Izagirre, con la miel en los labios

de menos a más, fue segundo en una etapa en la que fue liberado de la tarea de ayudar a nibali, su jefe de equipo

Un reportaje de Mikel Reina - Miércoles, 18 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

nO pudo ser. Ion Izagirre se quedó, como él bien describió, “con la miel en los sabios” en la primera etapa de alta montaña del Tour de Francia. Lo intentó, pero no pudo hacer nada ante la exhibición de Julian Alaphilippe. El guipuzcoano debe ser la mano derecha de Vincenzo Nibali, pero aprovechó por un día la oportunidad para brillar con luz propia.

El ciclista de Ormaiztegi cruzó la línea de meta de Le Grand Bornard en segunda posición, a 1.34 del ganador francés. A pesar de acudir a la Grande Boucle con la misión de respaldar a su jefe de filas, el vasco quiso su parte de protagonismo. La etapa 10, la primera del tríptico de los Alpes, estaba diseñada para el pequeño de los Izagirre. El recorrido era un continuo sube y baja con puertos duros y bajadas técnicas. Un caramelo para el corredor vasco. El ciclista del Bahrain consiguió entrar en la poblada fuga del día en la que se colaron grandes nombres del pelotón, como el maillot amarillo Greg Van Avermaet y el verde Peter Sagan. Mucho gallo para un solo corral. “Había opción de tirar para adelante porque se ha metido mucha gente en la fuga. Nos hemos filtrado ahí. La escapada buena sabíamos que se iba a formar en los dos últimos puertos, pero ha sido una pena”, afirmó.

Izagirre fue de menos a más en la etapa. Sufrió mucho en la ascensión de la Romme, el puerto previo al Colombiére: “No esperaba quedarme tan lejos, he pasado un mal momento, entré en crisis y no iba nada bien”. Aunque aguantó, a cola de pelotón y haciendo la goma, pero no se desenganchó. Recuperó sensaciones en la bajada para afrontar la última cota, pero era demasiado tarde. “Luego le he podido dar un poco la vuelta, pero Alaphilippe estaba muy lejos”, lamentó el ormaiztegiarra. Lo intentó. Sin embargo, el francés no echó su brazo a torcer y completó su exhibición.

Ion Izagirre obtuvo su victoria más prestigiosa en una jornada de perfil parecido en el Tour de 2016. En la penúltima etapa de aquella edición tuvo que hacer frente al exigente Col de Joux Plane para luego descender rápidamente y alzar los brazos por delante de Pantano. De hecho, después del vasco llegaron el vencedor de ayer, Alaphilippe, y su actual líder de filas, Nibali.

Aquel día, Izagirre también tuvo que subir el Colombiére, pero fue la segunda ascensión del recorrido, mientras que ayer fue la última. El guipuzcoano tiene claro cuál es su papel en este Tour de Francia, aunque no descarta aventurarse en alguna otra escapada. “La idea es que Nibali esté en lo más alto del podio, pero sí es verdad que se pueden dar opciones de este tipo”, advirtió tras su primera intentona. El corredor del equipo Bahrain está completando buena temporada, con un día como el de ayer, con el tercer puesto en la Euskal Herriko Itzulia o el cuarto lugar en el Tour de Romandia. Acudió a la ronda gala en buen estado de forma tras subirse al tercer cajón del podio en un Campeonato de España de Contrarreloj que ganó el getxoztarra Jonathan Castroviejo.