Participante en la caravana Abriendo Fronteras

Inma Mata: “Si se puede acoger una final de rugby, se pueden acoger a migrantes”

Más de 300 personas viajarán del 13 al 22 a Sicilia para conocer la realidad de las personas migrantes en ese ‘punto caliente’ de la frontera exterior de la UE

Una entrevista de Aitziber Atxutegi Fotografía de Borja López - Sábado, 7 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Bilbao - Inma Mata empezó a participar en las caravanas Abriendo Fronteras hace dos años. Su primer viaje le abrió los ojos a la realidad que viven las personas migrantes y la próxima semana repite experiencia por tercera vez.

¿Qué es Abriendo Fronteras?

-Es una plataforma que se creó hace tres años a nivel del Estado, compuesta por más de cien colectivos sociales, sindicales, ONG... Su objetivo es denunciar las políticas europeas en materia de inmigración, conocer de primera mano la situación que se está viviendo en las fronteras exteriores de la UE y crear conciencia social.

Grecia, Melilla e Italia. ¿Cómo se eligen los destinos?

-El primer año la situación de Grecia fue muy mediática: la frontera con Macedonia, Idomeni... Era lógico que había que ir allí. Luego vimos que no necesitábamos ir muy lejos sino que tenemos esa frontera sur en la península. Y Sicilia es otro punto caliente, donde se está viviendo una situación muy dura.

De las 300 personas que viajarán a Italia, un tercio son vizcainas.

-No sabría explicar por qué pero la fama de la solidaridad nos acompaña allá donde vamos. Lo hemos visto estos días con la llegada de las personas en tránsito a Bilbao. Peleamos porque el bienestar de las personas se ponga por delante de otras políticas, y para crear conciencia de que todos tenemos algo que aportar;no hay que esperar a que sean los políticos los que hagan las cosas.

¿Cómo es el perfil de las personas que viajarán en la caravana?

-Hay una variedad inmensa de gente;hay una familia que va con sus hijos menores, hasta personas ya jubiladas, muchos universitarios...

Una vez allí, ¿cuál es su agenda?

-Antes de llegar pararemos en Ventimiglia, en la frontera entre Francia e Italia. Está convocada una gran manifestación que se está intentando prohibir porque es fiesta nacional y no somos muy bienvenidos.

¿Y una vez en la isla?

-Estaremos tres días en Catania. Hay puntos muy interesantes para la caravana, como el mayor centro de internamiento de migrantes;haremos concentraciones por ejemplo en la sede de Frontex [la agencia comunitaria de control de fronteras exteriores de la UE] y, sobre todo, queremos conocer a la gente que está trabajando allí.

Tienen previsto visitar a Riace.

-Sí. Es un pueblo con un proyecto muy bonito, que esperamos que se pueda poner por aquí en marcha. Estaba medio abandonado y el alcalde, viendo que llegaba mucha gente migrante, empezó a buscar soluciones. Se dio cuenta de que no son personas que no tienen dónde caerse muertos, como muchas veces pensamos, sino gente con formación, con oficio... Facilitaron que pudieran montar sus negocios y hoy conviven, de forma natural, personas de más de 22 nacionalidades.

¿Sirven de algo estas acciones?

-Por supuesto. Primero, para que tengamos cada vez más conciencia de la realidad;las noticias que nos llegan están muy sesgadas. Y también para que podamos transmitir esa realidad a la sociedad. Sirve para darnos cuenta de que no es gente que vienen a quitarnos nada, sino personas que deberían tener libertad de movimiento, lo mismo que tenemos nosotros. Y esas desigualdades solo se ven cuando les pones ojos y cara.

Y usted, ¿por qué viaja a Sicilia?

-Tengo necesidad de aportar un granito de arena para que la sociedad sea más justa;aquí también lo hago. Me enriquece mucho.

Grecia fue su primer viaje. ¿Qué aprendió de aquella experiencia?

-Que la solidaridad existe pese a que nos vendan que vivimos en una sociedad individualista. Y que esta es la manera de cambiar el mundo. Removió mi propia conciencia, para darme cuenta de lo privilegiada que soy de poder ir y venir cuando quiero y a donde quiero, mientras que hay otras personas que no tienen ese derecho.

¿La realidad superó lo que podía imaginar que encontraría?

-Hasta que no estás allí, o hablas con las personas que trabajan en los barcos de rescate, no eres conscientes de lo que hay detrás de las cifras que nos llegan de la gente que desaparece en el Mediterráneo. Vemos esas imágenes en la tele y nos quedamos impasibles;estamos perdiendo la humanidad. La realidad siempre te golpea en la cara. Visitar dos campos de internamiento en la frontera con Macedonia, con la gente metida en jaulas, fue muy duro.

Le acompañarán mil imágenes.

-A todos nos impactó que, desde antes de llegar a Grecia, llevábamos escolta policial;nunca supimos realmente si nos tenían miedo o nos querían proteger. Y me acompañará siempre la cantidad de niños solo que había en el puerto de Tesalónica.

¿Cómo se acercó a la realidad de las personas migrantes?

-Por la misma razón por la que colaboro en otros ámbitos del voluntariado: todas las personas debemos tener los mismos derechos.

Sigue siendo difícil de entender por qué arriesgan sus vidas.

-Por la misma razón que emigran las personas que pueden hacerlo: para buscar una vida mejor para él y su familia. Son gente con recursos, que son las que pueden salir de su país, de una clase media y con una formación. Cuando llegan se dan cuenta de que no siempre es así y ahí también tenemos una responsabilidad de qué les transmitimos desde aquí.

¿Hay recursos para atenderles?

-En 2016 se destinaron 251 millones de euros a Frontex para construir vallas y mandar más policías;hay dinero de sobra para lo que conviene. Es una cuestión de prioridades;si priorizamos el bienestar de las personas, habrá recursos para ellas.

¿Se debería trabajar más en los países de origen?

-Por supuesto. No pongo en cuestión el trabajo de las ONG, pero algo se está haciendo mal cuando la cooperación al desarrollo no está terminando con esa miseria. La clave está no en frenar la migración, que no sería justo, sino en crear condiciones de vida digna en los países de origen.

¿Siguió la odisea del ‘Acquarius’?

-Nos dio un punto de esperanza en el cambio de las políticas de España pero fue un gesto de cara a la galería. Es lo que debería pasar todos los días pero sigue llegando gente que no tienen esas mismas posibilidades.

Esa realidad ha llegado a Bilbao.

-No de una forma tan numerosa pero ya existían los campamentos de Zierbena, de Santurtzi... No había que haber esperado a que nos salte en la cara para actuar. Si hay capacidad para acoger unas finales de rugby, la hay para acoger a estas personas. Una vez más, es cuestión de prioridades, de a dónde van nuestros recursos.