pretemporada

Con tres medios se vive mejor

Berizzo busca equilibrio y solidez con una versión táctica menos osada que la de Bielsa y que se desmarca de las fórmulas de Valverde y Ziganda

José L. Artetxe - Domingo, 15 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Bilbao - Lo expuso sin dobleces Eduardo Berizzo en la primera ocasión que se le brindó: “No me gusta un equipo quieto y previsible, me gusta con cuatro atrás que pueden adaptarse por momentos a defensa de tres o de cinco, pero partir de una idea original de 4-3-3”. Vale, pues esto significa, más allá de la relatividad de todo dibujo táctico, que el Athletic entra en una nueva era en lo que concierne a organización posicional. El nuevo responsable se desmarca del esquema utilizado por los dos anteriores entrenadores y pone singular énfasis en el medio campo, el espacio donde se gestiona el fútbol.

Apostar por tres centrocampistas definidos supone un salto respecto a lo conocido en el último lustro. Supone asimismo acercarse a la propuesta que trajo Marcelo Bielsa, si bien con Berizzo la idea, al menos por lo visto en su paso por Celta y Sevilla, no sería tan atrevida. Con Bielsa, el Athletic colocaba tres piezas en la franja central. Una ejercía de ancla, próxima a la defensa y con la doble función de cerrar e iniciar la salida del juego. A menudo la pareja de centrales y este hombre ejercían de retén defensivo, por cuanto los laterales tenían la orden de desdoblarse en ataque, uno, el otro o ambos al mismo tiempo. Las dos piezas restantes eran enlaces de los que se valía para progresar hacia el área rival.

Los elegidos para desempeñar dichas funciones fueron, sobre todo, Iturraspe, que desplazó a Javi Martínez a la zaga y se encumbró;De Marcos, con libertad absoluta para ofrecerse por todo el ancho del terreno e irrumpir en carrera al espacio libre, y Ander Herrera, más estático, que recibía al pie y debía aportar lucidez en la distribución. Todos, los medios y los demás jugadores, tenían la obligación de currelar en las marcas, normalmente asignadas individualmente, lo cual aparte de exigir concentración y disciplina a veces generaba desequilibrios patentes. Si alguno se despistaba y no seguía a su par, se generaba un problema.

El plan de Bielsa causó sensación a los dos meses de instaurarse y convirtió al Athletic calculador y previsible de la etapa precedente en un torbellino que enamoraba por su osadía y constancia, pero que también sufría reveses con cierta frecuencia. Montar aquella estructura tuvo gran mérito porque revolucionó el fútbol de los rojiblancos, permitió que casi todos los jugadores diesen el nivel más alto de sus carreras y se tradujo en actuaciones memorables y éxitos que no caerán en el olvido, como la disputa de dos finales en un mismo curso.

No obstante, se trataba de una concepción muy difícil de asentar porque los jugadores iban al límite y cualquier desajuste implicaba complicaciones serias en área propia, que fue lo que sucedió a menudo en la segunda temporada del argentino. A medio o largo plazo el invento de Bielsa estaba abocado a declinar y no solamente por la enorme exigencia que entrañaba. No puede ser casual que Bielsa haya tenido un tránsito efímero por todos los clubes que ha dirigido. En el Athletic le fue muy bien durante el primer año, sin duda porque halló un vestuario receptivo y dócil, así como capaz, de lo contrario hubiese sido inviable el fenómeno futbolístico que despertó a San Mamés y captó la atención del continente.

LA INVOLUCIÓN Disponer de tres medios contribuye a controlar mejor el partido. El origen de las dificultades padecidas por el Athletic en los últimos tiempos tiene que ver con que muchos rivales le ganaban la partida de la zona ancha. Les bastaba con poner un número superior de elementos ahí, distribuidos de diversas formas, para crear superioridad porque enfrente solo había dos centrocampistas específicos, toda vez que el tercero, normalmente Raúl García, estaba muy distanciado, prácticamente era un segundo punta, emparejado con el ariete (Aduriz), mientras los interiores o extremos se pegaban a las bandas, lo cual en muchas fases de los encuentros rompía las conexiones entre líneas. Podría decirse que el Athletic alineaba a cuatro atacantes y lo que se vendía como un 4-2-3-1 derivaba en un 4-2-4.

Este dibujo lastraba al equipo, el juego entre líneas y la elaboración se resentían, además de que los dos centrocampistas no daban abasto sin balón, pues les correspondía cubrir muchos metros cuadrados. Este dibujo se explica porque el Athletic canjeaba la transición por el círculo central por el envío largo, buscando a Aduriz y Raúl García por alto o la velocidad de Williams por el ala derecha. Y es que en inferioridad frente al contrario salir tocando entrañaba sus riesgos. Por otra parte, se entiende que cuando Ernesto Valverde y, con mayor decisión, Ziganda, se decantaron por meter a Iker Muniain por dentro aspiraban a compensar ese déficit de gente que se ofrece para superar líneas combinando en corto.

A la marcha de Marcelo Bielsa, Valverde mantuvo los tres medios y rebajó el atrevimiento de su antecesor con Mikel Rico cerca de Ander Iturraspe y Ander Herrera más adelantado. Una alternativa lógica que equilibraba el conjunto. A raíz del fichaje de Raúl García, este esquema fue cediendo ante la tentación de simplificar el fútbol debido a la enorme producción rematadora del navarro y Aritz Aduriz. Esta pareja cargaba con todo el peso ofensivo y respondía con creces. El Athletic compensaba así sus limitaciones para gobernar los duelos hasta que la fórmula empezó a perder pujanza y afloraron los defectos. Los dos capítulos más recientes de esta historia coinciden con el adiós de Valverde y la llegada de Ziganda. Ahora Eduardo Berizzo tratará de implantar su guión con la esperanza de que el Athletic vuelva a ser competitivo con un centro del campo más sólido. Cuenta para ello con gente suficiente y de calidad.