Historias de... el aeropuerto de loiu

Medio siglo de amor en Oxford

Ruth y Lorenzo parten del aeropuerto de Loiu hacia Inglaterra, donde van a instalarse durante cinco días, con sus hijos y sobrinas para asistir a las bodas de oro de sus tíos

Por Aner Gondra Fotografía de Borja López - Domingo, 15 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

El hall del aeropuerto de Loiu es un hervidero. Apenas ha arrancado la jornada y el bullicio de los presentes ya es un zumbido de fondo que amuebla la estancia. El recibidor, diáfano, se ha convertido en una pulida pista de patinaje por la que se cruzan sin chocar las idas y venidas de un surtido muestrario de viajeros. Turistas de todos los rincones del globo y vizcainos que se las prometen felices en su huida de la rutina. Decenas de almas migratorias levantan la mirada hacia los paneles de información en busca de la puerta que les llevará a la aventura. Otros se asoman a los mostradores de las compañías aéreas con el afán de encontrar un billete a cualquier parte. Unos lejos, muy lejos. Otros cerca, a tan solo un pequeño salto de aeroplano. A veces el destino es lo de menos. En otras ocasiones no, el destino es especial. En una gruesa cola de facturación se intuye un alborotado corro. Se trata de la familia Mendieta-Ruiz. Para ellos el destino sí es importante. Una bonita historia de amor los hará despegar.

Dos adultos, cuatro adolescentes, seis maletas gigantes que hacen pensar que la estancia fuera será cercana al mes de duración y un carro de ilusión por pisar las tierras gobernadas con puño firme por Su Graciosa Majestad. “Vamos a Londres, para cinco días”, explica Lorenzo Mendieta, “vamos a un evento familiar, ya que se cumplen los cincuenta años de casados de mis tíos: John y Poli”. Así que Lorenzo aguarda ante el mostrador de facturación junto a su mujer, Ruth, sus dos hijos, Javier y Alberto, y sus dos sobrinas, Carmen y Jimena Moreno. En sus caras, pese a que han madrugado lo suyo para llegar con suficiente antelación al aeropuerto, lucen unas sonrisas de oreja a oreja, de esas que solo se sacan de exposición en los primeros pasos de una aventura prometedora. En la expedición es palpable la prisa por despegar.

De hecho, las bodas de oro a las que asiste esta familia no se celebran en Londres, sino en Oxford, localidad situada a dos horas en coche de la capital inglesa. Este aspecto parece fastidiar un poco a Alberto, uno de los hijos de Lorenzo y Ruth, que farfulla por lo bajo: “No creo que vayamos a ver mucho de Londres, estaremos solo de paso”. Ruth se encarga de levantar el ánimo con rapidez: “Ya hemos estado antes en Londres y ya lo conocen bien”. Así que menos dramas, Alberto.

De todos modos, mientras llega la hora de pasar los controles de seguridad y buscar la puerta de embarque, Ruth se permite pasear mentalmente por una ciudad, la londinense, que le cautiva. “A mí me encanta la noria de Londres”, señala, “me encanta toda la zona de la abadía con el parlamento… Creo que es una ciudad preciosa que merece la pena recorrer para conocerla a fondo”. Como experta en Londres, lanza un consejo para quien lo quiera atrapar: “Recomiendo coger un autobús, turístico o de línea, y ver hasta dónde llegas por sus calles, porque es una ciudad preciosa”.

Estos seis viajeros que despegan desde Loiu son los únicos que acudirán al enlace desde este lado del Golfo de Bizkaia, “el resto son invitados ingleses”. La fiesta promete, Lorenzo asegura que se espera que en los festejos participen entre cuarenta y cincuenta invitados.

Para interactuar debidamente con ellos es de esperar que los Mendieta-Ruiz viajen con un buen nivel de inglés, pero parece que algún miembro de la familia ha tenido algún problemilla reciente con la lengua de Shakespeare. “Mejor no preguntes...”, murmura Lorenzo apenado. “Eso es”, prosigue Ruth, “mejor decimos pasapalabra, porque alguno nos ha suspendido inglés este año”. Mientras a su hermano y a sus primas se les escapa la risa floja, Alberto silba mirando al techo de la Paloma a la vez que pone cara de estar pensando si hay tigres en África.