españa cae en octavos de final

Pegapases (1.137) F. C.: un partido cobarde

Fernando Hierro transmitió a los jugadores sus miedos a cometer nuevos errores y diseñó un partido cobarde ANTE UN RIVAL INOFENSIVO Y ACOMPLEJADO por LA JERARQUÍA DE eSPAÑA

Julián Goikotxeta - Lunes, 2 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

bilbao - La selección española partía en la previa del Mundial de Rusia como una de las grandes favoritas para ganar el título, y se va en los octavos de final después de haber ganado tan solo un partido de los cuatro disputados frente a rivales, salvo Portugal, que se pueden catalogar de menores, como son Irán (su única victoria, con apuros y mediante un autogol), Marruecos (empate en el último minuto y bajo la intermediación del VAR) y finalmente Rusia, que tan solo tiró una vez a puerta, la pena máxima señalada por mano en el área a Gerard Piqué. Este accidente le fue suficiente al equipo anfitrión para empatar, defender luego como un tesoro el gol de Dzyuba, aguantar con mucha fe en la prórroga y encomendarse a la lotería de los penaltis. Sucede que la selección de Fernando Hierro, que no piensa dimitir asumiendo el evidente fracaso, ni tan siquiera pudo batir a Akinféev en los 130 minutos largos que duró el encuentro. Hasta de eso se encargó un ruso, lIgnashévich, que perforó su propia portería mientras porfiaba con Sergio Ramos para impedir su remate en una falta lanzada al segundo palo por Asensio.

De lo malo, en el anterior Mundial, en Brasil 2014, la selección española no pasó de la fase de grupos, luego algo ha progresado en Rusia.

En vísperas del encuentro le preguntaron a Valeri Karpin, aquel sólido centrocampista ruso que jugó en la Real y en el Celta de Vigo, sobre las posibilidades que en su opinión tenía el equipo local de clasificarse para cuartos. “Ninguna”, respondió, “salvo un milagro”. ¿Lo hubo?

Los datos del partido reflejan la tónica que ha mantenido la selección española a lo largo de todo el torneo. Tuvo el 74 por cien de la posesión del balón y contabilizó nada menos que 1.137 pases, según la FIFA, un récord mundial, frente a los 285 que realizaron los hombres de Stanislav Cherchésov. Pero este dominio aplastante se reflejó en nueve tiros a puerta, aunque tan solo hubo un instante en el que el meta Akinféev pasó realmente apuros, tras un ajustado disparo de Iniesta y el posterior remate cruzado de Aspas tras recoger el rechace.

el despropósito Eso ocurría a poco de finalizar el tiempo reglamentario, y con estos dos protagonistas ya en juego. Porque Hierro, que al fin se atrevió a realizar algún cambio para corregir la deriva, había dejado de inicio en el banquillo tanto a Iniesta, que aunque no está en su mejor forma ha demostrado que es el único capaz de filtrar un pase con imaginación, como a Iago Aspas, que reclamaba más protagonismo por lo que hizo en los anteriores encuentros. No relegó en cambio a David Silva, inoperante en todo el torneo, o a Sergio Busquets, un manojo de nervios, y tampoco resultó su apuesta por Marco Asensio, probablemente plegándose a la presión de los medios de comunicación.

Tampoco estuvo muy lúcido el técnico malagueño sacando del partido a su delantero más en forma, y así lo había acreditado Diego Costa, cuando España necesitaba del gol. El cambio fue por Aspas (delantero por delantero). Toda una declaración de principios sobre el pavor que le ha provocado un rival absolutamente inofensivo y amedrentado. Y también mensaje claro a los suyos: para Hierro era más importante mantener la portería de Sergio De Gea a cero que buscar con ahínco el gol, o demostrar con ambición y fútbol la jerarquía otorgada. Por esta misma lógica (más que precaución miedo), el seleccionador alineó a Koke en la medular y cambió a Nacho por el inseguro Carvajal en el flanco derecho.

Como ya había anunciado, mantuvo a De Gea en la portería, el cual estuvo inédito, porque Rusia ni llegó, salvo en otro error grosero (el penalti de Piqué), otro más para la lista(el del propio meta ante Portugal, o el de Iniesta y Ramos contra Marruecos).

De Gea tuvo la oportunidad de rehabilitarse, de convertirse en un héroe en la tanda de penaltis. Pero estuvo en su línea habitual. O sea, no estuvo.

Consumado el desastre, el presidente de la RFEF Luis Rubiales eludió la autocrítica. “Así es el fútbol”, dijo, en vez de dimitir por vergüenza.