El sacacorchos

La fea escena de las mujeres a la plancha

Por Jon Mujika - Sábado, 14 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

YA los clásicos, Séneca entre ellos, adivinaron que la vida es una obra teatral de la que no importa su duración, sino lo bien que haya sido interpretada. El problema es que ahora se han colado en el reparto actores de baja estofa, hombres que pretenden convertirse en los protagonistas de la vida de ellas, de las mujeres. Quieren ser su azote y el dueño de su destino: anhelan enmudecerlas y hacer que se desvanezca su presencia en el escenario. Son una estirpe de hombres que se sienten Otelo, presos de celos;tratantes en el tráfico de mujeres, dueños del futuro de mujeres que se siente presas a domicilio, bien por las convenciones de su época -Nora, por ejemplo, en Casa de muñecas, la legendaria obra de Ibsen, hasta que rompe las cadenas que le puso Torvaldo-, bien por la ausencia de recursos, como en la intrigante Muerte de un viajante.

La amenaza, a veces invisible hasta que se precipita en un de repente aterrador, que se cierne sobre la vida de las mujeres recuerdo mucho al extraordinario y estremecedor discurso de Clint Eastwood en una película cuyo nombre ahora mismo no recuerdo. “El mundo se divide en dos, Tuco: los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo, así que ya puedes coger la pala”. Eso piden, eso exigen, a eso obligan los borregos mandamases, a que ellas cojan la pala. Es por ello que la noticia de la creación de un arma más para la defensa de las mujeres, para su protección, es algo justo y necesario. Cuando aún sobrevive el mal salvaje en según qué entornos y casi en cualquier circunstancias todo vale, incluida una app que lanza señales de auxilio y socorro antes de que actúe ese descerebrado que se cree el rey en la fea escena de las mujeres a la plancha que tanta gracia les hace. No veas cuánta, cabrón. Ni te lo imaginas. Tanta que cada vez que te veamos ahí, en plena interpretación, yo seré una de ellos (y junto a mi, cientos...) los que nos acercaremos para gritarte ¡para ya! Más te vale que nos oigas, más te valdría que no fuese necesario. Porque como el mensaje de la app se active y veamos que sí, que hubo motivos, no te salva ni la caridad. Como tú haces con ellas.