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Desde Rusia por amor

Sacha Lambert Quintana, un niño ruso que vino en acogida en 1999 es hoy parte importante de la gran familia que tiene Maite de Miguel madre de acogida desde 1997. (E.Z.)

Maite de Miguel tuvo en acogida desde 1999 a Sacha cuando aún tenía 3 años. Hoy es su amama Miembro activo desde la creación de Bikarte, De Miguel lamenta la falta de acogidos en Abanto

Emilio Zunzunegi - Jueves, 5 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Abanto-Zierbena - El próximo 21 de agosto, Sacha Lambert Quintana cumplirá 23 años y lo hará rodeado del cariño de su gran familia abantoarra cuyo máximo exponente es su amama Maite de Miguel, una de las primeras acogedorasde niños que procedían de orfanatos de Rusia a través de la asociación Bikarte. Fue un día 7 de julio de 1997 cuando Maite y otro grupo de intrépidas mujeres solidarias, encabezadas por Irene Campo, alma mater de la asociación, abrían sus brazos a un nutrido grupo de niños y niñas procedentes de diferentes zonas de Rusia afectadas fundamentalmente por difíciles situaciones familiares que iban desde la pobreza a la enfermedad o la desestructuración. Aunque, como recuerda Maite, entre los primeros acogidos figuraban “hijos de médicos, funcionarios y trabajadores a los que les ofrecían estas vacaciones saludables para sus hijos a cambio de los salarios que les adeudaban. Eso nos chocó bastante y a partir de ahí nos centramos en niños que estuvieran desasistidos”, reseña De Miguel.

“Irene Campo tenía una amiga que era directora de un colegio en Santander y a través de ella le pidieron desde Rusia si podía acoger a un grupo de niños que en principio parecía que tenían algún problema de salud pero que en realidad se comprobó que lo que tenían era falta de cariño”, destaca Maite ante la atenta mirado de su querido Sacha, un niño nacido en Nighnevardosk -una población del noreste ruso- que vino en 1999 a veranear al barrio de Loredo poco antes de cumplir los 4 años.

“Irene vino a vivir poco antes a Gallarta y tenía esa inquietud por ayudar y se lo contó al párroco después de que el Ayuntamiento de entonces no hiciera demasiado caso al tema. El párroco, José Antonio, aceptó la demanda de Irene y tras una homilía se juntaron 25 familias dispuestas a acoger a estos niños y niñas”, recuerda Maite, quien por aquel entonces estaba en la Asociación de Mujeres de Sanfuentes y se sumó a la iniciativa promovida por Irene. “Aquel año trajimos a Abanto cerca de 45 niños”, señala Maite, quien lamenta que estos últimos años el municipio no está trayendo txikis. “Este año han venido 65 niños y niñas y ninguno viene a Abanto que fue el pueblo que impulsó la creación de Bikarte que llegó a traer a 126 niños a Euskadi de una sola tacada”.

Políglota Sacha rezuma alegría al mirar a la amama que le acogió cuando aún no tenía los cuatro años de edad y que ya tenía a su cargo -con la colaboración de sus hermanas- a los tres hermanos mayores de Sacha (diminutivo de Alexander) o Cagua como le llamaban sus compañeros del colegio público Buenos Aires al ver su nombre escrito: Cawa. “Nunca he tenido ningún problema para integrarme”, destaca este joven que habla perfectamente castellano, francés e inglés y se defiende bien en euskera aunque reconoce que está perdiendo el ruso. “Sé leerlo pero no tengo con quién hablarlo y además al empezar a estudiar aquí me cayeron todos los idiomas de golpe así que el ruso se quedó un poco relegado”, señala este joven hijo adoptivo desde los 9 años de Hervé -de origen francés- y de la hija de Maite, Ingebor. Estudiante de grado superior de Electricidad en el C.F. Somorrostro, a donde llegó tras pasar por el IES Dolores Ibarruri, Sacha eligió esta profesión “con visión de futuro ya que la electricidad seguirá siendo la base de industrias como la automoción o la informática”.

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