ocurren desde la escuela hasta el mundo laboral.

La evolución es la madre de todas las historias. ¿También del acoso?

-Así es, porque el acoso no es un fenómeno exclusivamente humano, sino que también se da en primates, en mamíferos, en aves… Incluso los pollos tienen una jerarquía, un orden de picoteo. ¿Por qué? Porque en animales jerárquicos el acoso es una manera de subir en esa jerarquía: si yo agredo y machaco la cabeza del otro puedo escalar y ocupar su lugar. Y los humanos no somos ninguna excepción en esto. No hace falta más que comparar cómo los chimpancés forman alianzas y van unos contra otros con las formas de funcionar de una empresa o de un ayuntamiento y advertiremos que las diferencias no son tantas como pensamos.

Existen diferentes tipos de acoso, pero ¿de qué estamos hablando cuando nos referimos al acoso en general?

-Principalmente, a una conducta agresiva y repetitiva que ejerce alguien de más poder sobre alguien de menos poder. Es decir, golpear a alguien durante un cabreo no es acoso, pero si yo sistemáticamente voy a fastidiar tu reputación con un objetivo claro, que es hacerte de menos a ti para yo ser visto como alguien más importante, eso es el acoso.

¿Por qué surge evolutivamente el acoso?

-Tal y como he dicho antes, para escalar en la jerarquía. El que está más arriba va a tener más comida, va a tener acceso a las mejores hembras o a los mejores machos, etc. Cuando hay un nicho, una oportunidad en el ambiente, van a surgir conductas que aprovechen ese nicho.

¿Hay diferencias sexuales respecto al acoso tanto cuantitativa como cualitativamente hablando?

-Efectivamente. En general, muchos de los problemas a los que tienen que enfrentarse los machos y las hembras son comunes, como la necesidad de alimentarse, pero luego existen otros típicos de cada sexo que modifican sus conductas de acoso. Los machos, sin ir más lejos y en lo que a cantidad se refiere, siempre han tenido que competir entre ellos y de ahí que tiendan a ser más agresivos. Y es destacable que la mayor parte de las víctimas, en torno al 80%, también sean hombres. A las hembras, en cambio, no les compensa tanto pelear físicamente, porque puede generar daños a su aparato reproductor, por lo que no compiten tanto física como psicológicamente. En nuestra especie, por ejemplo, atacando la reputación de tu rival, sus conductas sexuales, su físico, etc., para quitártela un poco de en medio.

Resulta casi herético hablar de probabilística desde una perspectiva evolutiva, pero ¿habría sido improbable que surgiera el acoso?

-A toro pasado, si ha surgido es que era muy probable. Al final, la evolución va probando mutaciones y posibilidades hasta que por puro azar encuentra una brecha que le dé un rendimiento y, si sale rentable, no usar esa posibilidad es inconcebible. La naturaleza es amoral y no piensa en cosas buenas o malas, sino en la supervivencia de los genes. Es como un niño: si algo tiene la posibilidad de fallar, el niño dará con ello tarde o temprano.

Volviendo a los hechos, ¿podría decirse que la agresión en general y el acoso en particular son innatos?

-Sí, tenemos esa predisposición a actuar de una forma agresiva para conseguir nuestros objetivos. Pero ojo, siempre y cuando el coste-beneficio nos salga rentable. Por ejemplo, es muy improbable que me ponga agresivo contra alguien que es más fuerte que yo, porque tengo las de perder. Aunque todo esto también depende de cuánto tenga que perder: si no tengo nada, de perdidos al río. Consciente o inconscientemente, recogemos una serie de claves del entorno para decidir qué conducta nos compensa y precisamente ahí es donde tenemos que trabajar como sociedad.

¿Cómo?

-Grosso modo, habría dos vías. La primera, mediante el castigo, para conseguir que el coste de las conductas agresivas y entre ellas el acoso salgan tan caras que frenen la tentación de llevarlas a cabo. Es decir, hay que hay que ser firmes e imponer. Pero con eso no basta, porque la búsqueda de un mayor estatus está en nuestros genes, en nuestra naturaleza. Por eso, al tiempo que cortamos una vía de escalar en la jerarquía que no consideramos moralmente aceptable, hay que proponer otras maneras de subir, porque el acoso no es la única forma.

¿Por ejemplo?

-A través del prestigio: siendo un buen músico, un gran deportista, etc. Se trata de una vía prosocial de subir en la jerarquía sin atacar a los demás. Es más, ocurre lo contrario que con el acoso: no eres tú el que consigues un mayor estatus, sino el resto quien te lo promociona.

Es decir, aunque la predisposición al acoso sea innata la solución está en el ambiente.

-Por supuesto. Al final, los genes no son más que programas que se activan o permanecen desactivados dependiendo del ambiente con el que interactuemos. Por eso tenemos que construir una sociedad donde la agresión no obtenga rédito, donde ser agresivo no compense y así, aunque sigan ahí, no salgan los instintos agresivos. Que algo sea innato no lo convierte ni en bueno ni en malo ni tampoco implica que se vaya a utilizar sí o sí. Y por supuesto, también ayudaría construir una sociedad menos competitiva.

¿Menos competitiva?

-Así es. El acoso surge de la necesidad, en un momento en el que los recursos para la supervivencia son finitos. Para sobrevivir la evolución crea la competición. Es más, podría decirse que la evolución en sí misma es un tema de competición por la supervivencia. Lo que ocurre es que aunque la supervivencia esté asegurada, la competición sigue vigente y no basta con tener suficientes recursos, sino que se querrá tener los mejores. Y para esto no hay un límite a partir del cual se pueda dejar de desear más. Porque 3.000 euros están muy bien mientras haya mileuristas, pero cuando casi todos cobren 5.000 será una basura. Todo va en comparación a los demás, porque la evolución es esa carrera por no quedarse atrás.

Entonces, ¿es utópico o no soñar en un mundo sin acoso?

-La violencia se ha reducido mucho en el último siglo y con respecto al acoso también se ha progresado. Esa es la línea: reducir el acoso a su mínima expresión y a día de hoy todavía podemos reducirlo muchísimo más. Pero de ahí a erradicarlo… A no ser que hagamos un mundo justo, igualitario, donde todos tengamos lo mismo, es imposible quitar el acoso. Y a corto plazo no veo que podamos hacer un mundo así. Es más, siempre habrá gente que, por tener mucha predisposición, tienda a la agresividad y al acoso. El caso más extremo serían los psicópatas: siendo el 1% de la población, son más agresivos, cometen más actos antisociales y sabemos que tienen un componente genético y hereditario. Pero eso no quita que no podamos trabajar por un mundo en el que haya menos desigualdades, más igualdad, más justicia social y que cada vez sea menos necesario ese acoso. A eso hay que aspirar.

“Los humanos tenemos una predisposición a actuar de forma agresiva para lograr nuestros objetivos”

“Que algo sea innato no lo convierte ni en bueno ni en malo ni tampoco implica que se vaya a utilizar sí o sí”

“Hay que construir una sociedad donde la agresión no obtenga rédito y así no salgan esos instintos”

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