La otra mirada

Dineros de todos que parecen de nadie

Nekane Lauzirika - Martes, 3 de Julio de 2018 - Actualizado a las 12:00h.

AUNQUE a finales de junio las caravanas de salida fin de semana y/o vacacional pudieron hacernos pensar que es posible librarnos de los asuntos cotidianos, la realidad es que con esta escapatoria ganamos un breve tiempo de respiro, pero el problema espera a la vuelta.

Como acabo de retratarme fiscalmente en Hacienda me ha impactado conocer, me imagino que como a la mayoría, esa larga lista de morosos fiscales cuya deuda global supera los 15.000 millones de euros. En Euskadi con 270 grandes morosos que adeudan 868 millones, no solo no nos libramos de los tramposos, sino que ha aumentado en 149 millones la deuda, con dos hermanos guipuzcoanos a la cabeza de los trileros. La cifra es mareante porque ¡la de cosas que podían hacerse con este dinero!, en investigación y ciencia, educación, pensiones, empresas, cultura…, pero no, porque ya han aclarado que no podemos asignar utilidad tangible a esa deuda. Es así porque mucha corresponde a empresas que han desaparecido o están en quiebra o son insolventes o el dueño… ¡a saber dónde! Así que año tras año se repite la lista de morosidad, dando la imagen de que la deuda en vez de dinero sea una nube etérea. “De hecho, la mayoría no se recuperará nunca”, así que nuestro gozo en un pozo, el dinero de todos no es de nadie. Además, estos morosos repiten ranking año tras año y no les pasa na de ná. Pero ojo, si usted debe 1.000 euros, le freirán a multas y embargos.

Porque como dicen muchos expertos en cuentas públicas, más que la de morosidad, la lista que debiera publicarse es la de defraudadores, donde aparecerían nombres bien conocidos –deportistas, banqueros, gente del espectáculo…– que la haría ejemplarizante. Porque más preocupante que la pertinaz presencia en lista de los morosos es la jactanciosa ausencia de los millonarios defraudadores;unos se declaran insolventes, otros hacen desaparecer su empresa o los bienes no aparecen ligados a su nombre, algunos utilizan testaferros o sociedades pantallas, o se lo llevan puesto a paraísos fiscales… No sé si para tapar este enorme agujero financiero público que dejan los más pudientes, el nuevo gobierno ha anunciado su propuesta de nueva fiscalidad.

Como está más escorado a la izquierda, propone, teóricamente, gravar más a las rentas más altas, establecer un IRPF mínimo del 15%, subir el impuesto de sociedades, incrementar los impuestos medioambientales, gravar más el uso del diésel, obligar a las grandes industrias tecnológicas a tributar aquí… Suena bien esta tabla de buenos propósitos, que podrían levantar la recaudación unos 6.500 millones. Y si persiguieran un poquito el fraude de los grandes contribuyente-ausentes podrían llegar a los 8.000 millones. Pero me temo que a partir de cierto nivel de ingresos la morosidad repunte o lo que es peor, el fraude se dispare aún más y la nueva fiscalidad afecte a los de siempre, al pobre quitándole el pan y al de la clase media, el coche diésel. ¡País de pícaros lazarillos! No importa, porque “todos somos iguales ante la ley”, aunque metan en la cárcel por robar gallinas y saquen a otros por saquear millones. En cualquier caso, la vuelta de las vacaciones seguramente será más dura.

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