Historias de... rapsodas

"Bilbao es ciudad para poetas", dicen los rapsodas

Maitane, ‘Zuhaitz’, Julio, María José, Txaro, Soraya, Loly, Keni, Alberto Oswaldo y Benigno. Fotografía de Oskar M. Bernal

Parece difícil ser poeta en los tiempos que corren, pero no. “Bilbao es ciudad para poetas”, dicen estos rapsodas del siglo XXI que desdicen aquello de “malos tiempos para la lírica”

Por Concha Lago - Martes, 10 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

EN épocas tan crispadas como estas, te metes en la poesía y te relajas,”, afirma Keni Orue que, a sus 80 años, encuentra en la poesía un terreno abonado a su creatividad. Keni forma pareja de teatro con Maitane Hermosa, a quien, con 31 años, se le podría preguntar ¿qué hace una chica como tú en un sitio como este? Pues ganar el premio del público del concurso que rememora la figura de los rapsodas. Artistas de andar por casa que recitan y componen aunque “lo difícil es que las palabras circulen por el desierto blanco que es el papel y que tengan una belleza y un sentido”, como dice Eduardo Luis Díaz Expósito, alias Zuhaitz. En este grupo hay de todo. Soraya Pereña es la combativa. “Porque no solo hay que hacer panegíricos y cantar a la primavera o a los pájaros, sino denunciar lo que pasa. Por eso he hecho cosas con temática feminista, por ejemplo, contra el juicio deLa Manada”, dice La Chica del Rap,denunciando por ejemplo que se encarcele a gente por lo que dice o criticando la ley Mordaza.

“Es necesario que haya personas interesadas en la poesía para que la gente entienda que no todo en el mundo es fútbol. La palabra es el eco de la mente y la poesía puede ser su mejor instrumento”, afirma Julio Álvarez, desde su condición masculina, esos seres que parecen raras avis de la sensibilidad cultural. “¿No será que los poetas somos los hombres que amamos a las mujeres?”, indica con cierta sorna Zuhaitz. María José Domínguez reconoce que “aunque yo he empezado mi trayectoria poética algo tarde, he comprobado que tienen tanta sensibilidad como nosotras, pero a veces se ponen una careta que parece que no quieren destruir”. Desmiente el mito de que en la sociedad de los 140 caracteres, la poesía no tenga validez. De hecho, la poesía joven ha dado un salto impresionante. Es el caso del boliviano Alberto Oswaldo, segundo ganador con un poema de Benigno Mercado dedicado a Bilbao.

Recitan en lugares cerrados y también llevan la poesía a la calle, en esos lugares tan poco líricos como parecen los bares. “Pero entra una cuadrilla a potear y se quedan a escuchar poesía, porque en Bilbao hay mucha cultura poética”, afirman. De hecho, a veces coinciden eventos, como noches poéticas o el Spoken word, porque “Bilbao además de ser la mejor ciudad y la más bonita del mundo, debe ser la más poética”, enfatiza Álvarez.

Para Alberto Oswaldo, hay recetas para hacer poesía. “Se puede escribir inventándote una historia con inteligencia, rima y métrica, pero dicen que funciona mejor la que es más emocional y se guía por el sentimiento. Pero para escribir antes que todo tienes que leer para ver estilos y composiciones”, aclara. Y sobre todo, para ser un buen recitador hay que conectar con las personas. Mirarles a la cara y establecer vínculos. “Hay una poesía que se puede teatralizar más, pero sí es más intimista quizá no necesite ese ornamento. Hay tantos estilos como poetas”, matiza Txaro Etxebarria, otro verso libre. Además no todos los autores ofrecen las mismas facilidades. “Algunos se resisten un poco. Me pasó con Vicente Aleixandre. A mí me encanta porque le considero un domador de palabras, pero ¿a cuánta gente llega?”, deja la pregunta en el aire Zuhaitz.

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