entre Mutriku, Deba y Zumaia

Lakua estudia restringir el acceso de turistas a los flysch

Gente fotografiándose en el ‘flysch’ de Zumaia.

El trasiego de miles de visitantes amenaza con provocar erosiones

Jorge Napal - Sábado, 14 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

donostia - La preservación del medio ambiente y el auge del turismo se ha convertido en un binomio casi imposible de conjugar en puntos de la costa con mayor atractivo. El auge del ocio en el medio natural representa “un problema emergente” que hace falta abordar sin mayor dilación, según apuntó ayer el Gobierno vasco. Para los responsables de la conservación del Medioambiente, fenómenos como Ocho Apellidos Vascos y Juego de Tronos son poco menos que una pesadilla. El desembarco turístico en la Ruta del Flysch del geoparque de la costa vasca, entre Mutriku, Deba y Zumaia, “comienza a amenazar seriamente, con terribles problemas erosivos” en los estratos rocosos de ese tesoro natural, fruto de millones de años de historia geológica. “La verdad es que se podían haber ido a grabar las imágenes a otra zona”.

Es Marta Rozas quien habla. Esta bióloga, responsable del Servicio de Biodiversidad de la Dirección de Medio Natural y Planificación Ambiental del Gobierno vasco, alertó ayer durante su intervención en los Cursos de Verano de la amenaza que se cierne sobre zonas naturales expuestas a saturación turística, hasta tal punto que el Gobierno vasco estudia restringir o regular el paso a ciertos espacios protegidos. “Los que tenemos responsabilidad nos planteamos seriamente qué hacer. No es muy popular prohibir el acceso a ciertas rutas, pero qué duda cabe que nos encontramos ante un problema emergente”, reconoció.

El tema a tratar era Las montañas y el riesgo: Perspectivas jurídicas.Tras escuchar a Rozas puede deducirse que tanto o más riesgo que el deportista en sí corre el propio lugar transitado sin descanso por miles de visitantes. Durante su exposición, la responsable del Ejecutivo proyectó varias imágenes de zonas de la costa que durante los últimos años están recibiendo un aluvión de turistas. Es el caso del islote de San Juan Gaztelugatxe (Bermeo), escenario elegido junto a Zumaia para fusionar ese paisaje tan épico como fantástico que pudo verse durante el primer capítulo de la séptima temporada de Juego de Tronos. El lugar ha recibido tantas visitas que, en una comparativa de fotografías del antes y el después, puede apreciarse incluso el desgaste que acusan los más de 200 escalones que acaban en la pequeña iglesia, donde la tradición dicta que el visitante haga sonar la campana tres veces antes de solicitar el deseo. Zumaia y Bermeo son dos enclaves de la costa vasca con un incuestionable atractivo que está siendo explotado al máximo, reportando pingües beneficios económicos. Pero a partir de ahí, surge el debate, tal y como lo reflejó ayer la responsable del Servicio de Biodiversidad. “El turismo genera riqueza, pero por otra parte se da la paradoja de que cada vez nos vemos obligados a destinar más partidas económicas para preservar zonas protegidas que se ven amenazadas”, alertó.

Erosión La superficie de las áreas protegidas de la CAV se ha duplicado, lo que encierra en sí otra nueva paradoja puesto que son precisamente estas zonas tan frágiles y sensibles a la erosión las que más demandas de turistas registran.

El ocio que puede llegar a ser letal para la biodiversidad también toma otras formas, como por ejemplo las carreras populares de montaña. El auge de estas pruebas ha hecho las montañas se conviertan en lugar de tránsito para más de mil participantes, cuando hace unos años apenas era unas decenas. “Todo ello está generando problemas erosivos, por no hablar de los residuos que dejan muchas de estas personas. Hoy en día vemos cada vez más motos, quads, bicis. No podemos prohibir todas estas actividades de ocio pero sí queremos conservar los espacios naturales hace falta regular estas prácticas. Que pasen 500 personas de golpe por ciertas rutas no es admisible”.

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