El BMC gana la crono por equipos

Froome reordena el Tour

Los corredores del BMC celebran en el podio la victoria conseguida en la contrarreloj por equipos. (EFE)
Los corredores del BMC, el estadounidense Tejay van Garderen (izda), el australiano Richie Porte (c), y el belga Greg van Avermaet, finalizan la contrarreloj por equipos del 105 Tour de Francia. (EFE)
El BMC entra en la meta en la tercera etapa. (AFP)

La crono por equipos QUE GANA EL bmc CAUTERIZA LA HERIDA DEL BRITÁNICO Y PONE EL CONTADOR A CERO RESPECTO A LANDA, AL QUE LE SALEN LAS CUENTAS, MIENTRAS que QUINTANA acumula retraso

César Ortuzar - Martes, 10 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

bilbao - “Es un buen tiempo”, asintió Froome, que ajustó el reloj del Tour. Lo puso en hora. La suya, la que marca la carrera francesa en los últimos cinco años. Froome es el relojero de la Grande Boucle. Ama la puntualidad. Británico. En Cholet, abrasado el día bajo la canícula de julio, acorazada la ciudad por seguridad, con el termómetro balanceándose en los treinta grados, Froome dispuso las manecillas para contrarrestar el retraso del primer día, cuando salió disparado a una cuneta tras sortear un bolardo que le hubiese partido el Tour. La caída laminó al británico, que perdió 51 segundos con Landa, Valverde y otro puñado de favoritos. Arropado por su guardia de pretorianos, un equipo repleto de galácticos, entre ellos cuatro campeones de contrarreloj: Castroviejo, Thomas, Bernal y Moscon, Froome se impulsó y rascó 49 segundos al Movistar de Landa, mejor en el comienzo, cuando el terreno era quebrado, que en el final, cuando se trataba de un asunto de potencia y aerodinámica. “La crono se ha hecho larga”, determinó Valverde, al que se le escurrió la ventaja, pero no las cuentas. Como a Landa. El alavés está empatado con Froome tras tachar la crono por equipos de 35,5 kilómetros.

El Tour comienza de nuevo para Froome. Cerrada la hemorragia, regresa a la casilla de salida el británico, al igual que Porte, que también sufrió la penumbra en la inauguración de la carrera. Contador a cero. Empate técnico con Landa, agarrado a la felicidad. “Era un resultado sobre lo esperado, quizás incluso un poquito mejor”, analizó el alavés, dichoso tras la tortura. El gozo también se instaló en el sillín de Dumoulin, el mejor de los favoritos en la general. El holandés mostró la cresta. Próximo a Froome en la crono, Dumoulin ha disparado su cotización en el parqué bursátil del Tour. La Mariposa de Maastricht reina entre los favoritos, que comparten pañuelo, salvo Quintana, más alejado del epicentro del debate. A la espera de que la Grande Bouclese desabroche del todo, el descorche le gotea desazón al colombiano.

landa, fortalecido Quintana divisa a Froome con catalejo, a 1:13. A Dumoulin apenas lo intuye, situado a 1:57. Quintana está obligado al remonte. Su duelo con Froome no pinta bien y la jerarquía en el Movistar se le resquebraja bajo los pies. Landa está en la azotea del edificio bailando su felicidad. “Voy entrando poco a poco en la carrera y, además, estoy consiguiendo salvar las diferentes caídas”, expuso el de Murgia con el sudor rociándole el rostro, perlado. La habitación de Landa tiene mejores vistas que las de Quintana, que quiso ver algo de luz. “Era una ‘anticrono’ para nosotros. Pienso que con nuestras características la hemos hecho bien;en un terreno de tanta potencia y tan rápido nos hemos sabido defender”, disertó el colombiano.

En una disciplina donde es precisa la exactitud en la coreografía, más parecida a la de una cadena de montaje que a la plasticidad del Bolshoi, se destacó el BMC, el equipo que mejor se maneja cuando se trata de retar al reloj. En una crono con paisajes muy diferenciados, dura y exigente en el tramo inicial y más plana en el extrarradio de meta, la formación de Porte se engalanó para coronar a Van Avermaet, el campeón olímpico, nuevo líder de la carrera. El Sky también se vistió de gala. Cambió la sastrería. A diferencia del maillot de vórtex empleado el pasado año y que generó polémica, el diseño que mostró en la pasarela de Cholet, estaba realizado de un material extremadamente suave, especialmente delgado y casi transparente, ideal para rodar a elevadas velocidades.

El Sky subrayó la candidatura de Froome, a pesar de que los británicos perdieron colmillo cuando Luke Rowe, uno de sus percherones, se apagó sin alcanzar el meridiano de la prueba y Poels, otro alfil, no tardó demasiado en desgastarse. En el Bahrain, el escenario era más lúgubre, tuvieron que sobrevivir con la mitad de efectivos. Encararon los últimos kilómetros con los hermanos Izagirrre, un seguro de vida, Nibali, que apuesta por ganar el Tour, y el ligero Pozzovivo. La formación del Tiburón supo respirar. El Movistar jadeó cuando se descolgaron Erviti, Bennati y Rojas, tres de sus lebreles. Soler y Amador arrastraron a los colibríes, a los ciclistas alados: Landa, Quintana y Valverde. En Cholet, resoplaron. Alivio para Landa. Las matemáticas saludan al alavés. También a Froome, que reordenó el Tour.

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