se retrotrae a 1890

Pobeña antes de la industria

El pequeño núcleo muskiztarra se engalanó ayer para representar el modo de vida tradicional previo a la irrupción de las grandes explotaciones mineras, que trajeron consigo nuevos retos para los vecinos

Un reportaje de Emilio Zunzunegi - Lunes, 16 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

aYER fue un gran día para la historia del pequeño núcleo de Pobeña, que vio cómo la décima edición de la jornada de recreación de la vida tradicional de este rincón muskiztarra a finales del siglo XIX fue admirada por cientos de personas. Los asistentes pudieron hacerse una idea fidedigna de la relación secular que los pobeñeses mantenían con la agricultura y la ganadería, el aprovechamiento comunal de los montes de hierro y el transporte de bienes mediante cabotaje. Una realidad socioeconómica que se complementaba con el importante papel que siempre tuvieron las pobeñesas con el desempeño de la tareas del cuidado del hogar y oficios hoy casi olvidados, como las lavanderas o las hilanderas. Por ello, Pobeña lució también diversos puestos como la abacería de Amparo, un aprisco con diferentes animales de granja que cautivaron a los más pequeños visitantes o la taberna donde se solazaban los habitantes después de una ardua jornada de trabajo. Alguno de ellos tan duros como la fragua o la herrería no pararon en toda la mañana de trabajar el hierro de Somorrostro, la famosa vena.

Tampoco faltaron a la cita historicista el notario de la localidad y un nutrido grupo de mujeres que, al reclamo de la Sociedad Punto Lucero de Zierbena, practicaron el bolo a katxete en recuerdo del carrejo con el que contó Pobeña.

“La extracción industrial y el lavado del mineral de hierro en esta zona entre 1880 y 1890 trajeron consigo la alteración y contaminación de la práctica totalidad de los cursos de agua, lo que derivó en la actuación de la Diputación Foral de Bizkaia y de los ayuntamientos para construir un gran número de lavaderos públicos y fuentes que tenían unas normas muy exigentes para su uso”, relató Ricardo Santamaría a un numeroso grupo de personas que con anterioridad habían participado en una visita guiada que se desarrolló por la zona de los lavaderos de Campomar y por el ya desparecido cargadero de Pobeña.

Carreta La salida comenzó poco después de las 9.30 horas al tiempo que llegaba a Pobeña una carreta de bueyes cargada de mineral que se convirtió a lo largo de la jornada en el nexo de unión de todos los escenarios, “recordando cómo toda la vida giraba en torno a la extracción tradicional del mineral de hierro y su transporte hasta las rentarías”. Allí era almacenado a la espera de la llegada de los barcos venaqueros”, destacó Santamaría.

En esta nueva edición de Pobeña 1890, fueron cerca de cien las personas de este núcleo muskiztarra las que se caracterizaron para mostrar, a visitantes y descendientes de estas generaciones cómo era la vida antes de la llegada de las diferentes compañías extranjeras y de la explotación industrial del mineral de hierro. Una de las representaciones más vitoreadas a lo largo de la calurosa mañana fue el monjamóvilen el que dos vecinas caracterizadas de monjas a bordo de un híbrido de bicicleta y silla de ruedas se pasearon arriba y abajo por el recinto festivo. NO faltó en la cita una demostración de los aizkolaris mineros Natxo Landeta, Santi Monreal y Ramón Aguirre. Otro de los escenarios que atrajo a numeroso público fue el de las hilanderas que dirigían con mano experta las barakaldarras hermanas Montalbán, que ya el año pasado lograron animar a varias mujeres de Pobeña para que no se pierda esta labor tradicional de la elaboración del hilo de lana para la confección de diferentes prendas de vestir.

En esta décima edición de Pobeña 1890, otra de las apuestas de los organizadores para esta fiesta pasaba por potenciar la gastronomía en forma de pintxos -con la puesta en marcha del primer concurso de pintxo minero a base de patata cocida, sal, pimentón picante y aceite- y de las rosquillas con las que agasajaron a los visitantes. La cita sirvió, además, para reconocer a dos vecinos ilustres de Pobeña: Begoña López e Iñaki Jaka y a las asociaciones de bateleros de Plentzia y la de Txikiteros de Muskiz, que ayer animaron con sus melodías una jornada de nostalgia y aprendizaje que devolvió a los pobeñeses a los años finales del siglo XIX.