De tour txikitero por Alonsotegi

José Ramón Vázquez, Ángel de la Fuente, Agustín Galíndez y José María Urbieta son los precursores de la salida.Foto: E. Castresana

Una cuadrilla de Alonsotegi rescata el poteo del “peligro de extinción” en una salida anual a La Rioja Los doce vecinos que empezaron en una despedida de soltero en 2001 son ahora medio centenar

Elixane Castresana - Martes, 3 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Alonsotegi - Finito de Ar-tzentales hizo su debut en una tarde memorable para él y el resto de la cuadrilla. Se casaba Ángel de la Fuente y sus amigos le organizaron una despedida de soltero por todo lo alto, literalmente a bombo y platillo. Le vistieron de torero y con una pancarta pregonaron que se trataba de su alternativa en la visita a una bodega riojana y durante el recorrido por varios municipios de la región. Tanto se divirtieron que la salida se ha institucionalizado con el nombre de Txikito Eguna, en nombre de un grupo que sigue reuniéndose en los bares de Alonsotegi para el poteo a la antigua usanza. La cita acaba de cumplir su mayoría de edad y ahora son las jóvenes generaciones, los hijos y nietos de los precursores, los que llaman a la puerta para sumarse a la excursión que en su última edición ha reunido a cincuenta personas cuyas edades abarcan de los 40 a los 74 años.

“Nos marchamos el primer sábado de julio con el mismo programa que disfrutamos por primera vez en 2001: visitamos una bodega, comemos y celebramos una kalejira muy animada. La gente enseguida sale a la calle. En Laguardia y Haro ya nos conocen, muchos turistas incluso hacen pasillo para vernos”, dice Agustín Galíndez. Visten camisetas con el escudo de Alonsotegi y el nombre de Txikito Eguna bien visible. El acordeón de José María Urbieta (padre del actual alcalde) que, según cuenta él mismo, coincidió “con Kepa Junkera en la agrupación Beti Jai Alai cuando él entraba y yo marchaba” se acompasa con bombo, platillos y pandereta y las voces de los txikiteros, a los que no se resiste ningún tema, ni siquiera los “pasodobles y rancheras”. “Siempre hay sorpresas sobre la marcha”, añade el regidor, Joseba Urbieta, que también se apunta.

En casi veinte años de viajes desde que empezaron con doce participantes hasta el medio centenar actuales “no hemos tenido ninguna incidencia en el mal sentido, nadie se ha perdido ni nada por el estilo”. Sí atesoran multitud de anécdotas, “como la vez en la que tuvimos que dar un rodeo en uno de los pueblos por miedo a que el autobús no entrara por un sitio demasiado estrecho, el autobús que era nuevo”, rememora Agustín.

En sus visitas a bodegas comprueban la evolución del sector vinícola, “desde las jarras y la forma de trabajar más tradicional, con raíles o vagonetas que hemos podido observar hasta los procesos que se siguen ahora, cuando todo está más mecanizado”, compara Ángel. Ellos se declaran fieles al txikito de toda la vida, asociado a rituales de cuadrilla que creen “en peligro de extinción” para la juventud de hoy en día, opina Agustín.

A las cinco “Antes salíamos a las 17.00 horas, dábamos una vuelta y para las 21.00 horas estábamos de vuelta en casa”, compara. Además, no había problemas para dar con el resto de los amigos si alguien se incorporaba más tarde a las rondas, ya que “casi había una hora asignada a cada sitio”. Por eso les cuesta entender la fiebre de algunos jóvenes por el botellón, aunque los adolescentes se van abriendo a otras opciones.

Y es que los hijos y nietos de estos vecinos de Alonsotegi están deseando sumarse a la excursión para empaparse de las costumbres de los mayores, donde ya hay dos parejas de padres e hijos. “Muchos chavales vienen a despedirnos cuando cogemos el autobús y pasan ganas de subir”, asegura Ángel. Habrá más ocasiones para hacerlo y entonces aprenderán la primera lección básica para cualquier txikitero que se precie: “La consumición nunca se termina, hay que dejar algo de vino en el vaso”.

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