Hormigón lascivo

Alberto F. Araújo Barakaldo - Viernes, 6 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Solo era cuestión de tiempo. El defensor de los afectados por los desatinos urbanísticos, don Manuel Cimientos Ferralla, desveló que ha recibido la queja de una residencia joven por acoso, tocamientos inmorales e intento de violación por parte de un edificio contiguo. “Fue horrible...” -explicó la víctima-, anochecía y todas las viviendas nuevas que fuimos construidas en Retuerto (Barakaldo), amontonadas, asfixiadas, impersonales y carentes de cualquier tipo de ética y lógica del espacio y la distancia, nos acomodábamos para descansar. Aún se oían desde los bares cercanos las últimas discusiones sobre el partido del Athletic. La jornada había sido especialmente dura por culpa de la escandalosa vecina N634. Arropada con mi edredón caravista, caí rendida y me dormí. Recuerdo, vagamente, que soñaba con un campo verde, infinito, sin muros ni obstáculos, emanando aire puro... y una lagrimita de cal cayó sobre mi almohada de tabiquería. Algo me despertó bruscamente. Un edificio había colocado sus columnas sobre mis traviesas mientras abría y cerraba, libidinoso, las persianas en un inequívoco guiño de deseo hormigonal. Sus brazos de cemento me aprisionaban y yo, desesperada, gritaba y gritaba. La claridad del alba y el trasiego de los camiones de limpieza lo disuadió esta vez. Pero volverá a intentarlo. Siempre hay construcciones que atacan violan, denigran y profanan. ¿O tal vez todo fue una pesadilla...?