descarta un trato preferencial

Theresa May no mantendrá los derechos especiales a ciudadanos de la UE

La primera ministra británica, Theresa May. (EFE)

Corbyn pide elecciones si el Parlamento no aprueba el acuerdo del ‘Brexit’ tras el verano

Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

La primera ministra británica, Theresa May, descartó que después del Brexit vaya a ser más fácil para los ciudadanos de la Unión Europea venir al Reino Unido que para las personas de otras partes del mundo.

De hecho, su plan para el Reino Unido tras el Brexit, tras su larga reunión de 12 horas con su Gabinete, pasa porque la inmigración ilimitada procedente de la UE llegue a su fin. En esa línea, en una entrevista en exclusiva a la BBC, descartó un trato preferencial para los ciudadanos de la UE después del divorcio europeo. “Vamos a decidirlo. Lo que vamos a hacer es decir qué funciona para el Reino Unido, ¿qué es lo correcto para el Reino Unido?”, explicó la primera ministra conservadora.

Tras conseguir inesperadamente el respaldo de su Gabinete para negociar un Brexit blando, May dijo que ahora se espera que los ministros hablen con responsabilidad colectiva y así “avanzar juntos”.

La líder conservadora defendió su planteamiento del viernes como “una propuesta seria y viable”, avanzado que ahora llevará el plan a Bruselas para sentarse a negociar y discutir las propuestas, dejando claro que ahora están ante una etapa en la que tienen que “estar de acuerdo en cuál será la relación futura”.

Su plan pasa por decir adiós a la libertad de movimiento. Pero explicó que a partir de marzo de 2019 se establecería un “marco de movilidad” para permitir que los ciudadanos del Reino Unido y los de la UE viajen a los territorios de los demás y se postulen para estudiar y trabajar. May tiene claro que cuando los británicos votaron a favor de abandonar la UE, “querían tomar el control de nuestro dinero, nuestras leyes y nuestras fronteras, y eso es exactamente lo que haremos”.

Entre los principales detalles de la conocida como “declaración de Chequers”, nombre de la residencia de verano donde May se reunió con los pesos pesados de su Gobierno durante más de 12 horas, incluyen que Reino Unido aceptaría la “armonización” continua con las normas de la UE sobre el comercio de bienes, que cubran solo las necesarias para garantizar un comercio sin fricciones. Tras el Brexit, el Parlamento británico tendría la última palabra sobre cómo incorporaría las normas a la legislación del Reino Unido, conservando el derecho a negarse a hacerlo. Además, Londres es partidario de que haya cambios para que servicios como los productos financieros tengan una mayor “flexibilidad reglamentaria” y “fuertes acuerdos recíprocos”.

Acuerdo aduanero A Londres también le gustaría cerrar con Bruselas un nuevo acuerdo aduanero con el objetivo de que haya “un territorio aduanero combinado” y pasar a controlar sus propios aranceles y desarrollar una política comercial independiente. Pero todas estas propuestas no son del agrado del núcleo de los brexiters, como se conoce a los miembros del gobierno favorables a un Brexit duro y quienes quieren romper cualquier tipo de lazo con Bruselas a partir de marzo de 2019. Sabedora de que sus propuestas no iban a alegrar a todos, instó a su dividido partido a unirse y a “moverse con ritmo” hacia un acuerdo con Bruselas. Según la prensa conservadora, May habría prometido a sus principales aliados que despedirá al ministro de Asuntos Exteriores y defensor del Brexit, Boris Johnson, si este preparase una revuelta para poner fin al respaldo conseguido en Chequers. May también escribió una carta a los diputados conservadores en la que dejó claro que los ministros que se quejasen de su plan, serían despedidos. “Mientras que desarrollamos nuestra política sobre el Brexit, he permitido que colegas del gabinete expresen sus puntos de vista individuales. El acuerdo sobre esta propuesta marca el punto en el que esto ya no es el caso y la responsabilidad colectiva ahora está completamente restaurada”, advirtió.

La propuesta acordada vincularía a Reino Unido con las normas de la UE al crear un “reglamento común” para productos industriales y productos agrícolas. Eso hizo que los partidarios del Brexit se horrorizaran, porque según ellos limitará severamente la capacidad de Reino Unido para cerrar acuerdos de libre comercio con países que no pertenecen a la UE.

Uno de los más duro fue Nigel Farage, el ex líder del euroescéptico UKIP, para quien la propuesta es “una venta total a las corporaciones globales, como lo fue durante Maastricht. Los euroescépticos tories están perdiendo su espacio. Sin renunciar significa que los llamados Brexiteers en el gabinete no tienen principios”.

Desde la oposición, el líder laborista Jeremy Corbyn pidió a May que convoque elecciones generales si no consigue que el Parlamento apoye el acuerdo final del Brexit y apuntó a que su propuesta, después de horas de conversaciones, no tiene “un apoyo amplio “ entre los parlamentarios conservadores.

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