Ongi Etorri Errefuxiatuak

“O lo hacíamos nosotros o no lo hacía nadie”

Varios voluntarios de Ongi Etorri Errefuxiatuak reparten la cena a varios jóvenes inmigrantes en Bilbao. (Foto: Oskar González)
El reparto de comida comenzó poco antes de las 20.00 horas en la calle Mena, con la ayuda desinteresada de la ciudadanía. Fotos: Oskar González

Medio centenar de migrantes en tránsito comen y cenan en la calle en Bilbao gracias a la solidaridad ciudadana
Ayer a la tarde llegó otro autobús con una treintena de personas

J. Fernández - Miércoles, 4 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Bilbao - Apenas fueron 45 minutos. Un suspiro en sus vidas, pero un tiempo suficiente para llenar de ánimo y esperanza el inacabable peregrinaje del medio centenar de personas migrantes en tránsito que a fecha de hoy vivaquean en Bilbao. Recuperan fuerzas antes de retomar su viaje. Y lo hacen gracias a la respuesta solidaria de la ciudadanía. Ayer, en la calle Mena, a las puertas del barrio de Bilbao la Vieja, vecinos de la zona, de otros puntos del botxo, de Galdames, de Santurtzi... pusieron su granito de arena para dar de comer a ese grupito de nómadas.

La ciudad que hace unos días recibía a la flor y nata de los restauradores mundiales, vestía ayer un par de mesas de camping con tortillas de patata, ensaladas, pasta con tomate, bocadillos de atún y pimientos rojos, fruta, zumo y frutos secos... Sentados en el suelo, en los bancos o simplemente apoyados en las barandillas ese medio centenar de migrantes apuraban los alimentos preparados por personas anónimas que, desde las 18.30 horas, fueron acercándose al lugar.

Cada una de ellas, de todas las edades, incluidos menores acompañados por sus familiares, aportó lo que pudo. “Como dicen en Cuba: para lo que sea” resumía Judith, cubana de nacimiento y vasca de adopción después de 18 años viviendo en la Margen Izquierda. Ella, -“con el corazón partío”, describía en declaraciones a DEIA-, compartió la organización del reparto de ayer con Ariel, también cubana, y con la nicaragüense Beatriz. Hoy lo hará una señora de Ecuador que ayer, gustosamente, se ofreció a colaborar en esa cadena de solidaridad puesta en marcha por la ciudadanía.

Lo hará fuera de los focos, como todas las personas que estos últimos días han sido capaces de devolver la sonrisa y el orgullo de alzar la cabeza a las decenas de hombres y mujeres migrantes que llegan a Bilbao en autobuses. Ayer a la tarde llegó otro vehículo más -“de Málaga”, apuntaban algunas voces- con una treintena de migrantes en tránsito. Algunos dormirán en el albergue de la calle General Concha, otros lo harán en casas de familiares, compatriotas o amigos. Y también los habrá descansando en calles y plazas, al raso...

Este lunes, tal y como publicó DEIA, la plataforma ciudadana Ongi Etorri Errefuxiatuak dio un plazo de diez días al Ayuntamiento de Bilbao para que tome cartas en el asunto de modo activo, positivo y satisfactorio. Demandan la elaboración y aplicación de un plan de acogida integral -con recursos asistenciales, sanitarios, psicosociales y jurídicos, básicamente- y dar respuesta a las deficiencias detectadas en la atención más inmediata.

Para dejar constancia de su hartazgo, el colectivo realizó un llamamiento a participar hoy en una concentración frente a la Casa Consistorial desde las 19.00 horas hasta medianoche. Y mañana, si la situación no se arregla y la respuesta solidaria de la ciudadanía continúa, habrá una cacerolada en el mismo sitio pero por la mañana: de 10.30 a 13.00 horas. “Resulta que recibimos a miles de personas en un fin de semana, como los clavadistas o cuando las finales de rugby... Una ciudad que está demostrando capacidad de adaptarse a todo tipo de público, incluso a aquellos rusos salvajes del fútbol y, de repente, autobuses de cincuenta plazas pagados por alguna institución o cercanos a ella, porque estos (as personas migrantes en tránsito) llegan a la ciudad y nadie sabe nada...”, lamentaba y denunciaba Ana, vecina de la zona.

La vajilla de Zierbena Es ella quien se dirige en francés a un grupo de extranjeros para que se alineen y esperen su turno para llenar el plato. La vajilla utilizada es la misma que emplean los integrantes de Ongi Etorri Errefuxiatuak en Zierbena... Faltan pocos minutos para las 8.00 de la tarde. “La cena es de un grupo de mujeres. Sin saber exactamente para cuánta gente se ofrecieron... Y todo esto lo pueden hacer unas personas de ayer a hoy. ¿Y las instituciones?”, clamaba otra voz. Allí está Bernd Wannemacher, alemán, vasco y ciudadano del mundo.

Recuerda que en el país “de la Merkel” también ocurrían episodios similares de descoordinación entre instituciones y entidades. Solo, que a una escala muy superior a la de Bilbao. “El alcalde recibía llamada por la mañana. Que te llegan 1.200 personas. De un día para otro. Y no han recibido nada de arriba, nada de organización”. Él ya tiene la lección aprendida y ahora, viendo lo que ocurre en Bilbao, repasa la asignatura pendiente de la solidaridad: “O lo hacíamos nosotros o no lo hacía nadie”.

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