Lleva casi dos décadas inmerso en sector txakolinero

Jon Ander Rekalde, el artesano de la uva

Jon Ander Rekalde posa con una de sus botellas de txakoli en su viñedo de Artxanda. Foto: P. Arostegi

Lleva casi dos décadas inmerso en sector txakolinero Vende su propia marca con una bodega de Bakio Apuesta por una elaboración tradicional y sin herbicidas

Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Patxi Arostegi

Sondika - Lleva inmerso en el mundo del txakoli desde hace dieciocho años. Confiesa que mamó su pasión por los viñedos en su familia. Vio desde su tierna infancia cómo su padre y su abuelo producían este delicioso caldo en su baserri familiar. Por ello, con este bagaje familiar no es de extrañar que quisiera dedicarse a la elaboración de txakoli. Jon Ander Rekalde es hoy en día un avezado y experto productor sondikarra de uva que comercializa su propio txakoli, en colaboración con una bodega de Bakio.

“Recuerdo que fue en el año 2000 cuando empecé en esto del txakoli. Fue una época en la que había un boom de productores en toda Bizkaia y la Diputación nos animó a los que disponíamos de un terreno a plantar uva, en la medida de nuestras posibilidades”, explica mientras pasea entre sus viñedos, ubicados en las laderas del monte Artxanda.

Con este caldo de cultivo, Rekalde tuvo claro que deseaba compaginar sus labores profesionales en una empresa vizcaina con la producción de la uva que principalmente estaría destinada a la elaboración de txakoli.

Inició su andadura en este sector con una parcela de una hectárea que aún conserva en San Roke Behekoa, Artxanda, y que mima con el máximo cuidado y respeto. Con el paso de los años, su interés se ha enfocado a la producción de uva Hondarrabi zuri, de gran calidad y que suele producir entre 6.000 y 8.000 kilos al año, aproximadamente.

Precisamente, es la forma de cultivo de la uva donde Rekalde se distingue de otros productores. Su filosofía muestra su apuesta por los métodos más tradicionales y vinculados con la manera artesanal.

No en vano, según describe, el proceso comienza entre enero y febrero de cada año, con la poda de las plantas que realiza en pleno periodo de lunas menguantes. “Primero corto y selecciono las varas en forma de Bullot. Y la razón de hacerlo así es que puedo aprovechar este ciclo de la lunar, para cortar las ramas y después derramarlas, sacarlas de entre los alambres y dejar en el suelo el sarmiento”, detalla.

Así, el sarmiento que permanece en la hierba será triturado luego por un tractor que dejará una materia orgánica que será empleada como recurso natural para un cultivo de uva más ecológico. Una forma de poda que está en linea con la artesanal manera en la que aborda Rekalde cada cosecha. “Mi viñedo está certificado en Producción Integrada, que es el paso previo al cultivo ecológico. De modo que mi forma de elaborar uva se basa en el manejo manual de la viña, sin abusar de productos químicos o tratamientos de herbicidas”, argumenta.

Para llevar a buen puerto su tradicional y sostenible filosofía de cultivo, este productor cuenta con la ayuda de un técnico experto encargado de dar solución a los tratamientos de las enfermedades y plagas que pueda padecer su viñedo. “Cuando observo algún tipo de enfermedad, lo consulto con él, y él decide qué tratamiento debe aplicarse, cuándo... Todo ello, dependiendo de la presión de la enfermedad o del hongo”, señala.

Una vez finaliza el proceso de poda, Rekalde y su equipo pasan en mayo a la fase de los tratamientos a aplicar en el viñedo. Así, dependiendo de la campaña, es decir si la flor ha brotado antes o después, se realiza el deshojado en las viñas antes de que en junio llegue la floración. “Intensificamos en deshoje de las plantas para que cuaje mejor la flor. Ya en julio se controlan los despuntes”, completa la explicación. Finalmente, entre septiembre y octubre, en plena maduración de las uvas, será cuando se ejecute la vendimia. “La realizamos a mano y de forma muy rápida para que en solo tres horas pase del viñedo a la bodega”.

De cara el futuro, Rekalde opina que al sector del txakoli de la comarca le queda un porvenir óptimo. No en vano, considera que la calidad de los caldos que se producen es comparable “al mejor vino del mercado”, describe.

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