victoria de ayer ante croacia

Monsieur Didier Deschamps

El seleccionador francés se convierte en la tercera persona en la historia que consigue un mundial como jugador y otro como entrenador

Nagore Marcos - Lunes, 16 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

bilbao - Es el padre de la victoria. Es el hombre de las estrellas en el pecho. El capitán de los dos títulos mundiales que atesora Francia. Es Didier Deschamps y ha entrado por la puerta grande en el Olimpo del fútbol. Y es que ayer, con la victoria de la selección gala ante una Croacia que quizá mereció más, el técnico de Baiona se convirtió en el tercer hombre de la historia -junto a los legendarios Mario Zagallo y Franz Beckenbauer- en ganar un Mundial primero como jugador y después conseguir otro como entrenador. Porque en 1998, les bleus levantaron el trofeo dorado en el parisino Saint Denis, en casa y ante su afición, tras superar cómodamente a Brasil en la final (0-3). Ese fue el Mundial de un tal Zinedine Zidane, que con un doblete ante la canarinha se convirtió en el héroe del partido. Pero detrás del exentrenador del Real Madrid, guardando las espaldas a todo el equipo, se encontraba siempre Deschamps. Un incombustible volante defensivo que lucía con orgullo el brazalete. Un expelotari bueno, pero no espectacular, que afortunadamente se decidió por el fútbol para mantener, cada verano, un idilio platónico con el Athletic. Amor que nunca cuajaría. Didier fue ese jugador que aquel 12 de julio alzó con un grito de euforia el que sería el único Mundial de Francia hasta el momento. Era el más alto en el podio de ganadores, el primero que tocó el dorado. Ese era el privilegio que obtenía por ser capitán, por ser el líder sobre el campo del primer combinado galo que conseguía coserse una estrella en el pecho.

Sin embargo, dos décadas y tres días después, justo ayer, en el ruso Luzhniki, Deschamps no saltó al verde, sino que se sentó en el banquillo francés. Era el seleccionador de una brillante selección que acudía a la final como clara favorita. Por nombre y por equipo. Esta copa era una exigencia para él después de la Eurocopa de 2016 en la que su equipo falló en el Estadio de Francia, en el último partido, ante Portugal y en el 109 de la prórroga. Quería resarcirse. Debía resarcirse. Y lo hizo. A lo grande. Con ese carácter indomable que ha mantenido tras colgar las botas. Cierto es que Mandzukic le puso el camino fácil con su gol en propia puerta, pero después Antoine Griezmann, Paul Pogba y Kylian Mbappé rubricaron la hazaña para que, 20 años después, Deschamps volviera a abrazar la historia. A protagonizar las dos máximas victorias de les bleus. Así, el nombre del seleccionador de Baiona se ha tatuado con letras gigantes en la historia y su pueblo, aquel que todavía se encuentra en las calles de París celebrando su segundo Mundial, ya le ha bautizado como el “padre de la victoria”. De esta forma, de un plumazo, el técnico galo se ha cargado todo los rumores que le sacaban de la selección, con la que tiene contrato hasta 2020, en favor de un Zidane que sorprendió a medio mundo con su salida del Real Madrid. Deschamps tiene cuerda, y fuerza, para rato.

El joven Mbappé Ayer, Deschamps, nada más convertirse en la tercera persona que consigue un Mundial como jugador y entrenador, saltó al campo a abrazar a Mbappé. El joven jugador del PSG, de apenas 19 años, ni siquiera había nacido cuando su entrenador levantó la primera copa dorada de Francia;pero se antojó primordial en el esquema del equipo que consiguió la segunda. Con un brillante partido ante Argentina, Mbappé apareció de lleno en el escenario del fútbol y, después, con un trabajo más de oficina, pero siempre demostrando su velocidad y efectividad goleadora, se ganó por méritos propios el premio al mejor joven del torneo. El comienzo de un futuro que en Francia esperan que sea muy brillante. Tanto, que en el Stade de France, en el centro de París, un cartel gigante se ilumina en medio de la noche y reza: “El 98 fue un gran año para el fútbol francés: nació Kylian”.

Por otro lado, el croata Luka Modric, centrocampista del Real Madrid, fue galardonado con el Balón de Oro al mejor jugador del Mundial;Thibaut Courtois fue designado como el mejor portero;el inglés Harry Kane se llevó la bota de oro por sus seis tantos y España se tuvo que conformar con el premio al juego limpio.