Tour de Francia

Nadie molesta al Sky

Chris Froome y su equipo, el Sky, dominaron la etapa y ninguno de sus rivales se atrevió a rebelarse contra el británico en la jornada inaugural de los Alpes.Foto: Afp

Alaphilippe firma un recital en la primera jornada alpina y evita el triunfo de Ion Izagirre en un día que el equipo de chris froome maneja a su antojo

César Ortuzar - Miércoles, 18 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Bilbao - En Plateau des Glières, una montaña en medio de las montañas de los Alpes, se honraba a los héroes que se negaron a claudicar ante los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La resistencia francesa empleó la cumbre alpina para el contrabando de armas y así poder combatir con valor, fiereza y un grado de locura a Hitler. Con la misma determinación con la que la resistencia peleó en cada baldosa por liberar Francia de las garras del nazismo, se aventuró Julian Alaphilippe en el nacimiento de los Alpes en el Tour. El corredor francés, una de las banderas del ciclismo galo, elevó el estandarte de la valentía en una misión de aspecto suicida que le llevó a la gloria en Le Grand Bornand. Se consagró Alaphilippe, que bordó una actuación colosal, majestuosa, solo al alcance de los locos apasionados a los que no les asusta el mañana. “Siento mucha emoción, ganar en el Tour no es fácil. Lo he conseguido, además de esta manera, en solitario y con tiempo de disfrutarlo. No tengo las palabras, estoy pensando en mi familia”, enfatizó Alaphilippe.

La dicha la escribió el pizpireto francés con la bella caligrafía de los osados. Lo hizo por delante de Ion Izagirre, fantástico, segundo tras convivir mucho trecho de la jornada con Alaphilippe. “Me he quedado con la miel en los labios”, dijo el de Ormaiztegi ante el inalcanzable Alaphilippe en un día en el que los favoritos se midieron tanto que no se movieron, aunque Mikel Landa, bien cobijado, continuó su escalada. El de Murgia es octavo en la general del planeta Chris Froome. El británico no es líder, porque Greg Van Avermaet en fuga, resistió, pero es el emperador y maneja la carrera a su antojo, con el joystickde julio. “Con el ritmo que han marcado los Sky no le han quedado a nadie ganas de probar para romper el grupo”, expuso Landa arrugando los hombros, aún marcado por la caída en Roubaix. En el primer bocado alpino nadie quiso tomar riesgos ante las posibles represalias del Sky. “Cuando ves a tres o cuatro de sus hombres junto a Chris Froome impone mucho porque cualquiera de ellos puede dar un relevo”, radiografío Landa, que ahora corre para asaltar el cielo, donde reposa el trono de Froome, el del Tour. “Estando allí disfrutas de esa superioridad, pero ahora se ve de otra manera”, analizó el alavés, consciente del reto que supone descarrilar al Sky. No había catapulta para elevarse sobre Froome en los primeros Alpes. Anudados el Croix Fry, Plateu des Glières, Romme y la Colombière.

Alaphilippe, que es eléctrico, luminoso y burbujeante, heredero del estilo Voeckler aunque menos histriónico, se impuso con los muelles de su clase. El galo rompió el molde con el convencimiento de los que nada tienen que perder. No le tembló el pulso a Alaphilippe para llenar el petate de ilusión y largarse a la aventura convencido de que el mundo es de los valientes. Lo suyo fue un viaje de autoestima y un recordatorio al ciclismo viejo, al de las hazañas y relatos épicos que han tallado la memoria colectiva.

Alaphilippe, un ciclista moderno, abrió su historia con el Tour con una gesta antigua. Corrió a dos tintas: blanco y negro. De esos colores viste el Sky, que es el de siempre, con ese esmoquin blanco que asusta porque es el uniforme de campaña. El pelotón de Froome gestionó la etapa con el mando a distancia. Prietas las filas. Nadie osó en molestar al británico, que encendió el ventilador y ahogó a Urán, asfixiado. El colombiano no dispone la armadura del pasado año.

Alaphilippe, que en sus año mozos vistió el uniforme militar, el de la Armé de Terre, el equipo marcial que licenció a muchos ciclistas, pisó con la fuerza de la bota del militar. Así inició la larga marcha, dispuesto a lo imposible. Al principio estuvo acompañado por un buen puñado de soldados, hermanados cuando la etapa estiraba las piernas y el paisaje ofrecía metralla en lontananza. Alaphilippe era el único viento de batalla en una montaña donde aún regía el pacto de no agresión del brote alpino y las piernas infinitas de Jonathan Castroviejo, al comando del Sky. Después del barbecho y el descanso del lunes el zafarrancho era un lago, aunque en la neutralizada una montonera afectó a Mikel Landa, aún herido, que se fue al suelo. El de Murgia se puso de pie y lanzó un suspiro al aire. “Después de Roubaix y el día de descanso, y viniendo de una caída, creo que era mejor no arriesgar y salvar el día. Al final me dolía un poco la espalda, pero pienso que es lo normal tras un golpe así;físicamente estoy bien”, certificó en Le Grand Bornand, donde esprintaron los favoritos, más por orgullo que por rentabilidad.

izagirre no se rinde Los fugados, entre ellos, Ion Izagirre, Van Avermaet o Rein Taaramae además del instigador Alaphilippe, silbaban su dicha y los favoritos median cada gota de sudor frente al viento, malencarado, frontal. El Sky chasqueaba los dedos y bamboleaba los hombros con esa pléyade de estrellas al servicio de Froome. Al británico solo se le perló la frente cuando pinchó en el tramo de tierra que estiraba el descenso de Plateu des Glières, la cumbre inédita del Tour. Castroviejo fue su ángel de la guarda. Mecánico. El getxotarra le prestó la rueda. Froome se apresuró y el ordeno y mando de la formación británica continuó como en todos los julios de los últimos años. En bucle. Castroviejo se comió él solo el Romme;Kwiatkowski y Poels la Colombière. El resto de favoritos no asomaba. Quietos. Paralizados. “El Sky impuso un ritmo muy fuerte y el viento pegaba de cara, por lo que todos los que íbamos en el grupo desistimos de la idea de atacar”, concretó Dumoulin. Amordazados los rivales de Froome, Izagirre echo el resto, pero se le escurrió el valiente Alaphilippe.

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