Sanfermines en clave de respeto, especialmente a la mujer

Por José Luis Úriz Iglesias - Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

eSCRIBO estas líneas pocos días antes del cohete del inicio de las mejores fiestas del mundo. Lo hago en primera persona porque no deseo esconderme tras la tercera o los genéricos, que a veces resultan tan cobardes.

Se está escribiendo mucho desde fuera y también desde dentro sobre si estas fiestas son machistas o no, si existe unos comportamientos condenables producidos en al fragor del tumulto o el excesivo consumo de alcohol, al igual que el nuevo debate de si deben ser sin maltrato al toro, o sea sin las corridas y el encierro.

Dejaremos lo último para otro análisis porque deseo centrarme exclusivamente en el primero.

Resulta innegable que existen esos comportamientos condenables y criticables, al igual que el consumo excesivo de alcohol consigue efectos devastadores sobre los actos, de hombres y mujeres, pero no es menos cierto que se producen en el seno de nuestras fiestas, pero también en las de Torremolinos, Calviá o Liverpool. Lamentablemente el alcohol o la sensación de impunidad a veces saca lo peor que llevamos dentro.

Pero recuerdo que mi primo chileno cuando vivió los Sanfermines hace unos años me comentaba: “Si este consumo de alcohol se produjera en Chile habría decenas de muertos y heridos”.

Porque es cierto que estas fiestas tienen un algo especial que controla lo incontrolable, que consigue atenuar el riesgo, habiendo efectivamente excepciones a la regla, pero después de muchos años de experiencia puedo asegurar que no es tanto como ciertas campañas oscuras intentan hacer ver.

Vivir desde dentro te lleva a esa conclusión, al igual que desde que las peñas decidieron implicarse activamente para que se desarrollaran por cauces controlados, ayudó en gran manera a conseguirlo. Aún recuerdo el desmadre que se producía en la plaza de toros, las tensiones entre espectadores de las zonas de peñas de tendido con grada y andanada, o la excesiva suciedad producida incluso en el propio ruedo. Todo ello afortunadamente ha ido bajando de tono por la actuación de las propias peñas.

Las campañas que tanto desde el Ayuntamiento, Gobierno o Peñas han ido realizando los últimos años han sido eficaces, especialmente en lo que se refiere a los comportamientos de los de casa. La especial sensibilidad de todo lo relacionado con el respeto hacia la mujer también. Esperemos a ver el efecto de todo lo relacionado con La Manada este año.

¿Qué se producen excepciones lamentables? Por supuesto. ¿Qué hay que lograr la tolerancia cero? También. Pero no se puede dudar y los que desde fuera lanzan estas campañas deben tenerlo en cuenta, que a los Sanfermines se viene a disfrutar de estas fiestas sin igual, desde el debido respeto a hombres y mujeres.

Me rebelo pues ante ciertos comentarios que leo y escucho dentro pero especialmente fuera de aquí y por eso lanzo esta reflexión hecha desde el análisis pero también desde las entrañas.

Al mismo tiempo que dos mensajes, uno para los de aquí haciendo un llamamiento a que nos miremos al espejo estos días y nos preguntemos de manera autocrítica, cuantas de esas maneras que denunciamos a los demás las hemos tenido o tenemos nosotros mismos.

Cuantos actos e incluso pensamientos salen de nuestra caverna durante las fiestas, con o sin alcohol. Si el cavernícola que aún llevamos dentro se nos escapa estos días. Una vez hecho nos propongamos erradicarlas y enterrarlo definitivamente.

A los de fuera que vengáis en paz, con ganas de divertíos desde el respeto al otro, especialmente las mujeres, que os integréis sabiendo que existen normas escritas y no escritas que debéis respetar. Que os vayáis igualmente en paz especialmente con vuestras conciencias y que os digamos adiós, agur esperando volveros a ver.

Había hace años unos carteles en los miradores que pueblan nuestra geografía que señalaban: “No hagas que digan y lo hagan para tu vergüenza que este lugar era bello hasta que tú llegaste”. Pues leerlo y entenderlo a la entrada de la vieja Iruñea estos días.

Fiestas sí, jolgorio, diversión también, pero desde el RESPETO al otro, así en mayúsculas, más grandes aún SI EL OTRO ES MUJER.

Aparte de este análisis estos Sanfermines tienen un tufillo raro. A los aniversarios de los del 1978 (40 ya) con la muerte (o asesinato) de Germán Rodríguez, el del asesinato de Nagore Laffage (10) se le ha unido la decisión de soltar a La Manada y apenas a cuatro días de su comienzo la decisión de un juez de que se vuelvan a enterrar en el Monumento a los caídos los restos del general golpista Sanjurjo.

Suena a confabulación, pero no me gustaría terminar estas líneas con esa sensación de paranoia, solo espero que no caigamos en la provocación y se desarrollen en paz.

Así que terminaré con un grito doble: ¡Viva los Sanfermines, gora los Sanfermines!

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