Mesa de Redacción

En un lugar del Baztan

Asier Diez Mon - Lunes, 16 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

eL último molinero de La Mancha organizó el año pasado una visita al último molino del Baztan, el de Amaiur. Juan subió a un autobús rumbo a Nafarroa a los jubilados de su pueblo y allí se encontraron con José Mari, que explica con gracia y energía el funcionamiento técnico y comercial del negocio. Sin saber que entre los visitantes había un representante del gremio, José Mari relató algunas de las artes con las que los molineros desviaban parte del cereal molido. Pequeñas cantidades que sumaban una fortuna encargo tras encargo. Los vecinos reprocharon a Juan sus presuntos robos, los de sus ancestros y los de todos los molineros. Pero él no acusó ese golpe. Pensó tal vez que agua pasada no mueve molino y que los gajes del oficio son inexorables. Sin embargo, Juan se quedó blanco cuando José Mari explicó el sistema que usó durante décadas la familia del molino de Amaiur para detectar cuándo se acababa la faena. Una alarma muy simple. Una cuerda con una mazorca atada a un extremo y una campana, al otro. La mazorca se colocaba dentro de la tolva y la campana fuera. Cuando casi no quedaba grano, la mazorca caía y sonaba la campana. Un mecanismo que permitía al molinero atender otras obligaciones o dormir la siesta. La palidez de Juan al escuchar la anécdota llamó la atención de José Mari, que le preguntó si se encontraba bien. "“¿Sabes cuántas horas he pasado vigilando el grano de la tolva desde que tenía 7 años? Qué gilipollas he sido”", respondió abrumado.

Secciones