El factótum de Begoñako Andra Mari

Rosa Mari Oleaga e Ignacio Villota muestran el libro escrito en homenaje a Jesús Oleaga. (Oskar González)

Ignacio Villota y Rosa Mari Oleaga recopilan la vida del conserje que se entregó al trabajo con su eterna sonrisa en el colegio de Magisterio

Un reportaje de Sandra Atutxa - Domingo, 15 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

jesús Oleaga, conserje en el colegio de Magisterio de Begoñako Andra Mari de Derio fue un factótum;suena a palabrota, pero no lo es. Consiguió convertirse en la persona de plena confianza que regalaba su sonrisa a profesores y alumnos y ademas derrochaba amabilidad allá por donde pasaba. “Llegaba el primero y se iba el último sin pedir nada a cambio”, recuerdan quienes no le olvidan. Su vida no fue fácil, pero en sus trece años trabajando en la Escuela de Magisterio Diocesana quienes le conocieron aseguran que siempre estuvo dispuesto a ayudar. Su historia se recoge ahora en un libro Gernika, Estados Unidos, Derio, escrito por Ignacio Villota y por la hija de Jesús, Rosa Mari Oleaga. En el prólogo escrito por Villota, se concreta que Jesús no fue una persona que llevó a cabo cosas maravillosas sino que todo lo que hacía desde su sonrisa perenne su entrega al trabajo, la cordialidad y las muestras de cariño, lo hacía maravillosamente. “Fue una suerte conocerle. No solo le admiramos por lo que hacía, sino por su simpatía y el cariño que nos regaló su presencia en los años que estuvo en el centro”, especifica la publicación.

El pasado día 3 el libro fue presentado en el Museo Bellas Artes de Bilbao en un acto repleto de emociones y al que asistió a sus 94 años el propio protagonista. “Aita se está apagando, pero allí estuvo”, recuerda Rosa Mari. Entre los asistentes no faltaron antiguos alumnos y alumnas como el propio lehendakari Iñigo Urkullu, Lucía Arieta-Araunabeña y Miren Josune Ariztondo, actual directora de la Fundación Bilbao 700. Rosa Mari guarda con cariño una imagen en la que Urkullu cariñosamente agarraba de la mano a Jesús. El paso de los años ha hecho mella en su memoria y cada vez le cuesta más reconocer a las personas. Sin embargo, en ese instante, según relata Rosa Mari, alzó la mirada y dijo: ¡Iñigo! “Fue un momento emocionante, uno de los tantos de un acto al que asistieron muchísimas personas y que no lo olvidaré nunca”, describe, emocionada la hija de Jesús.

Comida en Islares La idea de escribir un libro sobre Jesús Oleaga surgió entorno a una comida en Islares. Y es que, aunque Jesús no fue ni un ilustre, ni un hombre de política, ni un científico, su paso por el centro de Derio marcó la vida de muchas personas, entre ellas la de Ignacio Villota y Txelis Beltrán. “Estuvimos recordando lo que había supuesto Jesús en el centro. Hablamos de su personalidad, de sus dichos y de repente me interrumpió Txelis.... ¿Por qué no escribes sobre todo esto?”. Dicho y hecho. Ignacio Villota recogió el guante y decidió ponerlo en marcha, pero necesitaba una cómplice, alguien cercano que le ayudase a recopilar imágenes y que conociera de cerca a Jesús. Y ahí estaba su hija. La ayuda de Rosa Mari ha sido fundamental para dar forma a un sueño que quedará para siempre recogido en 105 páginas. “Cuando me llamó Ignacio ni me lo creía. No daba crédito”, cuenta. Rosa Mari reconoce que al principio le costó ponerse a escribir, crear una historia le parecía complicado. Sin embargo, Villota se lo puso fácil. “Fue leer el prólogo y no sé qué me pasó. Me emocioné muchísimo. No sabía que la gente quería y apreciaba tanto a mi padre”, explica. A partir de ahí Rosa Mari empezó a recopilar imágenes, se reunió con personas de su niñez en Gernika y consiguió así el máximo de material que les sirviese para dar a luz a la publicación. “Mi padre es maravilloso, pero gracias a este libro he descubierto muchas cosas de él que no sabía”, indica. Ambos han formado el binomio literario perfecto para plasmar la vida de una persona que mereció la pena conocer.

En Estados Unidos El libro está dividido en cuatro partes. La primera se centra en su persona, la segunda en su etapa en Gernika (infancia, adolescencia, años de trabajo);la tercera, recoge su largo periplo por Estados Unidos donde estuvo empleado en un rancho como ganadero, y la última es la que cuenta sus años en la escuela de Magisterio.

La publicación también recoge pasajes e historias de propio centro, la transformación de la escuela universitaria y sobre el profesorado que trabajó en la entidad, personal no docente y alumnado. “Por Derio pasaron buenos profesores y compañeros”, explica Villota. En las páginas del libro nombra a cada uno de los profesionales que impartieron clases y docencia.

Villota dedica unas cariñosas palabras a Miren Josune Ariztondo, a la que él describe como una mujer organizada, con gran sensibilidad humanista y artística. “Una excelente profesora de Química y gran persona”, dice.

Del alumnado recoge también una amplia lista de personas que pasaron por el centro vizcaino. Entre las anécdotas, el autor recuerda cuando alrededor de la fiesta de jubilación de Jesús Oleaga, la actual diputada de cultura, entonces alumna, Lorea Bilbao, le quiso sacar a bailar. “Yo me quería morir”, recuerda. Entre los jóvenes también dejaron su impronta en el centro Miren Agur Meabe, una mujer sin vocación de maestra pero, sin embargo, su vida profesional ha sido consecuencia de aquel paso. Villota fue profesor también del actual lehendakari, Iñigo Urkullu, a quien le conoció en el colegio seminario como alumno. “Tengo buenos recuerdos de aquella época”, concluye.

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