España cae en los penaltis ANTE LA ANFITRIONA

El fútbol español no da para más

Azpilicueta, Ramos, Alba e Iniesta, abandonando abatidos el campo. (EFE)
Sergio Ramos se lamanta en la tanda de penaltis. (AFP)
La selección española, eliminada ante Rusia. (EFE)
Sergio Ramos celebra su gol. (AFP)
Artem Dzyuba celebra tras marcar el empate. (AFP)
Varios jugadores de España protestan al árbitro. (EFE)
Jordi Alba salta con Roman Zobnin. (AFP)
Fernando Hierro habla con sus jugadores antes del inicio de la prórroga. (EFE)
Carvajal lucha con Fedor Kudryashov. (EFE)
Mário Fernandes con Iniesta. (EFE)
Diego Costa conduce el balón ante Daler Kuzyaev. (AFP)
Mario Fernandes intenta evitar que salga la pelota. (AFP)
De Gea intenta parar un penalti. (AFP)

La ultradefensiva Rusia tumba en los penaltis a una selección que vuelve a ofrecer una versión plana pese a monopolizar la posesión

José L. Artetxe - Lunes, 2 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

España 1 (3)

Rusia 1 (4)

ESPAÑA: De Gea;Nacho (Min. 70, Carvajal), Piqué, Sergio Ramos, Alba;Busquets, Koke;Isco, Silva (Min. 66, Iniesta), Asensio (Min. 104, Rodrigo);y Diego Costa (Min. 80, Aspas).

RUSIA: Akinfeev;Mario Fernandes, Kutepov, Kudriashov, Ignashevich, Zhirkov (Min. 46, Granat);Zobnin, Kuziaev (Min. 97, Erokhin);Samedov (Min. 61, Cheryshev), Golovin y Dzyuba (Min. 65, Smolov).

Goles: 1-0: Min. 11;Ignashevich, en propia puerta. 1-1: Min. 41;Dzyuba. Tanda de penaltis: 1-0: Iniesta. 1-1: Smolov. 2-1: Piqué. 2-2: Ignashevich. 2-2: Koke falla. 2-3: Golovin. 3-3: Ramos. 3-4: Cheryshev. 3-4: Aspas falla.

Árbitro: Bjorn Kuipers (Holanda). Amonestó a Piqué (Min. 40) por España;y a Kutepov (Min. 54) y Zobnin (Min. 71) por Rusia.

Incidencias: 78.011 espectadores (lleno) en el estadio Luzhniki de Moscú.

Bilbao - Lo que mal empieza… España entró en el Mundial ofreciendo una imagen lamentable con el asunto del seleccionador, no levantó cabeza sobre el césped, cosechando una victoria por la mínima y dos empates, tres con el obtenido ante Rusia, en partidos todos ellos presididos por un fútbol pretendidamente interesante aunque desprovisto de enjundia, y ayer cayó en la lotería de los penaltis, tras firmar otro ejercicio de impotencia ante un enemigo menor que buscó con descaro el desenlace ya conocido. Poco puede alegar el combinado de Fernando Hierro, que ha insistido en desarrollar una propuesta chata, sin mordiente arriba y de dudosa fiabilidad en defensa. No haber probado sobre la marcha un registro distinto, a la vista de que cada cita evidenciaba que los rivales le tienen cogida la medida, le ha conducido a una eliminación prematura a tenor de las expectativas creadas.

Promete el debate que se va a montar en torno a lo que es y lo que ha hecho España en este Mundial, pero cualquiera afirmaría que se cierra un ciclo. Lo mismo se dijo después de Brasil 2014 y los retoques introducidos se han revelado inútiles, por lo que se intuye el empleo del bisturí. Esto es, la jubilación de la vieja guardia, de los supervivientes de la España que asombró al planeta y, seguramente, la revisión a fondo de unos conceptos que ya no sirven para competir con garantías, que alcanzan para superar por la mínima a Irán y poco más.

Lo presenciado ayer resume con precisión en qué se ha convertido España. Frente a una Rusia que asumió sin rubor su inferioridad delante de 70.000 seguidores, acumuló cerca de 800 pases en 90 minutos -más del millar en el 120-, marcó un solo gol de rebote en un defensor local a la salida de una falta, dirigió su primer remate a portería con la prórroga encima y concedió el empate a un equipo que atravesó la divisoria cuatro veces en un error grueso saldado con penalti. En definitiva, volvió a interpretar fatalmente el significado de la posesión.

El famoso tiki-taka posee sentido si sirve para defenderse y al mismo tiempo generar situaciones de peligro. Tal era su función en otras épocas, pero cuando no evita apuros en área propia y tampoco permite invadir la ajena, el resultado es sencillamente insufrible. Una cansina y eterna sucesión de pasecitos al pie en zonas intermedias que fomenta el repliegue concienzudo del otro equipo. Antes España martirizaba con pelota, desgastaba a sus rivales, les dejaba claro que apenas podrían amenazarle y además, quizá sin la contundencia o frecuencia de otras potencias futbolísticas, acababa dando con los resquicios para sentenciar. Hoy, ese patrón, cuyo origen se sitúa en la mente de Pep Guardiola y fue aplicado a rajatabla por su Barcelona, no cuenta en España con las piezas precisas para su ejecución.

El modelo que causaba admiración y tantos se empeñaron en imitar se ha ido difuminando y ha derivado en una copia donde la seguridad y la soltura apenas comparecen. Isco, cual llanero solitario, desplegó un esfuerzo supremo por reeditar viejos laureles mientras los demás asistían estáticos a sus maniobras y once rusos se empeñaban en impedir la mínima colaboración que el andaluz hubiese precisado. Tapar a Isco era la clave, el resto se anulaba por sí mismo. Stanislav Cherchesov había impartido una consigna y sus hombres obedecieron a rajatabla. Ni el infortunio materializado en el placaje sobre Ramos que de espaldas al balón protagonizó Ignashevich varió el plan.

Continuó España sumando pases y más pases sin visitar a Akinfeev, a la postre el héroe de la tarde. A Hierro tampoco pareció incomodarle el escenario, si bien torció el morro en el instante en que Piqué se apuntó la pifia habitual para agregarse a la lista donde ya figuraban De Gea y Ramos. En un córner, el catalán dejó arriba el brazo izquierdo que frenó el balón impulsado por Dzyuba. Penalti de libro que obligaba a reiniciar el choque. Por supuesto, Rusia siguió en sus trece en el segundo tiempo, no le había ido nada mal prescindir del ataque y gestionaba un empate, su máxima aspiración.

Akinfeev estuvo inédito durante cuarenta minutos. Hierro tardó en refrescar la delantera, pero se quedó en un cambio de cromos, Aspas por Costa, en vez de arriesgar una pizca retirando un defensa o un medio de los muchos que se pasaban la pelota como el funcionario blande su tampón en la oficina. No era mucho pedir con Rusia colgada del larguero, pero. Iniesta y Aspas en la misma acción forzaron al meta ruso y con semejante balance era complicado eludir la prórroga. El señalado De Gea, que ya se sabe que en las malas conviene cargarle a alguien la culpa, empezaba a temerse lo peor.

Y en efecto, tampoco la media hora extra resolvió nada. España, por fin con una doble punta al sumarse Rodrigo, acarició el gol en un poderoso avance de este que agrandó un poco más la figura de Akinfeev. Rusia se sostenía en pie a duras penas y la gasolina en España también escaseaba. Aún así, Isco quería, pero era insuficiente para doblegar a un combinado que consumía agónicamente cada minuto porque ya tenía a tiro el objetivo que con tanto afán había perseguido.

Qué duda cabe que la actitud de Rusia dista de la ejemplaridad desde la perspectiva del aficionado que espera que el Mundial sacie su hambre de fútbol, pero la actuación de España dejó asimismo mucho que desear. Y unos por otros resultó inevitable apelar a la tanda de penaltis para determinar la identidad del cuartofinalista. Koke y Aspas se estrellaron en el instinto de Akinfeev y entonces, España rompió a llorar.

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