Los arduos deberes que se impone Berizzo

La plantilla del Athletic realiza un ejercicio con balón durante el entrenamiento de ayer en Lezama. (Juan Lazkano)

Pretende transformar al Athletic para que en el corto plazo combine fiabilidad, buen estilo y máxima ambición

José L. Artetxe - Sábado, 14 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Bilbao - Eduardo Berizzo sabe muy bien a qué ha venido a Bilbao. Cualquiera en su lugar sería consciente de que coge un equipo de capa caída, que viene de defraudar a propios y extraños con una campaña que desentonó demasiado respecto a las anteriores. Definido el punto de partida, su labor consiste en profundizar en las causas que se esconden tras los males detectados y promover las medidas que favorezcan una transformación que necesariamente deberá ser radical.

Hace ahora un año a José Ángel Ziganda le dieron un equipo bien estructurado que empezaba a emitir síntomas de acomodamiento. Se le contrató para poner las pilas a un proyecto que languidecía después de un prolongado período de bonanza. No pudo llevar a cabo su misión y, tal como advirtió al comienzo (“lo que no mejora, empeora”), aquello derivó en una versión aún más vulgar que no solo le puso a él en la picota sino que dejó en muy mal lugar a los jugadores. Lo cierto es que casi nada salió como se esperaba, el Athletic tocó fondo en el sentido de que, sin llegar al extremo de poner en riesgo la permanencia, sus registros y fútbol rayaron a niveles que no se recordaban por su carga negativa.

En este contexto, el trabajo que se le ha encomendado a Berizzo, y este ha aceptado, no va a consistir en un simple tratamiento de chapa y pintura. Quizá hace un año la tarea del técnico consistiese en retocar lo existente aprovechando la inercia deportiva, los fundamentos tácticos, la jerarquía en la plantilla, los usos y costumbres instaladas en Lezama, en fin, el funcionamiento legado por Ernesto Valverde. Hoy no basta con eso, la situación reclama que el conductor se atreva a dar un volantazo y cambie por completo el rumbo, imponga otra dinámica sobre el campo y fuera del mismo.

La intención puede ser la misma, no así la metodología a emplear. El club también ha contribuido a generar un escenario distinto con la contratación de varios refuerzos, la repesca de algún cedido y la habitual cuota de meritorios, para que Berizzo haga y deshaga, diseñe según estime oportuno el grupo con que encarará la competición. Las próximas semanas arrojarán luz en torno a la composición final de una plantilla donde hay mucho futbolista cuestionado.

Decidir de quién se rodea es el primer paso a dar por parte de Berizzo, que además ya ha anunciado que piensa modificar aspectos tácticos que tenían cinco temporadas de vigencia. Aparte de valorar qué jugadores encajan en su propuesta y cómo lo hacen, confía en persuadirles de que la nueva manera de competir es la ideal para explotar las cualidades individuales y del colectivo. Una tarea clave que, con buen criterio, antepuso al enunciado de objetivos: de nada sirve mentar la Europa League o la Copa si el personal no sabe a qué atenerse o no asume como suyas las consignas y exigencias del técnico.

CURSO ACELERADO La pretemporada va a discurrir a modo de cursillo acelerado. Berrizzo no dispone de un plazo ilimitado para recolectar los frutos de su magisterio, lo cual quiere decir que más les vale a los alumnos estar muy atentos, observando la máxima aplicación, sin distracciones. Por supuesto que el propio Berizzo se ha de volcar en instruir, orientar y apoyar a los jugadores. Ya expuso que pretende que hagan las cosas por convencimiento, no porque es lo que se les pide u ordena. Bueno, hablamos de un proceso donde debe primar la correspondencia porque interesa por igual a todos los implicados que sea exitoso.

Desde la perspectiva de Berizzo, la recuperación de activos para la causa es la tarea básica. En sus primeras declaraciones insistió en que a un entrenador se le califica por el jugo que extrae a los integrantes de su plantilla. Así de elemental. Marcelo Bielsa en su día dijo lo mismo. Con su particular estilo comentó que a lo largo de la temporada había que lograr el mejor rendimiento de cada futbolista durante el mayor tiempo posible. O sea, regularidad, virtud que el Athletic extravió, salvo contadas excepciones, con las consecuencias por todos conocidas.

Regularidad es sinónimo de fiabilidad, de capacidad para competir. Y a juicio de Berizzo, para carburar con garantías no hay fórmula como el cultivo de la posesión. Tener el balón permite adueñarse de los partidos, cargar con la iniciativa, establecer el ritmo y no vivir a expensas de lo que ofrezcan los rivales. Gobernar el juego es otra de las asignaturas pendientes de un Athletic cada vez más reacio a la elaboración, un problema que se percibió en el final de la etapa de Valverde y que durante la última temporada provocó incluso que a menudo fuese sorprendido en San Mamés, precisamente por esa falta de personalidad. Es imposible cuajar una buena temporada sin mandar en casa. Tampoco es fácil instalarse en posiciones altas sin pegada. Al equipo no le fue mal con Ziganda en el apartado de la contención, pero la producción goleadora dejó bastante que desear, al equipo le costaba generar acciones profundas, pecaba de previsible y no iba sobrado de contundencia en zona de remate. Es otra de las facetas donde se requiere un impulso y promete Berizzo que se jugará al ataque, que él ve el fútbol enfocando constantemente la portería enemiga.

Tiene labor por delante Berizzo para conseguir que el Athletic actúe como demanda y deje un poso amable que favorezca la identificación y disfrute del aficionado.

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